Las claves
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Además del desarrollo de lanzadores, el panorama espacial español también cuenta con un importante tejido industrial centrado en el segmento de diseño, desarrollo y fabricación de satélites.
Dentro de este ecosistema, Indra adquirió la manchega Deimos en 2024 para dar como resultado Indra Space, la rama centrada en programas espaciales de la empresa presidida por Ángel Escribano.
"La unión con Indra Space ha supuesto un crecimiento exponencial de las capacidades y posibilidades", apunta Pablo Morillo, director de industrialización espacial en Indra Space, a EL ESPAÑOL con motivo del Small Satellites & Services International Forum (SSSIF) de Málaga.
Tras centrarse en un primer momento en el análisis de misión, la compañía fue poco a poco evolucionando y adquiriendo más capacidades tanto en el segmento de vuelo como en el de tierra.
Toda esa experiencia acumulada durante 25 años fue cristalizando en proyectos para la Agencia Espacial Europea (ESA) y la Comisión Europea, hasta llegar a la actualidad.
Uno de los programas en los que trabaja Indra Space y destaca Pablo Morillo es el que busca proporcionar comunicaciones satelitales entre controladores aéreos y tripulaciones.
El proyecto se articula a través de Startical, compañía formada por Indra y ENAIRE, que lanzó el satélite de comunicaciones llamado IOD-1 en marzo de 2025 como primer demostrador tecnológico.
Posteriormente, en junio de ese mismo año, Startical puso en órbita una segunda unidad para pruebas.
300 satélites
"Nosotros estamos trabajando en la solución para poder suministrar aproximadamente 300 satélites de este modelo", ha explicado Pablo Morillo.
Esta constelación "necesita que sus satélites se desplieguen de una manera relativamente rápida en órbita, por lo que el reto es la producción en un periodo muy corto de tiempo".
"El enfoque de industrialización debe entrar desde el principio", ha afirmado el ingeniero manchego. "Pasar de una mentalidad de producción de satélites antigua, casi artesanal, a otra más industrial".
En el mundo hay muy pocas compañías capaces de realizar este tipo de trabajos, tan sólo algunas como SpaceX, Amazon o Airbus.
"Lo ideal sería poder realizar la integración y la entrega en un plazo de aproximadamente un año", afirma Morillo.
El motivo es porque la vida útil de los satélites es muy limitada, con tiempos que van desde los 3 a los 7 años para este tipo de plataforma y órbita.
Si se abordara el despliegue de una manera más escalonada, los primeros satélites lanzados ya estarían al final de la vida útil y nunca se conseguiría la capacidad esperada de la constelación.
Satélite IOD-2 en la cámara anecoica
Startical ya ha probado el funcionamiento de las comunicaciones entre pilotos y controladores aéreos empleando su tecnología de transmisión por banda VHF.
Las comunicaciones entre controladores y pilotos en áreas tan complejas como océanos se realizan mediante el sistema ACARS, por el cual se envían mensajes de texto entre los centros de control y los ordenadores de los aviones.
Con la incorporación de tecnología de radio VHF, estas comunicaciones podrán realizarse usando la voz sin importar lo remoto del lugar desde donde el avión emite su señal de radiofrecuencia.
Esto permite una interacción mucho más directa y, sobre todo, de mayor calidad de audio entre ambas partes.
Proyecto DRACO
"Otro proyecto importante es DRACO", afirma Morillo. Se trata de un programa de seguridad espacial de un satélite de unos 200 kilogramos que "se va a lanzar para forzarlo a reentrar inmediatamente".
El objetivo de DRACO es "caracterizar este proceso de reentrada atmosférica destructiva", afirma el ingeniero.
"El satélite va a estar compuesto de una gran variedad de objetos de interés, de subsistemas, equipos y muestras de materiales que están sensorizados".
Durante el proceso de reentrada, el DRACO almacenará toda la información recogida en una "especie de caja negra que deberá sobrevivir" al rozamiento y las altas temperaturas.
La "caja negra se separará del conjunto y desplegará un paracaídas durante la etapa de descenso, momento en el que aprovecharemos para obtener toda la información".
"Lo que vamos a hacer es mejorar los modelos que los ingenieros usan para diseñar satélites, para que se puedan romper más fácilmente y evitar que lleguen fragmentos grandes a la superficie", afirma.
"Parece un poco contraintuitivo lo de lanzar un satélite para destruirlo, pero en realidad se busca la evidencia empírica".
LEO-PNT
Otro de los grandes programas internacionales en los que Indra Space está inmerso es el LEO-PNT (Low Earth Orbit - Position Navigation and Timing).
Impulsado por la propia ESA, la compañía española forma parte del contrato liderado por Thales Alenia Space en aspectos clave como el segmento de terreno y la plataforma que albergarán los instrumentos.
"Dicho de manera muy simple, es una especie de sistema de posicionamiento, como Galileo, en órbita baja", afirma Morillo.
Los sistemas de posicionamiento global satelitales (GNSS) se encuentran en órbitas geoestacionarias mucho más altas (MEO o Medium Earth Orbit) y están compuestos por satélites muy grandes.
Incremento de la resiliencia
La aproximación de LEO-PNT es proporcionar un incremento de la resiliencia y la cobertura de estos servicios de geoposicionamiento allí donde no pueden llegar las constelaciones convencionales.
Según lo describe la ESA, será especialmente útil para permitir la navegación por satélite en áreas urbanas muy congestionadas, bajo una vegetación densa, en regiones polares o incluso en interiores de edificios.
"Actualmente los satélites están terminando su fase de diseño y se prevé la integración a lo largo de este mismo año", ha explicado Morillo. El lanzamiento será, por tanto, en 2027.
El LEO-PNT se encuentra en la primera fase del programa y el consorcio en el que participa Indra Space tiene el encargo de fabricar un total de 4 satélites.
En cuanto a aplicaciones, Morillo señala que podrá ser también muy útil para "el control de flotas autónomas de vehículos" o en el terreno de Defensa cuando se requiera mayor nivel de rendimiento y precisión.
