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Las claves

El Gobierno ruso, en un giro estratégico inesperado, ha optado por que sus Fuerzas Aeroespaciales comiencen a recibir aviones de combate Su-35 a un ritmo significativamente menor durante los años 2026 y 2027.

Esta medida no responde a fallos logísticos o debilidades estructurales, sino a una decisión deliberada del Kremlin: concentrar la capacidad de producción de la Planta de Aviación de Komsomolsk del Amur, en la Siberia Oriental, para satisfacer los masivos pedidos de exportación de la República Islámica de Irán.

A principios de julio, se confirmó que las instalaciones fabriles completaron con éxito la producción de la primera tanda de 20 cazas destinados a la Fuerza Aérea Iraní. Sin embargo, el esfuerzo industrial está lejos de concluir, ya que Teherán ha encargado 28 aparatos adicionales.

Este nuevo lote permitirá al régimen de los Ayatolás consolidar una flota total de 48 unidades del Su-35, un salto cualitativo sin precedentes para sus capacidades de defensa aérea.

Para comprender la magnitud de este desvío de recursos, es necesario observar la evolución de la infraestructura manufacturera rusa. Antes de 2022 -es decir, previo a la guerra de Ucrania- la industria aeronáutica del país promediaba una capacidad de producción de apenas 14 de estos cazas al año.

Consciente de las crecientes demandas globales y domésticas, el director general de la Corporación Aeronáutica Unida, Vadim Badekha, anunció, en mayo de 2025, el inicio de profundas reformas estructurales para expandir estas líneas de montaje.

La planta de Komsomolsk del Amur ha tenido que ser reconfigurada por completo a través de la introducción de turnos laborales adicionales, una fuerte inversión en maquinaria de última generación y la ampliación masiva de su plantilla de ingenieros y operarios.

Caza Su-35 ruso Sputnik

Los funcionarios del Kremlin han utilizado de manera recurrente este auge industrial como una prueba fehaciente de la resiliencia de su economía.

Desde la perspectiva de Moscú, la capacidad para sostener de forma simultánea las adquisiciones nacionales y cumplir con pesados compromisos de exportación demuestra el fracaso de los intentos de aislamiento financiero implementados por Occidente.

Sin embargo, la irrupción de Irán como un cliente de primer orden ha tensionado la base de producción a niveles nunca antes vistos en el período postsoviético.

El programa Su-35 ha pasado de ser un proyecto con dificultades de inserción internacional a convertirse en el eje vertebrador de la diplomacia militar rusa en Oriente Medio, absorbiendo por completo las líneas de montaje activas en tiempos de guerra.

El éxito actual del Su-35 contrasta fuertemente con su historial previo a 2025, un período en el que la aeronave parecía destinada a ser un fracaso comercial en los mercados extranjeros, tanto por razones políticas como técnicas.

Por un lado, la intensa presión diplomática y las sanciones de Occidente disuadieron a múltiples compradores potenciales; por otro, el mercado miraba con escepticismo ciertas deficiencias en el rendimiento de los sistemas del avión.

Caza Su-35 ruso Sputnik

Hasta ese momento, el único éxito reseñable se remontaba a un contrato firmado con China, en 2015, por 24 cazas, un interés que se diluyó rápidamente a medida que Pekín desarrollaba de forma interna cazas de quinta generación mucho más sofisticados.

El panorama cambió drásticamente a partir del año pasado. Si bien en los primeros meses Rusia inició entregas sorpresivas de 18 cazas a Argelia y documentos filtrados revelaron planes para transferir seis a Etiopía, estos movimientos no supusieron una carga real para las fábricas.

Aquellas aeronaves no eran de nueva fabricación sino células reacondicionadas que originalmente formaban parte de un pedido cancelado por Egipto debido a presiones geopolíticas.

Por lo tanto, los contratos firmados con Teherán sobresalen como los únicos que demandan la fabricación de componentes desde cero, acaparando las cadenas de suministro en un momento de alta intensidad militar.

Blindaje estratégico

A pesar de lo llamativo que resulta que Rusia postergue sus propios suministros en favor de un aliado, las autoridades militares estiman que la ralentización en las entregas del Su-35 no erosionará el poder de combate de sus unidades de primera línea, según señalan medios locales.

Esta seguridad radica en la diversificación de sus adquisiciones. Las Fuerzas Aeroespaciales siguen recibiendo un flujo constante de cazas polivalentes Su-30SM2, bombarderos tácticos Su-34 y los avanzados cazas de quinta generación Su-57.

Formación de dos Su-57 Sputnik

Asimismo, las compras nacionales acumuladas del Su-35 ya han rebasado con creces los objetivos históricos del programa, el cual se diseñó originalmente bajo la premisa de producir 100 unidades para uso interno y 100 para la exportación.

Tras una serie de contratos plurianuales firmados en 2009, 2015 y 2020, los compromisos estatales rusos superaron la barrera de los 150 cazas operativos. A esto se suma el extraordinario rendimiento de supervivencia de la aeronave en el teatro de operaciones ucraniano.

En este sentido, omitiendo los sofisticados Su-57 y los MiG-31, el Su-35 ha registrado los índices de desgaste más bajos de toda la flota moderna rusa, contabilizando apenas entre siete y nueve pérdidas confirmadas en más de cuatro años de guerra.

El rearme iraní

La entrega de estos cazas es la punta de lanza de una alianza militar mucho más profunda entre Moscú y Teherán. El Ministerio de Defensa iraní también ha cerrado la compra de 12 aviones de combate Su-30SM2, una variante optimizada pero menos compleja que comparte el mismo ADN de diseño basado en el legendario fuselaje del Su-27.

Paralelamente, Teherán ha mostrado interés en el caza furtivo Su-57, aeronaves que podría comenzar a recibir hacia 2030 con el objetivo de consolidar su dominio regional.

Al mismo tiempo, dado que la Fuerza Aérea de la República Islámica opera actualmente con una flota de 300 aeronaves obsoletas, su capacidad para absorber nuevos vectores rusos es masiva, lo que hace prever que los pedidos del Su-35 se extiendan más allá de los 48 ejemplares iniciales.

Ante este escenario, sumado al latente interés de otros actores internacionales como Corea del Norte, los próximos meses y años podrían marcar un punto de inflexión definitivo para la industria aeroespacial rusa. El Su-35 apunta a dejar de ser un recurso de consumo doméstico para convertirse en el principal producto militar de exportación del Kremlin.