La totalidad de la flota disponible de submarinos nucleares de ataque de la Royal Navy se encuentra actualmente inmovilizada en puerto, una situación que deja a Reino Unido en una posición de vulnerabilidad frente a la actividad submarina de Rusia, según informó The Telegraph.
Los cinco submarinos de la clase Astute —principales plataformas cazadoras de la Armada británica— están a la espera de mantenimiento y reparaciones, mientras que una sexta unidad, ya entregada, aún no está lista para su despliegue operativo.
Mandos navales advierten, según el citado medio, de que esta situación proyecta una imagen “desdentada” ante Moscú, que ha incrementado en un tercio su actividad naval en aguas próximas a Reino Unido durante el último año.
El comandante Ryan Ramsey, ex capitán de submarino nuclear, calificó la situación como una “seria llamada de atención” y urgió al Gobierno y a la industria a actuar con rapidez.
“Parecemos desdentados. Los rusos saben que no podemos desplegar submarinos en el mar”, afirmó al citado medio. A su juicio, la incapacidad de mantener la disuasión submarina erosiona la credibilidad estratégica frente a Rusia y responde a un problema estructural “oculto durante décadas”.
En la misma línea, Lord West de Spithead, ex jefe de la Royal Navy, calificó el escenario de “inaceptable” y subrayó que los submarinos de ataque son esenciales tanto para la protección de los submarinos estratégicos con misiles Trident como para la disuasión frente a Rusia.
Las advertencias coinciden con un endurecimiento del discurso oficial. El jefe del Estado Mayor de la Defensa, Sir Richard Knighton, alertó recientemente de que el país afronta el entorno de seguridad “más peligroso” desde la Guerra Fría, con Rusia “probando y desafiando” de forma constante las defensas británicas.
Problemas técnicos
Los submarinos de la clase Astute, considerados entre los más avanzados del mundo y con un coste conjunto de 12.200 millones de libras, desempeñan un papel clave en la protección de los submarinos estratégicos Vanguard y de los portaaviones HMS Queen Elizabeth y HMS Prince of Wales.
Sin embargo, la flota ha acumulado problemas técnicos y de mantenimiento, incluyendo incidentes como el embarrancamiento del HMS Astute en 2010.
Fuentes navales confirmaron que la indisponibilidad actual responde tanto a ciclos de mantenimiento como a fallos técnicos, entre ellos los detectados en el HMS Anson tras un prolongado despliegue.
En paralelo, Reino Unido avanza en programas a largo plazo como el AUKUS —para el desarrollo de nuevos submarinos de ataque junto a Estados Unidos y Australia— y la futura clase Dreadnought, destinada a reemplazar a los Vanguard.
Render un submarino de la clase Dreadnought
No obstante, estas capacidades tardarán años en materializarse, mientras expertos insisten en que la solución más inmediata pasa por reforzar las infraestructuras de mantenimiento, crónicamente infrafinanciadas.
El jefe de la Royal Navy, almirante Sir Gwyn Jenkins, ha situado como prioridad mejorar la disponibilidad de la flota y modernizar los diques.
Aun así, Ramsey advirtió de un riesgo adicional: la pérdida de capacidades operativas por la falta de tiempo en la mar. “Se pueden perder habilidades críticas si no se opera”, señaló.
La situación se produce además en un contexto de dificultades más amplias para la Armada.
Según The Telegraph, el portaaviones HMS Prince of Wales también ha tenido que detenerse recientemente en Noruega por averías, mientras persisten retrasos en la publicación del plan de inversión en defensa, bloqueado por discrepancias presupuestarias dentro del Gobierno.
El Ministerio de Defensa británico evitó detallar el estado de la flota submarina, aunque aseguró que las aguas nacionales están “siempre protegidas” y que reforzar la capacidad submarina sigue siendo una “prioridad máxima”, cita el medio británico.
