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Las claves

Las defensas aéreas ucranianas lograron esta madrugada interceptar cinco de los ocho misiles balísticos Iskander-M y S-400 lanzados por Rusia contra su territorio, según el parte oficial difundido por la Fuerza Aérea de Ucrania.

El resultado rompe una preocupante racha de tres ataques consecutivos en los que Moscú había conseguido que todos sus misiles balísticos alcanzaran sus objetivos, aunque también pone de relieve que Kiev continúa afrontando una grave escasez de interceptores Patriot, esenciales para neutralizar este tipo de amenazas.

Los tres bombardeos precedentes, llevados a cabo este mismo mes, evidenciaron las limitaciones de la defensa antiaérea ucraniana frente a los ataques balísticos rusos. En ninguno de ellos las fuerzas ucranianas consiguieron derribar un solo misil, lo que permitió a Rusia alcanzar numerosas instalaciones de la industria de defensa y causar decenas de muertos, especialmente en Kiev.

La recuperación parcial de la capacidad de interceptación coincide con una intensa ofensiva diplomática de Ucrania para garantizar el suministro de misiles PAC-3 destinados a los sistemas Patriot, de los que depende para hacer frente a los misiles balísticos rusos.

El déficit de estos interceptores se ha convertido en una de las principales vulnerabilidades de la defensa aérea ucraniana a medida que Moscú incrementa el empleo de este tipo de armamento en sus ataques.

En este contexto, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, firmó este lunes en París un acuerdo junto a otros nueve países europeos, encabezados por Alemania, Francia y el Reino Unido, para desarrollar un sistema europeo de defensa antimisiles que reduzca la dependencia del Patriot estadounidense. El objetivo de la iniciativa es disponer de una capacidad propia en un plazo aproximado de un año.

A esta estrategia se suma la autorización concedida por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para que Ucrania pueda fabricar interceptores destinados a los sistemas Patriot, así como las licencias necesarias para producir los sistemas franceses de defensa aérea SAMP/T.

Ambas medidas buscan reforzar la autonomía industrial de Kiev en uno de los ámbitos más sensibles de la guerra: la protección frente a los misiles balísticos.

Según la Fuerza Aérea ucraniana, Rusia lanzó durante la madrugada ocho misiles balísticos, dos misiles guiados aire-superficie Kh-59 y Kh-69 y un total de 135 drones. Las defensas consiguieron derribar cinco de los misiles balísticos, mientras que uno de ellos y 25 drones impactaron en 17 localizaciones cuyo emplazamiento no fue precisado por las autoridades ucranianas.

Tras el ataque, Zelenski informó de que al menos siete personas resultaron heridas en la región de Járkov y otras tres en la de Cherníguiv. Según explicó, los bombardeos alcanzaron edificios residenciales, una gasolinera, infraestructuras ferroviarias y eléctricas, una escuela y otras infraestructuras críticas repartidas por distintas zonas del país.

Por su parte, el Ministerio de Defensa ruso aseguró que la operación tuvo como objetivo una fábrica de componentes para los misiles de crucero ucranianos Neptuno, además de otras instalaciones de la industria militar ucraniana.

El episodio refleja el creciente peso que ha adquirido la defensa antimisiles en la guerra de Ucrania. Mientras Rusia mantiene la presión con ataques combinados de misiles balísticos, misiles guiados y drones, Kiev trata de reforzar tanto sus existencias de interceptores como su capacidad industrial para reducir su dependencia exterior y sostener la protección de sus infraestructuras críticas.