Como parte de la puesta en funcionamiento del Golden Dome (Cúpula Dorada, en español), la administración Trump está comenzando a avanzar en los diferentes programas que compondrá el mayor escudo antimisiles jamás desplegado del mundo.
Una de las patas más importantes de esta estrategia de protección se llevará a cabo desde el espacio.
En concreto, poniendo en órbita miles de plataformas espaciales no tripuladas armadas con misiles interceptores que, llegado el caso, se emplearán para neutralizar misiles balísticos e hipersónicos.
Tal y como explica la Fuerza Espacial estadounidense, una de las prioridades de este programa armamentístico es "desarrollar un sistema interceptor de defensa antimisiles espacial que demuestre su capacidad integrada en la arquitectura del Golden Dome para 2028".
"El panorama estratégico global ha cambiado y una nueva generación de amenazas pone en riesgo la seguridad nacional", explicaron en un comunicado reciente.
Hacen referencia a la necesidad de integrar los sistemas de defensa estadounidenses actualmente desplegados con esta nueva hornada de tecnología de seguimiento e interceptación de amenazas.
Una que incorpore "inteligencia artificial para contrarrestar la velocidad, la maniobrabilidad y la letalidad de estas amenazas".
El programa Space-Based Interceptor (SBI) está abordando esta deficiencia mediante el desarrollo de una constelación proliferada de interceptores en órbita terrestre baja" capaces de neutralizar las amenazas en las fases de propulsión, trayectoria intermedia y planeo; antes incluso de que penetren de nuevo en la atmósfera.
"Las capacidades del adversario están avanzando rápidamente, y nuestras estrategias de adquisición deben acelerarse aún más para contrarrestar la creciente velocidad y maniobrabilidad de las amenazas de misiles modernas", declaró el pasado abril Bryon McClain, director ejecutivo del Programa de Capacidad de Combate Espacial de la USSF.
La alianza de Northrop Grumman
El pasado abril, esa misma Fuerza Espacial eligió a un total de 12 empresas para trabajar en estos interceptores espaciales en un proyecto dotado de 3.200 millones de dólares.
Recreación interceptación en el espacio
La necesidad de desarrollar, obtener y probar —con cierta urgencia— estas tecnologías para resultar elegido por el Departamento de Guerra ha provocado que comiencen a cristalizar los primeros movimientos y alianzas.
Northrop Grumman, uno de los principales contratistas de defensa de EEUU, acaba de anunciar su alianza con la californiana Apex, lo que supone un importante avance desde el punto de vista tecnológico.
Northrop Grumman, según han explicado en un comunicado, pondrá su experiencia en el ámbito del desarrollo de misiles, la fabricación de armamento y las plataformas de ensayo
Por otro lado, Apex es una compañía especializada en la fabricación de plataformas satelitales estandarizadas diseñadas para producirse más rápidamente y a menor coste que las naves espaciales convencionales.
"Estamos combinando nuestras tecnologías avanzadas de defensa antimisiles y asociaciones comerciales para demostrar las capacidades de interceptores espaciales de próxima generación", ha explicado Ryan Tintner, vicepresidente y director general de la división de sistemas de superioridad espacial de Northrop Grumman.
Todo ello como parte del Golden Dome impulsado por el actual Gobierno de Estados Unidos.
Por otro lado, Ian Cinnamon, director ejecutivo y cofundador de Apex, ha afirmado que su compañía se "fundó específicamente para dar soporte a constelaciones proliferadas como Golden Dome, que requerirán satélites para crear una ventaja decisiva para nuestra nación".
Miles de satélites
Según está planteado Golden Dome, Estados Unidos necesitará poner en órbita unos 7.800 satélites para mantener la constelación operativa para neutralizar cualquier tipo de amenaza.
Se trata de un número calculado por la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO) de Estados Unidos, dimensionándola para hacer frente a un total de 10 misiles intercontinentales, un número muy bajo en caso de ataque masivo al país americano.
Hace solo unas semanas, la propia CBO publicó un informe señalando los costes estimados de Golden Dome y comparándolos con las cuentas que la administración Trump había planteado a la opinión pública.
Según explicó el propio presidente de Estados Unidos, el coste total del programa se estimaba en 175.000 millones de dólares, una cifra que parece haberse quedado muy corta.
Tal y como recoge la CBO, esa cifra estaría en unos 1,2 billones de dólares, aproximadamente siete veces más que la promesa de coste aportada por el propio Trump. Ahí se incluye el coste de desarrollo, despliegue y operación durante 20 años.
Otro dato relevante es que ese mismo montante es 15 veces la cantidad que la Administración Trump planeaba invertir en el Golden Dome durante los próximos cinco años, tal y como apunta Defense One.
