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Las claves

En el complejo tablero de la geopolítica actual, la victoria militar ha dejado de ser un concepto puramente operativo para convertirse en un fenómeno de supervivencia política. Esta es la tesis principal del General de Brigada Víctor Bados Nieto, director del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), quien en su reciente análisis "Consideraciones académicas al coste electoral de las guerras de elección en los EEUU", disecciona cómo el calendario electoral de una potencia puede ser tan determinante como el calibre de su artillería.

El informe, que combina el rigor académico con una cruda visión estratégica, sostiene que en las democracias modernas el éxito de un conflicto no se mide en kilómetros conquistados, sino en la sostenibilidad del apoyo ciudadano.

El General Bados introduce conceptos clave para entender la psique del votante estadounidense, como el llamado rally ’round the flag (agrupamiento en torno a la bandera). Según esta teoría, las crisis internacionales suelen otorgar un "balón de oxígeno" inmediato a la popularidad presidencial.

Sin embargo, el autor advierte que este fenómeno es un espejismo temporal. “Las crisis pueden reforzar momentáneamente el liderazgo, pero rara vez proporcionan una ventaja política duradera si no van acompañadas de resultados estratégicos claros”, señala Bados.

El estudio, centrado en el caso estadounidense, analiza cómo el calendario electoral, la opinión pública y la lógica partidista condicionan el uso de la fuerza militar.

Su conclusión es clara: los conflictos armados pueden ofrecer beneficios políticos a corto plazo, pero tienden a convertirse en un lastre electoral cuando se prolongan o generan costes visibles para la sociedad.

El análisis subraya que, si bien los presidentes no buscan la guerra por puro cálculo electoral, el entorno político interno “condiciona el momento, la intensidad y la duración del conflicto”. En definitiva, la política doméstica actúa como el regulador del termostato militar.

"Guerras por elección"

El artículo es especialmente incisivo al tratar las "guerras por elección": conflictos donde no existe una amenaza existencial inmediata. En estos casos, el apoyo público es un recurso finito que se evapora al mismo ritmo que aumentan las bajas y los costes económicos.

"Los aumentos de popularidad asociados a crisis internacionales tienden a desaparecer en cuestión de semanas o meses si no se ven reforzados por logros estratégicos visibles, pues se va diluyendo con el pasar del tiempo", subraya.

Trump e Irán pactan un alto el fuego

La historia reciente —Vietnam, Irak o Afganistán— sirve de telón de fondo para una conclusión rotunda: el factor determinante para el electorado no es el sacrificio en sí, sino la percepción de utilidad.

“Cuando la guerra se percibe como estancada o sin objetivos claros, el respaldo público disminuye rápidamente”, afirma el general, añadiendo que “las democracias pueden iniciar guerras, pero necesitan mantener el apoyo público para sostenerlas”.

Asimismo, el general Bados recupera la llamada diversionary war theory para explicar cómo las tensiones internas pueden proyectarse hacia el exterior. Según esta perspectiva, los líderes —sobre todo en sistemas democráticos dependientes del apoyo público— pueden verse tentados a usar la fuerza fuera de sus fronteras cuando enfrentan crisis políticas, económicas o de legitimidad.

“Cuando un gobernante percibe un deterioro de su posición interna, puede intentar modificar la agenda trasladando el foco del debate desde los problemas domésticos hacia el escenario internacional”, señala Bados.

La teoría subraya que política interna y política exterior forman parte de un mismo ecosistema de decisión: una condiciona a la otra. “En las democracias, la guerra por elección no es solo un fenómeno estratégico o militar, sino también una decisión marcada por cálculos electorales y dinámicas de legitimación interna”, asegura el general.

Irán vs. la Guerra del Golfo

Para sustentar su tesis, el director del IEEE recurre a dos estudios de caso que ilustran las caras opuestas de la estrategia militar contemporánea y su inevitable dimensión política.

El documento dedica un extenso apartado al conflicto actual con Irán, considerado por el autor como un laboratorio de vulnerabilidad electoral. La campaña, basada en ataques aéreos y presión estratégica indirecta, refleja una aparente contradicción entre doctrina y práctica.

Estados Unidos, recuerda el informe, busca evitar nuevos escenarios de desgaste prolongado y reorientar su atención hacia otras áreas de interés. Sin embargo, su implicación reiterada en Oriente Próximo vuelve a situar al poder político ante un dilema complejo.

“Cuanto más dure la guerra, mayores sean sus costes económicos y más se aleje de la promesa de evitar conflictos interminables, más probable será que se convierta en un factor de vulnerabilidad electoral”, advierte Bados.

El análisis pone el foco en las consecuencias económicas de la confrontación: la presión en el estrecho de Ormuz, el encarecimiento del crudo y la transferencia directa de sus efectos al coste de vida. “Las guerras se vuelven políticamente tóxicas cuando afectan al bienestar cotidiano del ciudadano”, subraya el general.

El informe describe la tensión con Teherán como un caso de elevada exposición política. Las fluctuaciones en el precio del petróleo y su impacto sobre la economía doméstica operan, apunta el autor, como auténticos detonantes de inestabilidad electoral. “Las guerras se vuelven políticamente tóxicas cuando afectan al bienestar cotidiano del ciudadano”, insiste Bados.

Como contraposición, el general identifica la Guerra del Golfo (1991) como el paradigma de la intervención “rentable”: una operación limitada, de ejecución rápida y bajo coste humano.

“La rapidez operativa, la claridad de objetivos y la percepción de victoria son claves para que una guerra genere beneficios políticos”, explica Bados. No obstante, el informe advierte que incluso ese rédito político se desvaneció con la misma velocidad que los éxitos militares en el campo de batalla.

La vigencia de Clausewitz

El documento concluye rescatando la lógica del estratega Carl von Clausewitz y su visión de la guerra como una "trinidad" entre el pueblo, el ejército y el gobierno. Si la conexión con el pueblo se rompe, la maquinaria militar se detiene, independientemente de su potencia de fuego.

“Las democracias rara vez pierden guerras por falta de capacidad militar, sino por la erosión del apoyo político interno”, sentencia el General Bados.

El mensaje final es una advertencia para los futuros líderes: en un mundo hiperconectado y de ciclos electorales vertiginosos, la batalla más difícil de ganar no es la que se libra en el desierto o en las montañas, sino la que se disputa cada día en la opinión pública.

Como bien resume el autor: “no basta con ganar en términos operacionales; es imprescindible sostener la legitimidad política del conflicto en el tiempo”. Es más, "los costes económicos y la erosión del apoyo público terminan transformándolo en un desgaste electoral que conduzca, a la larga, a la pérdida de la guerra".