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Las claves

Estados Unidos mantiene su preocupación por el papel de entidades chinas en el suministro de tecnología y componentes vinculados a programas de misiles balísticos en Irán, Corea del Norte y Pakistán, aunque, en muchas ocasiones, se ha limitado a ofrecer ayuda indirecta en lugar de venderles armas directamente.

Aunque Washington sostiene que el Gobierno chino abandonó hace años la transferencia directa de tecnología sensible, distintos informes oficiales continúan señalando a empresas e individuos radicados en China como actores clave en redes de proliferación. Según un informe presentado en el Capitolio sobre la proliferación nuclear y de misiles de China.

La inquietud estadounidense se concentra especialmente en Irán. Así lo advierte un informe del Departamento de Estado publicado en abril de 2026 afirma que “entidades en China” constituyen la principal fuente iraní de “equipos, bienes y tecnología” utilizados en el programa de misiles balísticos de Teherán.

Eso incluía sustancias químicas utilizadas para producir combustible para misiles balísticos y componentes para drones, como conectores de radiofrecuencia y álabes de turbina.

Por todo ello, el Departamento del Tesoro estadounidense ha sancionado a empresas pantalla chinas que se crearon para suministrar a Irán piezas e ingredientes para misiles balísticos y drones.

De hecho, poco antes de que estallase la guerra de Irán, el régimen de los ayatolás estaba a punto de cerrar un acuerdo con China para la compra de misiles antibuque, concretamente los CM-302, con un alcance de unos 290 kilómetros, diseñados para evadir las defensas de los buques volando a baja altura y a gran velocidad.

La guerra ha contribuido a opacar los detalles de esta adquisición. De concretarse su entrega —algo poco probable en el actual contexto geopolítico—, estos misiles se situarían entre los sistemas más avanzados que China ha transferido hasta ahora a Irán, en desafío al embargo de armas impuesto por Naciones Unidas en 2006.

Una lanzadera con el YJ-12, la versión original china del CM-302 CASC Omicrono

Junto a ello, como ha señalado recientemente The New York Times, crecen las sospechas de que Irán estaría utilizando su acceso al sistema chino de navegación por satélite BeiDou —una alternativa al GPS estadounidense— con fines militares.

El pasado mes de marzo, una agencia del Congreso de Estados Unidos advirtió de que este sistema podría haber sido empleado para guiar los ataques con misiles y drones iraníes en Oriente Próximo. Algo que no ha podido ser confirmado.

Viene de lejos

Además, los informes anuales del Departamento de Estado correspondientes a 2024 y 2025 sostienen que “firmas e individuos chinos” trabajaron para suministrar tecnología y equipamiento susceptible de emplearse en el desarrollo de armas de destrucción masiva y sistemas de lanzamiento de misiles para programas considerados “de preocupación”, incluidos los de Irán, Corea del Norte y Pakistán.

Washington considera que parte de estas actividades se articulan mediante redes de aprovisionamiento y financiación asentadas en territorio chino.

En mayo de 2025, el Departamento del Tesoro sancionó a cuatro ciudadanos chinos y seis entidades con sede en China por su “participación en esfuerzos para ayudar al régimen iraní” a producir materiales críticos necesarios para su programa de misiles balísticos.

Pocas semanas antes, el 29 de abril de 2025, el Tesoro había anunciado sanciones contra cinco entidades chinas por su papel en una red dedicada a adquirir ingredientes para combustible de misiles balísticos “en nombre de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán”.

También el Departamento de Estado impuso en febrero de ese mismo año sanciones contra seis entidades radicadas en China por su implicación en la “adquisición de componentes clave” destinados a programas de misiles balísticos iraníes.

China es uno de los grandes socios de Irán y, por ello, tiene mucho en juego la guerra que enfrenta a EEUU e Israel contra el régimen de los ayatolás. Aproximadamente un tercio de sus importaciones totales de crudo proceden del golfo Pérsico.

Pakistán

Las autoridades estadounidenses advierten que estas actividades no se limitan a Irán. Ya en 2019, un informe del Departamento de Estado denunciaba que “entidades chinas” continuaban suministrando componentes controlados por el Régimen de Control de Tecnología de Misiles (MTCR) a programas balísticos en Irán, Corea del Norte, Siria y Pakistán.

La edición de 2023 del mismo informe añadía que Washington había trasladado a Pekín “varios casos” relacionados con transferencias de tecnología sensible realizadas por entidades chinas, aunque “la mayoría de esos casos siguen sin resolverse”.

En paralelo, Estados Unidos ha incrementado las sanciones vinculadas al programa balístico pakistaní. En septiembre de 2024, el Departamento de Estado sancionó a una entidad china por asistir a Pakistán en la adquisición de equipamiento utilizado para probar “motores cohete de gran diámetro”.

Ese mismo anuncio incluyó medidas contra otras tres entidades chinas y un ciudadano chino por actividades de proliferación relacionadas con misiles balísticos.

Meses antes, en abril de 2024, Washington ya había penalizado a tres empresas chinas acusadas de suministrar “artículos aplicables a misiles” al programa balístico pakistaní.

Corea del Norte

Las preocupaciones estadounidenses alcanzan también a Corea del Norte. Según el Departamento del Tesoro, Pyongyang continúa utilizando una red de representantes en China y otros países para obtener “componentes restringidos necesarios” para sus programas de armas de destrucción masiva y misiles.

Pese a estas acusaciones, Pekín mantiene públicamente su respaldo al régimen internacional de no proliferación. El director general del Departamento de Control de Armas del Ministerio de Exteriores chino, Fu Cong, afirmó en 2020 que “China está preparada para mejorar los intercambios y la cooperación en materia de no proliferación con todos los países”.

Más recientemente, el embajador chino para Asuntos de Desarme, Shen Jian, aseguró en agosto de 2023 que China cooperará para “preservar y fortalecer” las instituciones multilaterales de control de armas, desarme y no proliferación.