Los países aliados de la OTAN están estos días reunidos en Ankara, y todo el mundo se hace cábalas sobre si el resultado de esta cumbre va a ser simplemente una más o realmente se van a conseguir avances más allá de los que surgieron en la cumbre de Washington de 2024 y en La Haya en 2025 donde se fijaron un incremento del presupuesto de defensa hasta el 5% del PIB y se actualizó el plan de acción que refuerza las medidas destinadas a incrementar la capacidad de producción militar y mejorar la cooperación con la industria, que ya se había aprobado en Vilna en 2023.

El tablero geopolítico internacional está cambiando a gran velocidad y Europa debe asumir un papel mucho más relevante en su propia defensa. Ya no estamos viviendo en las décadas anteriores de relativa estabilidad, y mantenernos como meros observadores de la invasión rusa de Ucrania, de las tensiones entre Estados Unidos y China, de la inestabilidad en Oriente Medio y de las amenazas por ciberataques o las guerras híbridas, puede tener un alto precio.

La OTAN ha sido desde su creación y sigue siendo el principal garante de la seguridad euroatlántica, pero el equilibrio interno de la Alianza ha ido evolucionando. El compromiso de Washington con la defensa europea es firme a pesar de ciertas voces disonantes, pero los europeos debemos ser conscientes de que hoy su atención y estrategia se centra en el Indo-Pacífico y en su competencia con Pekín y los aliados de Europa deben ser conscientes de que la fortaleza de la OTAN también depende de la fortaleza de Europa.

Esta realidad obliga a los aliados europeos a incrementar sus capacidades militares y a compartir una mayor parte del esfuerzo común. La construcción de un pilar europeo sólido dentro de la OTAN ya no es solo una aspiración política, sino una necesidad estratégica, y esto significa aumentar el gasto en defensa para preservar la paz, modernizar las fuerzas armadas, reforzar la industria militar europea y avanzar hacia una mayor coordinación entre los Estados miembros.

El objetivo que se perseguiría con ello sería el de fortalecer la Alianza, construyendo en su seno una Europa más responsable de su destino, y con mayores capacidades, lo cual reforzará la defensa colectiva, y contribuirá a preservar la estabilidad internacional y los valores democráticos que sustentan la alianza transatlántica.

La OTAN acelera su revolución industrial

Estamos viendo que la seguridad no puede darse por garantizada y la estabilidad europea pasa por la protección de infraestructuras críticas, la defensa del ciberespacio, la seguridad energética y la capacidad de disuasión, entre otros elementos.

Así, los aliados han decidido reforzar sus bases industriales aportándole a esta una mayor previsibilidad que promueva las inversiones sostenidas y el aumento de la capacidad productiva en sectores estratégicos como la defensa aérea, las municiones, los misiles, los vehículos blindados, los drones y la ciberdefensa. Y para ello considera relevante la agregación de la demanda, pues ello permitirá coordinar las necesidades de adquisición de los países aliados mediante contratos plurianuales y sistemas de compra más ágiles.

El tablero geopolítico internacional está cambiando a gran velocidad y Europa debe asumir un papel mucho más relevante en su propia defensa.

Durante el Foro de la Industria de la Defensa que ha tenido lugar hoy en Ankara en paralelo a la Cumbre, también se ha puesto en valor uno de los principales retos detectados en los últimos años: la vulnerabilidad de las cadenas de suministro y no solo por la dependencia en determinados proveedores externos y materias primas estratégicas.

Si existe un diálogo permanente entre gobiernos e industria, se podrá identificar con rapidez los cuellos de botella y acelerar las soluciones necesarias.

En ese sentido y para reforzar esta cooperación entre demandantes y oferentes de soluciones para la defensa, se ha impulsado la creación del Defence Industrial Production Board (DIPB), que es el órgano especializado que coordinará el análisis de las capacidades industriales, supervisará las cadenas de suministro, identificará riesgos y propondrá medidas que garanticen una producción más ágil, sostenible y coordinada, así como una mejor planificación entre los aliados.

Además, el DIPB facilitará una mejor planificación entre los Estados miembros, favoreciendo el intercambio de información, la armonización de necesidades y el desarrollo de capacidades industriales complementarias.

La innovación, nuevo pilar de la OTAN

La OTAN es consciente de que la innovación se ha convertido en uno de los ejes vertebradores de su estrategia de transformación y por ello ha situado el desarrollo de tecnologías emergentes y disruptivas en el centro de su planificación estratégica, consciente de que las guerras se deciden tanto por la superioridad tecnológica como por la capacidad militar.

Por ello, el objetivo es conseguir y preservar una ventaja tecnológica frente a competidores estratégicos que están realizando importantes inversiones en capacidades militares avanzadas.

Entre las tecnologías consideradas prioritarias destacan la inteligencia artificial, los sistemas autónomos, la computación cuántica, la biotecnología, las tecnologías espaciales y las comunicaciones de nueva generación, siendo conscientes de que todas ellas van a modificar profundamente la forma de planificar y conducir las operaciones militares.

Para ello, la OTAN ha reforzado no solo su cooperación con la industria de defensa, sino también con universidades, centros tecnológicos y empresas emergentes, conscientes de que buena parte de la innovación ya no nace exclusivamente en el ámbito militar, sino también en el sector civil, y así acelerar la transferencia de conocimiento, impulsar el desarrollo de soluciones duales y facilitar la incorporación de tecnologías de vanguardia a las capacidades de los aliados.

El objetivo es conseguir y preservar una ventaja tecnológica frente a competidores estratégicos que están realizando importantes inversiones en capacidades militares avanzadas.

Pero además, la Alianza también trabaja en la definición de estándares comunes que garanticen la interoperabilidad entre los sistemas desarrollados por los distintos países miembros y favorezcan su integración en operaciones conjuntas.

Con estas iniciativas, la OTAN consolida una estrategia industrial y pretende mantener el liderazgo tecnológico que es condición indispensable para preservar su capacidad de disuasión y garantizar la seguridad del espacio euroatlántico durante las próximas décadas. En esa línea han ido todos los anuncios que se han hecho en el arranque del Foro de la Industria de la Defensa en Ankara.

*** Marisa Poncela García, exsecretaria de Estado de Comercio y expresidenta del CDTI, miembro de la Junta Directiva de la Asociación Atlántica Española