La ausencia de un caza de quinta generación es una de las espinas clavadas en el Ministerio de Defensa y, por extensión, en las Fuerzas Armadas españolas.
La retirada próxima de los Harrier conllevará la pérdida del ala fija embarcada para la Armada, mientras en el Ejército del Aire y del Espacio ya asumen que esa categoría de aeronaves podría pasar de largo en su flota activa.
"Siendo sincero, creo que España debería haber comprado ya aviones de quinta generación", tal y como ha explicado un piloto de caza del Ejército del Aire, que prefiere mantenerse en el anonimato, a EL ESPAÑOL.
"Yo creo que saltarse una generación, de la cuarta de los Eurofighter a la sexta del FCAS, sin haber pasado por la quinta, no es lo más idóneo". De hecho, sería la primera generación que España se salta desde que comenzó la aviación militar moderna en los años 50.
El piloto señala que se ha apostado todo a sistemas Eurofighter, aunque más desarrollados que los actuales, y por alargar la vida de los F-18 hasta el 2040.
Para el piloto, con empleo de capitán, el riesgo para España vendría en caso de tener que enfrentarse en solitario a amenazas tecnológicamente más avanzadas.
"Si no tenemos aviones de quinta generación, pero nuestros compañeros británicos o italianos sí, podemos trabajar en conjunto y seguramente no ocurra nada a mayores". En Europa se está trabajando "cada vez más por ir todos de la mano".
Un Eurofighter Typhoon del Ejército del Aire y del Espacio.
Los problemas llegarían "si en algún momento nos quedamos solos y no tenemos quinta generación". Ahí se comprobaría "que nos hemos quedado atrás, está muy claro".
Se trata de una brecha tecnológica y temporal importante. De hecho, el piloto reconoce que "ya se va muy tarde".
En caso de "reaccionar ahora", los tiempos de entrega de los aviones son tan dilatados que no cubrirían la necesidad de quinta generación de la Armada sin perder la capacidad de ala fija embarcada antes mencionada.
La situación en el Ejército del Aire y del Espacio no sería tan crítica si se decide operar los F-18 hasta el 2040, manteniendo así dos modelos de caza diferentes en servicio —como viene siendo norma— y a la espera de que algún programa de sexta generación cristalice.
Todo ello sin que se invalide el estancamiento a nivel de capacidades que experimentaría España al renunciar a la actual generación de cazas.
Los fabricantes de aeronaves, de forma convencional, sincronizan el orden de fabricación en la línea de montaje con la fecha del pedido. De ahí que España, si realizara hoy el pedido, se situaría por detrás del resto de países que ya tienen órdenes en firme de las aeronaves.
Opciones disponibles
De forma pública y oficial, Defensa no ha llevado a cabo ninguna aproximación a ningún modelo en concreto de caza de quinta generación a los que podría optar. Actualmente, el único de su tipo en operación es el F-35 fabricado por la estadounidense Lockheed Martin.
Hoy por hoy, la opción del F-35 no está sobre la mesa del Ministerio de Defensa español, a pesar de ser el único candidato en producción y con miles de horas de vuelo acumuladas.
Uno de los motivos que esgrimen desde los despachos de Castellana 109 es la extrema dependencia que una potencial compra de F-35 generaría con Estados Unidos, incluidos aspectos de operativa en situaciones de guerra.
Sistemas de la aeronave como el Mission Data Files (Archivos de Datos de Misión) se sincronizan de forma automática con servidores situados en Estados Unidos que proporcionan las últimas actualizaciones. Asimismo, también el software de mantenimiento de la aeronave se encuentra en el país americano.
Tal y como adelantó EL ESPAÑOL hace unas semanas, ya se han realizado algunas conversaciones entre los Gobiernos de Turquía y España sobre el caza KAAN, que tiene previsto comenzar a entregarse a la Fuerza Aérea turca a principios de la década que viene. Se trata de una primera aproximación que llegó al calor del programa Saeta II y por interés del alto mando español.
Según fuentes de Turkish Aerospace Industries consultadas por este periódico, la aproximación industrial del KAAN en España sería similar al programa Saeta II, con importante participación de las compañías nacionales en sistemas críticos.
La tercera y última alternativa pasa por Corea del Sur y su KF-21, que se encuentra en una fase avanzada de desarrollo, aunque lejos todavía de poder entrar en servicio.
KAI KF-21
Cualquiera de estas tres alternativas tardaría en incorporarse a la flota activa de las Fuerzas Armadas españolas. Además, según la plataforma escogida, añadiría un diferente grado de dependencia de terceros países.
Junto con España, el único país militarmente avanzado de Europa que no cuenta con previsión de adquirir cazas de quinta generación es Francia, que ha apostado todo al Dassault Rafale —de cuarta generación— mientras trabajan en la sexta generación, sea dentro del programa FCAS o no.
El caso del Harrier
En cuanto a la Armada española, el piloto de caza del Ejército del Aire señala la gravedad y urgencia de la situación.
"A ellos sí que se lo habían prometido, les habían dicho que iban a comprar cazas de quinta generación", señala refiriéndose al F-35B, la versión de despegue y aterrizaje vertical del caza de Lockheed Martin y único capaz de operar en la cubierta del buque 'Juan Carlos I'. Y "parece ser que tampoco les va a llegar".
Hoy por hoy, el horizonte de vuelo de los Harrier de la 9.ª Escuadrilla de Aeronaves se sitúa en poco más allá del año 2030.
Una de las alternativas que se barajan es adquirir repuestos provenientes de Harrier de Estados Unidos y de Italia con el objetivo de mantener en orden de vuelo los cazas españoles, aunque oficialmente no ha trascendido esta intención.
De alcanzar la fecha de baja de los Harrier sin un sustituto, la Armada perdería esta capacidad y a bordo del 'Juan Carlos I' operarían únicamente helicópteros y, potencialmente, drones.
Actualmente, Italia y Estados Unidos cuentan con plantas de ensamblaje del modelo F-35B con una carga de trabajo para varios años —no ha trascendido dato oficial—, pero que podrían asumir un potencial pedido español a partir de principios de la próxima década, muy probablemente demasiado tarde como para no tener un gap en la flota de ala fija embarcada.
