China abandona la fase experimental de su programa de portaviones y avanza hacia una flota capaz de desafiar a Estados Unidos en el Pacífico. Con el Fujian, tercer buque de este tipo ya en servicio, Pekín abre una nueva etapa en la modernización de su Armada y todo un desafío para el Departamento de Defensa estadounidense.
Así lo refleja un informe del Pentágono que calcula que China podría sumar otros seis portaviones antes de 2035, hasta alcanzar nueve unidades. Aunque se trata de una estimación propia y no de un calendario oficial publicado por las autoridades chinas, el hecho no deja de causar preocupación en la Administración Trump.
Estados Unidos conserva una ventaja evidente gracias a sus once portaviones de propulsión nuclear, su experiencia operativa y su red logística global. Sin embargo, el crecimiento de la Armada china plantea un reto regional. Pekín puede concentrar la mayor parte de sus grupos de combate en el Pacífico occidental, mientras Washington debe repartir sus portaviones entre despliegues en distintas zonas del mundo, periodos de mantenimiento y diversos ciclos de adiestramiento.
La entrada en servicio del Fujian, el pasado 5 de noviembre de 2025, supuso todo un salto tecnológico para la Armada del Ejército Popular de Liberación. Es el primer portaviones chino equipado con catapultas electromagnéticas, una capacidad que permite operar aeronaves más pesadas y ampliar significativamente las posibilidades de su ala aérea embarcada.
Poco después de su incorporación, el Ministerio de Defensa chino anunció el inicio de sus primeros ejercicios de combate en el mar. Según los medios estatales, el buque avanzará hacia su plena capacidad operativa durante 2026, aunque la creación de un grupo aéreo embarcado y de un grupo de combate completamente operativo requerirá todavía más tiempo.
El Fujian representa la evolución de un programa que comenzó en 2012 con el Liaoning, reconstruido a partir de un antiguo casco soviético, y continuó en 2019 con el Shandong, el primer portaviones construido íntegramente por la industria naval china.
Según el Pentágono, su futura ala aérea podría estar compuesta por cazas furtivos J-35, cazas J-15T, aviones de guerra electrónica J-15D, aeronaves de alerta temprana KJ-600, helicópteros y sistemas no tripulados. Esta combinación ampliaría significativamente las capacidades de vigilancia, guerra electrónica y mando y control respecto a los dos portaviones anteriores.
No obstante, disponer de la plataforma no garantiza por sí solo su eficacia militar. La verdadera capacidad de un portaviones depende de pilotos, personal de cubierta, equipos de mantenimiento, escoltas, buques logísticos y una experiencia operativa adquirida mediante ejercicios continuados y despliegues complejos.
Rearme marítimo chino
El programa de portaviones se apoya en una potente base industrial. Según el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), los astilleros chinos produjeron más de la mitad de la construcción naval comercial mundial en 2024 y muchos de ellos trabajan simultáneamente para clientes civiles y militares.
El astillero de Jiangnan, responsable de la construcción del Fujian, fabrica también buques mercantes y modernos combatientes de superficie.
Aunque la construcción de un portaviones exige tecnologías mucho más complejas que las de un barco comercial, China dispone de grandes instalaciones industriales, una amplia red de suministradores y una mano de obra especializada que favorecen el desarrollo de este programa.
Pekín todavía no ha confirmado las características de su cuarto portaviones. Un vídeo promocional difundido por la Armada china en abril fue interpretado por algunos analistas como una posible referencia a un futuro buque de propulsión nuclear, aunque Reuters señaló que las imágenes no constituyen una prueba de que ese proyecto haya alcanzado una fase concreta de desarrollo.
Presionar a Taiwán
La supuesta flota de nueve portaviones seguiría siendo menos experimentada que la estadounidense, pero permitiría a China mantener simultáneamente varios grupos de combate disponibles para operaciones cerca de Taiwán, el mar de China Oriental y el mar de China Meridional.
Su proximidad al territorio continental constituye además una ventaja estratégica. Los portaviones chinos pueden operar bajo la cobertura de la aviación basada en tierra, sistemas de misiles, redes de vigilancia, puertos e instalaciones de mantenimiento, mientras los grupos aeronavales estadounidenses deben recorrer largas distancias y sostener complejas cadenas logísticas para desplegarse en la región.
Submarino Tipo 093B de China
La Armada china ya comenzó a entrenar operaciones con varios portaaviones antes incluso de la entrada en servicio del Fujian. En 2024, el Liaoning y el Shandong realizaron su primer ejercicio conjunto, una capacidad que previsiblemente se ampliará con la incorporación de nuevas unidades.
El reto para Washington
El principal problema para Estados Unidos no radica en la superioridad tecnológica de sus portaaviones, sino en la velocidad con la que puede reemplazarlos.
La Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO) calcula que los portaviones de la clase Nimitz requerían entre siete y ocho años de construcción, mientras que los actuales de la clase Ford necesitan entre diez y once años.
Además, Estados Unidos depende exclusivamente del astillero Newport News Shipbuilding para fabricar portaviones de propulsión nuclear, lo que limita el ritmo de renovación de la flota.
Junto a todo eso, los periodos de mantenimiento y los despliegues globales impiden que los once portaviones estadounidenses estén disponibles simultáneamente en el Pacífico. Al mismo tiempo, China puede complementar sus grupos aeronavales con misiles y aviación basados en tierra para dificultar la aproximación de las fuerzas navales estadounidenses.
Grupo de ataque
Cada nuevo portaviones necesita destructores, fragatas, submarinos, buques logísticos, aeronaves y tripulaciones entrenadas para constituir un grupo de combate eficaz. Pekín está ampliando de forma paralela todas esas capacidades para respaldar su creciente flota.
El objetivo de alcanzar nueve portaviones antes de 2035 podría retrasarse debido al elevado coste del programa, a los desafíos tecnológicos asociados a una futura propulsión nuclear y a la limitada experiencia china en operaciones aeronavales de gran escala.
Sin embargo, la evolución de la Armada china durante la última década refleja un cambio de dimensión. De un único portaviones reconstruido en 2012 ha pasado a disponer de tres unidades en servicio y, según las previsiones del Pentágono, aspira a contar con una flota de nueve portaviones en la próxima década.
Incluso si finalmente se queda por debajo de esa cifra, una fuerza de cinco o seis portaviones plenamente operativos bastaría para aumentar la presión militar sobre el Pacífico occidental y obligar a Estados Unidos a dedicar más recursos para mantener el equilibrio naval en la región.
