La nueva carrera espacial ha dejado de ser únicamente científica para convertirse en un pulso estratégico, industrial y de defensa entre potencias. Enrique Fraga, director de sistemas espaciales en GMV, advierte de que Europa se juega su relevancia tecnológica frente a Estados Unidos y China si no logra ganar escala, coordinar inversiones y reforzar programas comunes como Galileo, IRIS² o LEO PNT.
“Corremos el riesgo de convertirnos en más irrelevantes, de desarrollar programas en los que seamos soberanos pero irrelevantes”, alerta Fraga y sitúa el origen de esta transformación en la irrupción de nuevos actores y modelos de negocio que han alterado el equilibrio global del sector espacial. “Ahora estamos en un momento bastante disruptivo en el sector”.
Así lo asegura en una entrevista concedida al Observatorio de la Defensa de EL ESPAÑOL, donde destaca que “la disrupción de un jugador como Elon Musk, con SpaceX y Starlink, ha afectado a todo: a los programas de exploración, de telecomunicaciones y de defensa”, a lo que se suma el rápido ascenso de China como potencia espacial.
“China ha hecho un programa nacional, una política y una estructura nacional china, donde ellos han decidido lo que quieren ser de mayores y van muy fuertes también con una inversión institucional muy fuerte, generando tecnologías bastante disruptivas”, explica.
En este nuevo escenario, Europa intenta no perder su relevancia manteniendo su peso estratégico reforzando su autonomía tecnológica y aumentando la inversión en programas espaciales. Sin embargo, Fraga cree que el continente sigue arrastrando un problema estructural: la fragmentación política e industrial.
“Necesitamos visión europea y entonces será cuando Europa logre dar un paso fuerte al futuro”, sostiene el directivo de GMV. Asimismo, considera que Europa debe replantear su modelo de cooperación para competir frente a estructuras mucho más centralizadas como las de Estados Unidos o China.
“Europa claramente necesita reinventar el concepto de federación”, afirma. A su juicio, el reto consiste en combinar soberanía nacional y capacidad industrial europea compartida. “Tenemos que lograr tener soberanía en aquellos elementos que sean críticos y contribuir a un sistema común europeo”.
Fraga advierte además del riesgo de multiplicar iniciativas nacionales en detrimento de grandes programas europeos comunes como Galileo, Copernicus o IRIS². “Todo esto no nos va a llevar a donde queremos estar dentro de 10 años. Nos va a resolver un problema de corto plazo”, alerta.
Riesgo de ser irrelevante
La presión geopolítica y la creciente militarización del espacio han acelerado el debate sobre la soberanía tecnológica europea. Para Fraga, el problema ya no es solo competir comercialmente, sino evitar la irrelevancia estratégica.
“Corremos el riesgo de convertirnos en más irrelevantes, tener programas que seamos soberanos pero irrelevantes”, afirma.
El director de Espacio de GMV recuerda que Europa invierte muy por debajo de Estados Unidos y además lo hace de forma dispersa. “Si invertimos siete veces menos y encima no agrupamos la demanda y lo que hacemos es tener demasiada diversificación, va a ser un problema”, sostiene.
A su juicio, el sector espacial europeo necesita ganar competitividad industrial y reducir dependencias tecnológicas si quiere mantener peso estratégico en la próxima década. “La responsabilidad del dinero público es alimentar cosas competitivas, fomentar la competitividad en coste y en capacidad”, señala.
Utilizando como ejemplo el futuro avión de combate FCAS, como modelo de cooperación con excesiva fragmentación industrial y no como una crítica al programa en sí, Fraga sostiene que "No podemos convertir el espacio en un modelo tipo FCAS". "Eso no nos va a llevar a sitios que no queremos ir".
España gana peso en Europa
En este contexto, España se ha consolidado como la cuarta potencia espacial europea y ha incrementado su presencia en programas estratégicos continentales. “Tenemos una presencia muy importante en programas como Copernicus, Galileo, Govsatcom o IRIS²”, destaca Fraga.
El directivo reivindica además la competitividad tecnológica de la industria española en áreas como telecomunicaciones, observación terrestre o sistemas de navegación y posicionamiento.
La constelación de satélites IRIS² de la Unión Europea.
“GMV lidera uno de los dos programas de LEO PNT en Europa. Para eso hay que tener un nivel de representatividad muy alto”, explica.
Se trata del programa Celeste, un contrato de 78,4 millones de euros en el que GMV es responsable de la misión completa al frente de un consorcio europeo formado por OHB System AG, Alén Space, Beyond Gravity e Indra.
Según Fraga, el ecosistema espacial español ha logrado posicionarse gracias a una combinación de competitividad industrial y capacidad tecnológica. “Somos muy competitivos y muy buenos”, resume.
Pese al dominio comercial estadounidense, Fraga considera que Europa mantiene activos estratégicos de enorme valor. “Europa sigue teniendo el mejor sistema de navegación del mundo”, afirma.
Aquí, recuerda que GMV lidera precisamente el segmento terreno de Galileo, con más de 530 millones de euros en contratos con la ESA desde 2018 para las dos generaciones del sistema.
También destaca la apuesta europea por sistemas de navegación resilientes desde órbita baja. “Estamos invirtiendo en LEO PNT y vamos por delante de los americanos”.
En observación terrestre, Fraga reivindica el liderazgo europeo a través de Copernicus, aunque considera que aún existe margen para transformar esa ventaja tecnológica en negocio. “Los americanos estarían montando negocios alrededor”, lamenta.
El gran desafío, explica, es competir con un mercado profundamente condicionado por SpaceX y Starlink. “Starlink ha puesto 12.000 satélites, que es muy difícil competir con eso comercialmente”.
"Ahora mismo, estamos en una pantalla que tenemos que jugarla muy bien porque hay dinero que normalmente no era el caso, pero necesitamos visión europea y entonces será cuando Europa logre dar un paso fuerte al futuro".
Un dominio estratégico y militar
La guerra en Ucrania y las tensiones geopolíticas han acelerado además la dimensión militar del espacio. “El espacio se está militarizando arriba”, afirma Fraga.
El directivo alerta sobre los riesgos asociados a la proliferación de basura espacial y a la vulnerabilidad creciente de las infraestructuras orbitales críticas. “Es muy arriesgado destruir satélites o inhabilitarlos por la proliferación de basura espacial”, advierte.
Pese a ello, considera que Europa podría liderar iniciativas regulatorias internacionales en sostenibilidad orbital y tráfico espacial.
“Europa podría intentar jugar fuerte en la regulación del tráfico espacial y en la sostenibilidad del ecosistema espacial”.
Una tecnología crítica
Fraga concluye reclamando una estrategia europea de largo plazo que permita mantener autonomía tecnológica y competitividad industrial en un entorno global cada vez más tensionado.
“El espacio es una tecnología crítica presente, tanto de defensa como de ciencia, como de clima, como de comunicaciones, como de posicionamiento, pero a la vez siempre es una tecnología de futuro”, sostiene.
A su juicio, el espacio se ha convertido ya en un pilar estratégico para la seguridad, la economía, la defensa y la capacidad tecnológica de Europa en las próximas décadas.
Además, recuerda que, por ejemplo, "en exploración, Europa siempre ha sido pasajero". "Hemos ido en las naves americanas o en las naves rusas a la Estación Espacial Internacional".
Y en este sentido subraya que "No podemos tener una estrategia donde no tengamos ningún tipo de autonomía de poder implementarla". "Europa tiene que definir lo que quiere ser", concluye.
