La caída de dos de los mayores programas militares de Alemania en apenas unas semanas amenaza con convertirse en uno de los mayores contratiempos para la política europea de Defensa de los últimos años.
Tras el portazo definitivo al programa del caza de sexta generación FCAS, Berlín ha decidido ahora cancelar también las fragatas F126, el mayor proyecto naval militar alemán desde la Segunda Guerra Mundial, alegando retrasos, sobrecostes y riesgos de ejecución.
Dos decisiones que trascienden el ámbito industrial y reflejan las dificultades que aún encuentra Europa para convertir su ambición de autonomía estratégica en capacidades militares reales.
Mientras la Unión Europea moviliza recursos sin precedentes para reforzar su base industrial de Defensa y reducir su dependencia exterior, Berlín ha puesto fin en apenas unas semanas a dos de los proyectos que debían simbolizar ese nuevo impulso europeo: el sistema de combate aéreo del futuro (FCAS) y el mayor programa naval de su historia reciente.
En el caso del FCAS, los máximos dirigentes de Francia y Alemania decidieron dar por terminado el desarrollo conjunto del caza de sexta generación tras meses de desencuentros políticos e industriales que terminaron haciendo irreconciliables sus posiciones.
España participaba en igualdad de condiciones junto a ambos países, con Dassault, Airbus e Indra como principales responsables tecnológicos del programa.
La ruptura supone un revés para uno de los proyectos llamados a convertirse en el gran símbolo de la autonomía estratégica europea.
Maqueta de FCAS
Porque el FCAS nunca fue únicamente un avión de combate. Representaba la capacidad de Europa para desarrollar de forma conjunta las tecnologías más avanzadas y competir con Estados Unidos y China en uno de los sectores más estratégicos de la industria militar.
Su fracaso demuestra que el verdadero desafío no siempre reside en diseñar tecnología de vanguardia, sino en construir mecanismos de gobernanza capaces de armonizar intereses nacionales e industriales sin paralizar la toma de decisiones.
El mayor programa naval alemán descarrila
Apenas unos días después, el Ministerio de Defensa alemán confirmó la cancelación definitiva del programa de las seis fragatas F126, adjudicado en 2020 al astillero neerlandés Damen Schelde Naval Shipbuilding (DSNS).
La decisión llega después de que Berlín constatara "considerables retrasos", incrementos de costes muy superiores a los previstos y elevados riesgos derivados de un eventual cambio de contratista principal.
El programa, presupuestado inicialmente en unos 10.000 millones de euros, contemplaba la entrega del primer buque operativo en 2028 y la incorporación de las seis unidades antes de 2033. Sin embargo, las estimaciones internas llegaron a situar su coste por encima de los 18.000 millones de euros, una cifra que el Gobierno alemán terminó considerando inasumible.
La cancelación llega cuando ya se habían invertido más de 2.000 millones de euros y los trabajos del primer buque habían comenzado en el astillero de Wolgast.
Además, el Ministerio había estudiado durante los últimos meses transferir el contrato principal a Naval Vessels Lürssen (NVL), compañía adquirida posteriormente por Rheinmetall por unos 1.500 millones de euros. La operación habría permitido al gigante alemán asumir la dirección del programa, una posibilidad que finalmente ha quedado descartada.
Para Rheinmetall supone también un importante revés industrial, ya que aspiraba a hacerse con un contrato valorado en torno a 12.000 millones de euros durante la próxima década.
Giro hacia la guerra antisubmarina
La cancelación no implica, sin embargo, una reducción de capacidades navales. Berlín ha optado por sustituir las F126 por ocho fragatas MEKO A-200 construidas por Thyssenkrupp Marine Systems (TKMS), especializadas en guerra antisubmarina.
La decisión refleja el cambio de prioridades estratégicas de Alemania dentro de la OTAN, donde la protección de las rutas marítimas y la vigilancia frente a la creciente actividad submarina rusa se han convertido en uno de los principales desafíos del flanco norte de la Alianza.
Fragata del tipo MEKO A-200
"La caza de submarinos desde el mar reviste la máxima importancia dentro de la OTAN y constituye también una prioridad nacional. El cumplimiento puntual y completo de nuestras obligaciones con la Alianza resulta decisivo en la adquisición de fragatas", explicó el Ministerio de Defensa alemán.
Las cuatro primeras unidades supondrán una inversión cercana a los 6.300 millones de euros, mientras que Berlín mantiene una opción para adquirir otras cuatro antes de finales de 2026 por unos 5.300 millones adicionales.
Con ello, Alemania busca garantizar que podrá cumplir sus compromisos con la OTAN a partir de 2028, pese al fracaso del programa F126.
Un aviso a la autonomía estratégica
La sucesión de ambos fracasos llega en un momento especialmente sensible para la política europea de Defensa.
Tras la invasión rusa de Ucrania, la Unión Europea ha acelerado como nunca sus inversiones militares, ha impulsado nuevos instrumentos financieros y ha situado la autonomía estratégica en el centro de su agenda.
Los recursos existen, el consenso político es hoy mucho mayor que hace apenas unos años y la necesidad de reforzar las capacidades militares europeas apenas admite discusión.
Sin embargo, los casos del FCAS y de las F126 evidencian que disponer de financiación no basta para construir una verdadera industria europea de Defensa.
Europa sigue enfrentándose a un obstáculo mucho más complejo: la dificultad para coordinar 27 intereses nacionales, repartir la carga industrial, compatibilizar calendarios políticos y adoptar decisiones suficientemente ágiles en programas cuya vida útil se mide en décadas.
Para España, además, el impacto trasciende el ámbito económico. Estos grandes programas no solo distribuyen contratos y carga de trabajo entre las empresas participantes; también determinan el peso político e industrial de cada país dentro del futuro ecosistema europeo de Defensa.
Perder posiciones en iniciativas de esta envergadura significa reducir influencia precisamente cuando Europa trata de redefinir su arquitectura de seguridad para las próximas generaciones.
