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Las claves

Marruecos, segundo importador de armamento del continente africano —solo por detrás de Egipto—, ha acelerado durante la última década su programa de adquisiciones militares y tecnológicas con un doble objetivo: blindar su aspiración de convertirse en un gran hub logístico regional y reforzar la defensa territorial en su lucha por la hegemonía regional con Argelia.

Según el último informe del Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (SIPRI), el gasto militar marroquí alcanzó en 2025 los 6.300 millones de dólares, un 6,6 % más que el año anterior, equivalente al 3,5 % de su PIB.

El repunte presupuestario de los últimos años ha impulsado un salto cualitativo en las Fuerzas Armadas Reales (FAR) de Marruecos. Su estrategia de modernización militar se concentra ahora en tres ejes clave: la defensa del espacio aéreo, el refuerzo de las tropas y la protección de infraestructuras estratégicas.

Entre los sistemas con los que cuenta Rabat figura el antiaéreo israelí ‘Spyder’, con capacidad de interceptación de hasta 80 kilómetros y radares de detección que alcanzan los 180 kilómetros.

Este sistema forma parte de una arquitectura de defensa aérea multicapa que integra también los ‘Barak MX’ israelíes y los sistemas chinos FD-2000B y ‘Sky Dragon 50’. En paralelo, Rabat ha incorporado en los últimos años misiles ‘Harpoon Block II’ de fabricación francesa, además de material estadounidense como cazas F-16.

Su flota de F-16 Fighting Falcon se verá reforzada por 25 aparatos adicionales en versión Block 70/72 'Viper'. A medio plazo, Rabat podría complementar esta capacidad con UAVs de ataque como el MQ-9 Reaper y sistemas de defensa antiaérea MIM-104 Patriot.

Estados Unidos envió el pasado 7 de abril una nueva flota de helicópteros de ataque AH-64E Apache a Marruecos como parte de un contrato estratégico firmado con Boeing en 2020 para la adquisición de 24 unidades, con opción de adquirir 12 más.

Un helicóptero AH-64E Apache. Boeing Omicrono

El envío ha constado de seis aeronaves, identificadas con los números de serie del 2407 al 2412, lo que eleva el inventario total en suelo marroquí a doce unidades.

Además, el Ejército Real de Marruecos se ha consolidado como uno de los más potentes de África al operar el M1A2 Abrams estadounidense.

F-35 Lightning II.

A ello se añade el reciente acuerdo de cooperación firmado entre Rabat y Washington para la próxima década, que permitirá al reino alauí acceder a numerosos sistemas de armas hasta ahora fuera de su alcance, incluidos los codiciados cazas F-35 —descartados por España— y avanzados sistemas de mando y control.

Asimismo, Rabat ha diversificado sus compras de material militar tanto para reducir su dependencia de la tecnología occidental -principalmente de Estados Unidos y Europa- como para sellar acuerdos de cooperación con nuevos actores del panorama internacional que, en muchos casos, se traduce en la apertura de centros industriales en el país.

Para consolidar este objetivo, el Reino ha impulsado una incipiente industria militar nacional mediante la construcción de fábricas de drones en las inmediaciones de Casablanca, en colaboración con la firma israelí BlueBird y la turca Baykar.

A finales de 2025, BlueBird, compañía israelí especializada en sistemas no tripulados, anunció oficialmente el despliegue de una planta de producción en territorio marroquí dedicada a la fabricación de munición merodeadora. En concreto, la firma establecerá una línea de montaje para su dron táctico "SPY-X".

Por su parte, la corporación turca Baykar fabricará el dron de combate "Bayraktar Akinci" en el país norteafricano, un proyecto que ejecutará a través de Atlas Defence, su empresa conjunta local.

A día de hoy, Marruecos cuenta con cerca de 200.000 militares en activo y 150.000 reservistas. Un amplio ejército que, por poner un ejemplo, supera al español que dispone de 133.000 soldados y 15.000 civiles en la reserva.

Sin embargo, esas cifras quedan muy lejos de las del ejército argelino, —conocido formalmente como el Ejército Nacional Popular—, que cuenta con un personal total estimado en torno a los 610.000 y 620.000 efectivos

Según los índices globales de defensa (Global Firepower), Argelia se posiciona como la segunda mayor potencia militar de África (solo por detrás de Egipto) y ocupa el puesto 26 a nivel mundial, mientras que Marruecos se sitúa en el sexto lugar, ocupando el puesto 56 a nivel mundial.

El Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI) asegura que Egipto, Marruecos y Argelia concentran aproximadamente dos de cada tres armas que llegan a todo el continente africano, aunque África globalmente solo representa el 4,3% de las importaciones mundiales de armas.

Sáhara Occidental y Argelia

Rachid el Houdaigui, experto del centro de estudios Policy Center for the New South, explicó a Efe que la política de rearme marroquí responde a una “adaptación progresiva a las nuevas orientaciones geoeconómicas del Estado” y a la transformación del entorno geopolítico y de seguridad regional.

La aspiración de Rabat de consolidarse como plataforma estratégica entre África, Europa y el resto del mundo obliga, según el analista, a reforzar la protección de infraestructuras logísticas, energéticas y digitales consideradas críticas para esa conectividad.

En el plano geopolítico, el desafío marroquí se articula en dos ejes: mantener la capacidad de disuasión clásica para la defensa territorial y, al mismo tiempo, contener amenazas asimétricas como el terrorismo y la inestabilidad regional.

“El objetivo no sería tanto aumentar el tamaño de las fuerzas como mejorar su eficacia operativa, su capacidad de reacción y su credibilidad estratégica”, precisó El Houdaigui.

Respecto al Sáhara Occidental y la tensión persistente con Argelia, el experto considera que la naturaleza y frecuencia de las adquisiciones militares reflejan una estrategia gradual de consolidación de capacidades.

Parte de estos sistemas están orientados a reforzar la vigilancia de la zona colchón —que representa cerca del 20 % del territorio saharaui y limita con Argelia y Mauritania— mediante capacidades de vigilancia y ataque remoto que permiten actuar sin una presencia permanente sobre el terreno, evitando así vulnerar el alto el fuego mientras se mantiene la presión disuasoria sobre posibles insurgencias.

Otros sistemas y programas en desarrollo responden directamente a un escenario de conflicto convencional de alta intensidad con Argelia, que sigue marcando la planificación estratégica regional.

En este contexto, Marruecos estaría avanzando en capacidades que permitirían aplicar tácticas de saturación contra las defensas antiaéreas de origen ruso desplegadas por Argel, en particular los sistemas S-300 y S-400. El empleo combinado de vectores de ataque diversos podría degradar estos escudos y facilitar una eventual superioridad aérea en las fases iniciales de un enfrentamiento.

Frente a ello, Argelia continúa reforzando su poder aéreo con la inminente incorporación de los cazabombarderos Su-34M, diseñados para misiones de ataque en entornos altamente defendidos.

Este paso se suma a la introducción del caza de quinta generación Su-57, consolidando un proceso de modernización que eleva el nivel tecnológico de su fuerza aérea y mantiene la competencia militar con Marruecos en un plano cada vez más avanzado.

Todo este salto tecnológico y militar responde a una lógica estratégica clara: modernizar sus Sistemas de Armas, acortar la brecha tecnológica y ganar peso en un entorno marcado por la rivalidad con Argelia, la inestabilidad del Sahel y la presión latente siempre sobre Ceuta y Melilla.