Pese a las dudas que suelen rodear las cumbres de la OTAN y a las salidas de tono habituales del presidente Donald Trump, los jefes de Estado y de Gobierno de la Alianza, reunidos en Ankara, han reafirmado en una declaración conjunta su “compromiso inquebrantable” con la “defensa colectiva” recogida en el artículo 5 del Tratado de Washington.
En otras palabras: un ataque contra uno de los 32 miembros de la OTAN será considerado un “ataque contra todos”.
Siguiendo la línea marcada por la anterior cumbre de La Haya, los aliados también han renovado su respaldo a un “enfoque de 360 grados en materia de disuasión y defensa”. En ese marco, han defendido “una Europa más fuerte en una OTAN más fuerte, una Alianza modernizada”, en la que los aliados europeos y Canadá, en coordinación con Estados Unidos, “están asumiendo una mayor responsabilidad en la defensa de la Alianza”.
Si la cumbre de La Haya del año pasado estuvo marcada por el compromiso de alcanzar una inversión del 5% del PIB en defensa en 2035, la de Ankara ha sido la de la concreción del esfuerzo.
Allí, los aliados han delineado una hoja de ruta para alcanzar ese objetivo y afrontar tanto la “amenaza a largo plazo” que representa Rusia como la “amenaza persistente” del terrorismo, en un contexto en el que los países europeos y Canadá incrementaron en 2025 su inversión en capacidades básicas de defensa en más de 139.000 millones de dólares.
Capacidades militares
Los aliados también se comprometieron a asumir, "en colaboración con Estados Unidos, mayor responsabilidad en el gasto de defensa", después de que Washington anunciara que va a retirar algunos recursos militares al servicio de la Alianza para centrarse en otros escenarios como el Indo-Pacífico.
Y en este contexto, asumieron la necesidad de invertir en tecnología para ataques de precisión a gran distancia, defensa aérea y antimisiles integrada, tecnología contra drones y capacidad de espionaje, especialmente con la vigilancia desde satélites.
La OTAN ha lanzado desde Ankara un mensaje inequívoco: la disuasión aliada dependerá de la rapidez con la que convierta el aumento del gasto en defensa en capacidades militares reales, un paso que también reabre el debate sobre si Europa avanza hacia una auténtica autonomía de defensa.
En la declaración conjunta, de sólo seis puntos, los aliados europeos y Canadá avanzaron que destinarán "50.000 millones de dólares en nuevas adquisiciones y nos comprometemos a ampliar la capacidad de fabricación colectiva y a colaborar con la industria para acelerar la innovación".
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, insistió en que es necesario “acelerar la producción, eliminar barreras, potenciar la resiliencia, invertir en innovación y colaborar con los socios para maximizar la cooperación”.
En materia de disuasión y defensa, la OTAN se apoyará en una combinación de capacidades nucleares, convencionales y antimisiles, reforzada además por activos espaciales y cibernéticos.
Los aliados recalcan que están “comprometidos a mantener nuestra ventaja en combate”, con una inversión sostenida para desplegar, sostener y mantener operativas sus fuerzas.
Para conseguirlo, la Alianza impulsará el desarrollo de capacidades clave en todos los dominios, desde los ataques de precisión de largo alcance hasta la defensa aérea y antimisiles integrada, pasando por sistemas no tripulados, tecnologías emergentes y herramientas avanzadas de inteligencia.
GlobalEye
Doce países de la OTAN, entre ellos España, se comprometieron este miércoles a invertir un total de 50.660 millones de dólares (unos 43.200 millones de euros) durante la próxima década en misiles de largo alcance para reforzar la defensa y disuasión de la Alianza.
La iniciativa Deep Precision Strike (DPS, por sus siglas en inglés), impulsada por el Reino Unido, busca acelerar la adquisición y desarrollo de estos sistemas mediante una mayor cooperación entre aliados.
Y en la misma línea, desde el ámbito tecnológico, la declaración de Ankara subraya que los aliados están “desarrollando una nube transatlántica interoperable para la conducción de la guerra” y avanzando en la adopción de “potentes modelos de inteligencia artificial” para reforzar su superioridad operativa.
Ucrania
Otro de los puntos destacados en la declaración de Ankara es la unión en el apoyo a Ucrania por su contribución a "la seguridad transatlántica", y los Aliados se mantienen unidos en su apoyo inquebrantable a Ucrania en la defensa de su libertad, soberanía e integridad territorial.
Los Aliados europeos y Canadá financian ahora la gran mayoría de la ayuda en materia de seguridad a Ucrania a través de medios bilaterales y multilaterales. Y adquieren las capacidades militares requeridas por Ucrania a través de compras de material a Estados Unidos.
Los líderes aliados anunciaron su decisión de aportar este año 70.000 millones de euros en equipamiento, asistencia y formación militar a Ucrania, y mantener niveles “al menos equivalentes en 2027” para que siga defendiéndose con garantías de Rusia.
Con este fin, "acogemos con satisfacción la decisión de la Unión Europea de proporcionar financiación plurianual a Ucrania a través del Préstamo de Apoyo a Ucrania".
Irán
La guerra en Irán se coló en la cumbre de la OTAN pese a que no era uno de los principales temas de la agenda, al anunciar Trump en la segunda jornada el fin de las negociaciones con Teherán tras los últimos ataques cruzados de la víspera.
Los líderes expresaron en su declaración conjunta que "Irán no puede llegar a hacerse nunca con el arma nuclear", y urgieron al país persa a respetar la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz.
Aspiraciones de Trump sobre Groenlandia
Otro asunto que no estaba en agenda y se coló en la cumbre de Ankara fue Groenlandia. Trump reiteró en varias comparecencias su convicción de que Groenlandia no debería ser parte de Dinamarca, sino de Estados Unidos. Según el presidente estadounidense, no es importante para el país escandinavo, pero sí para Washington, que lo necesitaría para proteger al mundo, no sólo a Norteamérica.
En este asunto, sin embargo, todos los demás miembros de la Alianza cerraron filas con Dinamarca, que reiteró que "Groenlandia no está en venta".
El propio secretario general de la OTAN, Mark Rutte aludió a las aspiraciones de Trump sobre Groenlandia, recordando un acuerdo alcanzado en Davos para abordar de forma bilateral con Dinamarca la seguridad del territorio autónomo, en coordinación con la OTAN. Y afirmó que se asegurará de que ese pacto "se implementará paso a paso".
