El Reino Unido ha dado un paso de enorme trascendencia estratégica al confirmar la adquisición de cazas F-35A Lightning II, una decisión que permitirá a la Royal Air Force (RAF) recuperar una capacidad de ataque nuclear desde el aire que había permanecido inactiva durante casi tres décadas.
La medida, incluida en el Plan de Inversión en Defensa 2026, refuerza el papel de Londres dentro de la arquitectura de disuasión de la OTAN y refleja el profundo cambio que atraviesa la política de defensa europea ante el deterioro del entorno de seguridad.
La incorporación de esta variante del F-35 supone mucho más que una modernización de la flota de combate británica. El F-35A está certificado para transportar la bomba nuclear táctica estadounidense B61-12, lo que permitirá al Reino Unido integrarse en la misión de Aeronaves de Doble Capacidad (Dual Capable Aircraft, DCA) de la OTAN, uno de los pilares de la estrategia de disuasión nuclear de la Alianza.
Con esta decisión, Londres rompe con una situación que se mantenía desde 1998, cuando retiró las bombas nucleares WE.177 y concentró toda su capacidad de disuasión en los submarinos de la clase Vanguard armados con misiles balísticos Trident II D5. La llegada del F-35A no sustituye ese componente estratégico, sino que añade una nueva capacidad de respuesta flexible dentro del esquema nuclear aliado.
Aunque el Plan de Inversión no detalla el número de aeronaves, el Gobierno británico ya anunció el pasado año la compra de doce F-35A junto a otros quince F-35B, elevando el compromiso del país hasta 75 aeronaves y manteniendo el objetivo a largo plazo de alcanzar una flota de hasta 138 cazas F-35, según Army Recognition.
Además, no todos los F-35A están preparados automáticamente para misión nuclear; hace falta certificación, integración técnica y una unidad asignada a esa tarea. Eso explica por qué la capacidad existe a nivel de plataforma, pero no en cada avión individual de forma permanente.
Más allá del F-35
La adquisición forma parte de un ambicioso programa de transformación de las Fuerzas Armadas británicas. El Ejecutivo destinará 298.000 millones de libras a defensa durante los próximos cuatro años, reforzando simultáneamente el poder aéreo, el componente nuclear, las capacidades de mando y control y los sistemas de combate del futuro.
En el ámbito aéreo, el plan contempla más de 1.100 millones de libras para prolongar la vida operativa de los Eurofighter Typhoon hasta la década de 2040 y otros 300 millones para iniciar el desarrollo de aeronaves de combate colaborativas, plataformas autónomas que actuarán junto a cazas tripulados en futuras operaciones de alta intensidad.
F-35A Lightning II Demonstration.
Estas inversiones constituyen el puente hacia el Global Combat Air Programme (GCAP), el proyecto que Reino Unido desarrolla con Italia y Japón para crear el futuro caza de sexta generación Tempest.
El objetivo del Ministerio de Defensa es que la RAF evolucione hacia la primera fuerza aérea europea capaz de integrar de forma operativa aviones de cuarta, quinta y sexta generación junto a sistemas autónomos conectados en red.
Ala nuclear
La decisión también refleja el creciente peso que vuelve a adquirir la disuasión nuclear en la estrategia occidental tras la invasión rusa de Ucrania y el deterioro de las relaciones con Moscú.
El Gobierno británico prevé incrementar en más de 20.000 millones de libras la inversión destinada al ámbito nuclear durante los próximos cuatro años, una apuesta que complementa la modernización de su fuerza submarina estratégica con la recuperación de un componente aéreo capaz de participar en las operaciones nucleares de la OTAN.
Al mismo tiempo, el programa mantiene un importante retorno industrial para el país. La compra de nuevos F-35 se integra en la estrategia gubernamental Backing British, que busca reforzar el empleo y las capacidades tecnológicas nacionales aprovechando la participación de la industria británica en la fabricación del caza estadounidense.
La adquisición de los F-35A confirma así que el Reino Unido no solo pretende ampliar su flota de combate, sino recuperar un papel protagonista dentro de la disuasión nuclear aliada.
En un momento en el que Europa acelera su rearme y la OTAN adapta su postura frente a un escenario internacional cada vez más inestable, Londres vuelve a situar a la Royal Air Force en el centro de la estrategia militar occidental.
