La carrera por el dominio aéreo del futuro tiene un nuevo protagonista: los drones "wingman". Estas aeronaves no tripuladas, diseñadas para operar junto a cazas tripulados como acompañantes de combate, concentraron buena parte de la atención durante el salón aeronáutico de Berlín celebrado la pasada semana.
Estos drones se han consolidado como un elemento clave en el nuevo escenario de seguridad, marcado por la guerra en Ucrania, el avance de la inteligencia artificial y el creciente debate europeo sobre la autonomía estratégica en defensa.
Conocidos como loyal wingman o Collaborative Combat Aircraft (CCA), estos sistemas figuran entre las principales apuestas de las fuerzas armadas occidentales para la próxima generación de combate aéreo. Berlín ha servido para confirmar que la carrera por esos "compañeros de ala" inteligentes ya está plenamente en marcha.
Los wingman han sido creados para operar junto a cazas tripulados, amplían su alcance, aportan reconocimiento avanzado, ejecutan misiones de guerra electrónica y pueden incluso portar armamento, todo ello bajo supervisión humana o mediante capacidades semiautónomas basadas en inteligencia artificial.
Si algo nos ha enseñado el conflicto ucraniano es que la capacidad para detectar amenazas, interferir comunicaciones y operar en entornos altamente contestados puede resultar tan decisiva como la potencia de fuego convencional.
En este escenario, los drones wingman están llamados a asumir las misiones de mayor riesgo, reduciendo la exposición de los pilotos y aumentando la supervivencia de las aeronaves tripuladas.
En Berlín, cuatro compañías presentaron sus propuestas para este nuevo concepto de combate colaborativo: Airbus, Boeing, Helsing y General Atomics. Todas ellas buscan posicionarse en un mercado que promete convertirse en uno de los segmentos más relevantes de la industria aeroespacial militar durante la próxima década.
Soberanía tecnológica europea
El desarrollo de estos sistemas coincide con un momento especialmente delicado para la política industrial de defensa europea. La discusión sobre la necesidad de reducir la dependencia tecnológica de Estados Unidos y construir capacidades soberanas ha cobrado fuerza en los últimos años, especialmente tras el deterioro del entorno de seguridad internacional.
El componente más sensible de los drones wingman no es necesariamente la plataforma aérea, sino el software que gestiona la inteligencia artificial encargada de coordinar las misiones.
"El agente de inteligencia artificial, que es el cerebro de estos sistemas, debe estar controlado de forma soberana", afirmó durante el salón aeronáutico Stephanie Lingemann, responsable del dominio aéreo de la empresa alemana Helsing, en declaraciones recogidas por Reuters.
La cuestión adquiere mayor relevancia después de que Alemania y Francia hayan aparcado este mes sus planes para desarrollar un caza conjunto, aunque ambos países mantienen la intención de preservar parte del programa Future Combat Air System (FCAS) mediante el desarrollo de una red de datos y sistemas de drones asociados.
Del acompañamiento al combate en enjambre
La evolución de estos sistemas no se limita al concepto tradicional de aeronave acompañante. Los fabricantes trabajan ya en capacidades de operación en enjambre, donde múltiples drones coordinados mediante inteligencia artificial actúan como una única fuerza distribuida.
En este modelo, los aparatos pueden repartirse funciones de reconocimiento, ataque, interferencia electrónica o protección de la aeronave principal, saturando las defensas enemigas y aumentando la eficacia de la misión.
La capacidad para reorganizarse de forma autónoma y adaptarse a las amenazas en tiempo real es una de las características que más interés despierta entre las fuerzas armadas.
Helsing, por ejemplo, asegura que su dron de ataque electrónico ha sido concebido para operar junto a otros drones ofensivos dentro de enjambres autónomos capaces de actuar en entornos altamente disputados.
Tecnología prometedora
Pese al creciente interés que despiertan, los drones wingman todavía no han llegado al campo de batalla. Los principales programas continúan en distintas fases de desarrollo y pruebas.
La australiana Boeing presentó su MQ-28 Ghost Bat, una plataforma que la compañía prefiere definir como un reactor no tripulado antes que como un simple dron. Su directora general en Australia, Amy List, subrayó durante el evento que el sistema ha sido concebido para actuar como "multiplicador de fuerza" de las aeronaves tripuladas.
La empresa desarrolla esta tecnología junto a la alemana Rheinmetall y sostiene que el sistema puede adelantarse a los cazas, recopilar información, fusionar datos procedentes de múltiples sensores y proporcionar inteligencia procesada para apoyar la toma de decisiones del operador humano.
Según Boeing, el MQ-28 podría entrar en servicio en la Luftwaffe alemana en torno a 2029.
El YFQ-42A despega durante un vuelo de pruebas.
Airbus, por su parte, trabaja en el U760b Ravenstorm, cuya entrada en servicio no se espera antes de la década de 2030.
Mientras tanto, el YFQ-42A de General Atomics, conocido como Dark Merlin, continúa su fase de ensayos tras haber sido seleccionado por la Fuerza Aérea de Estados Unidos en 2024 para recibir financiación y apoyo al desarrollo de prototipos.
La compañía confía en que, una vez el sistema entre en producción y pierda la designación de prototipo, la USAF mantenga la denominación Dark Merlin.
La competencia, además, no deja de crecer. Empresas como Lockheed Martin o Anduril Industries preparan propuestas similares que previsiblemente mostrarán en próximos eventos internacionales, incluido el salón aeronáutico de Farnborough, que abrirá sus puertas el próximo 20 de julio.
Todo apunta a que la próxima revolución del combate aéreo no estará protagonizada únicamente por cazas de sexta generación, sino por equipos mixtos de aeronaves tripuladas y sistemas autónomos capaces de combatir de forma coordinada.
