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El mayor portaaviones del mundo ya está de vuelta en casa. El USS Gerald R. Ford (CVN-78), buque insignia de la US Navy y símbolo del poder naval estadounidense del siglo XXI, regresó este sábado a la base naval de Norfolk, en Virginia, tras completar un despliegue de 326 días que ya figura entre los más largos desde la Guerra de Vietnam.

La travesía, inicialmente concebida como una misión rutinaria de presencia naval en el Mediterráneo y el Atlántico Norte, acabó convirtiéndose en una operación de combate multinivel que llevó al grupo de ataque estadounidense desde el Caribe hasta el mar Rojo, pasando por dos de las principales crisis geopolíticas de los últimos meses: la caída del régimen de Nicolás Maduro en Venezuela y la ofensiva militar contra Irán.

A su llegada a Norfolk, el portaaviones fue recibido por el secretario de Guerra estadounidense, Pete Hegseth, quien convirtió el regreso del buque en una demostración pública de poder militar y resiliencia estratégica.

“Durante casi un año habéis mantenido la línea por nuestra nación”, afirmó Hegseth ante la tripulación a través del sistema de megafonía del barco. El secretario recordó que la misión llevó al grupo aeronaval “a lugares donde nunca esperaban estar”, desde el Mediterráneo hasta el Caribe y posteriormente Oriente Medio.

Hegseth destacó especialmente la capacidad del grupo de combate para operar simultáneamente en varios teatros estratégicos y lanzó un mensaje dirigido tanto a aliados como a adversarios: “Nadie puede igualar al USS Ford. Nadie puede igualar a las Fuerzas Armadas de EEUU”.

Con una eslora de 337 metros, más de 100.000 toneladas de desplazamiento y capacidad para embarcar alrededor de 75 aeronaves y 4.500 militares, el Gerald R. Ford representa la punta de lanza de la nueva generación de portaaviones nucleares estadounidenses.

Diseñado para operar durante décadas como núcleo de proyección global de la Marina estadounidense, incorpora sistemas electromagnéticos de lanzamiento de aeronaves (EMALS), radares de última generación y una automatización mucho mayor que la de sus predecesores de la clase Nimitz.

Un largo despliegue

El despliegue del Gerald R. Ford comenzó el 24 de junio de 2025 con ejercicios de la OTAN en el mar del Norte y escalas en el Mediterráneo. Sin embargo, la misión cambió de rumbo en otoño cuando Washington ordenó el desplazamiento urgente del grupo aeronaval al Caribe, en medio de crecientes rumores sobre una posible intervención contra el régimen venezolano.

La presencia del portaaviones terminó siendo decisiva en la operación estadounidense que culminó el 3 de enero con la captura del expresidente venezolano Nicolás Maduro, actualmente encarcelado en Nueva York a la espera de juicio. Según la información difundida por medios navales estadounidenses, el Ford sirvió además como plataforma para operaciones de interdicción marítima y captura de petroleros sancionados frente a la costa venezolana.

Tras más de cien días en el área de responsabilidad del SOUTHCOM, el grupo de combate volvió a cruzar el Atlántico rumbo a Oriente Medio para integrarse en la operación militar estadounidense contra Irán, iniciada el 28 de febrero.

La misión no estuvo exenta de problemas. Durante las operaciones en el mar Rojo, el portaaviones sufrió un importante incendio en una lavandería de a bordo que dejó más de 200 marineros afectados por inhalación de humo y obligó a interrumpir temporalmente las operaciones para efectuar reparaciones en Creta.

A ello se sumaron fallos recurrentes en el sistema de tuberías y daños estructurales derivados del fuego, que obligaron incluso a trasladar más de mil colchones desde el futuro portaaviones USS John F. Kennedy para reemplazar las zonas inutilizadas del buque.

El desgaste operativo también ha reabierto el debate sobre los límites de las grandes plataformas navales estadounidenses y el impacto psicológico de despliegues extremadamente prolongados sobre las tripulaciones.

El Ford cruzó el estrecho de Gibraltar en cuatro ocasiones durante esta misión y acumuló más de 57.000 millas náuticas recorridas, además de más de 12.000 lanzamientos de aeronaves.

Pese a ello, el Pentágono considera el despliegue un éxito estratégico. Durante la ceremonia de bienvenida, Hegseth entregó la Presidential Unit Citation, la máxima condecoración colectiva que puede recibir una unidad militar estadounidense por heroísmo en combate.

“Lo que honramos hoy es algo más raro: el alma colectiva de una unidad que afrontó los desafíos de la guerra moderna y mantuvo una determinación inquebrantable”, afirmó el secretario de Guerra.

Cambio de paradigma

El regreso del USS Gerald R. Ford simboliza además un cambio de paradigma en la doctrina naval estadounidense.

Lejos de las tradicionales misiones regionales, Washington está utilizando sus grupos de combate como instrumentos de respuesta rápida capaces de operar de manera simultánea entre Europa, América Latina y Oriente Próximo en un mismo despliegue.

Una señal clara de que la Marina estadounidense vuelve a prepararse para escenarios de confrontación global sostenida.