Las claves
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Con más de 50 millones de dólares invertidos en una década en autonomía marítima, la compañía Sea Machines se posiciona en la fase final de evaluación para dotar a la US Navy de una nueva generación de buques de superficie no tripulados, en plena carrera estratégica frente a China.
Fundada en 2015 y especializada en sistemas de autonomía marítima, la empresa acaba de presentar como carta de navegación su nuevo STEAMRACER-class, un buque concebido desde su origen para operaciones plenamente no tripuladas.
En un momento en el que Washington acelera la transición hacia flotas distribuidas, robóticas y resilientes —con el Indo-Pacífico como escenario prioritario—, la propuesta busca romper con los largos ciclos de desarrollo que han lastrado otros programas. El mensaje es claro: capacidad probada frente a “promesas tecnológicas”, asegura la compañía.
La decisión final del programa de la Marina de Estados Unidos marcará no solo el futuro de un buque, sino el ritmo al que la autonomía naval se consolida como columna vertebral de la supremacía marítima estadounidense.
La US Navy lanzó el 28 de julio una convocatoria dirigida a la industria para el programa Modular Attack Surface Craft (MASC), instando a las empresas a presentar white papers y presentaciones detallando sus capacidades y propuestas de solución.
Concebido para responder a un entorno geopolítico y tecnológico en rápida transformación, el programa MASC —aún pendiente de adjudicación— aspira a reforzar la capacidad de la Marina para operar en escenarios disputados, consolidar una postura de fuerza más distribuida y resiliente y elevar de forma sustancial la eficacia de combate de la Armada.
El STEAMRACER se presenta como una solución “ready-now” y alineada con la doctrina de flota distribuida: más unidades, menos vulnerabilidad concentrada y mayor presencia persistente.
“Cuello de botella”
Superado ese cuello de botella tecnológico, la compañía asegura que ya cuenta con un “stack” de autonomía maduro, endurecido en operaciones y listo para integrarse con rapidez en plataformas concebidas desde el inicio para operar sin tripulación permanente.
El STEAMRACER es un buque de superficie autónomo que combina alta velocidad, gran autonomía, una cubierta modular abierta para cargas útiles intercambiables y un entorno de datos a bordo reforzado.
En su corazón late una arquitectura de mando remoto apoyada en inteligencia artificial, diseñada para operaciones distribuidas, escalables y sostenidas en el tiempo.
Aunque está concebido como plataforma “unmanned-first”, el STEAMRACER mantiene la capacidad de operar en configuración tripulada limitada y de corta duración si la misión lo requiere.
Esa dualidad ofrece flexibilidad operativa sin comprometer un diseño estructural orientado a la ejecución persistente sin personal embarcado.
La propuesta encaja con la apuesta de la US Navy por ampliar la producción de Medium Unmanned Surface Vessels (MUSV) y acelerar la incorporación de sistemas marítimos robóticos y autónomos.
El objetivo estratégico es claro: generar masa operativa, velocidad de despliegue y escalabilidad industrial frente a la competencia sistémica con China.
Soberanía tecnológica
El proyecto se apoya, según la compañía, en una sólida red industrial estadounidense. La construcción del buque se articula desde Florida, en colaboración con St. Johns Ship Building, TOTE Services, Ring Power, Incat Crowther y EMI-W&O, reforzando la capacidad de construcción naval doméstica.
En el ámbito de las comunicaciones seguras, clave para cualquier sistema no tripulado, Sierra Nevada Company aportará su solución Maritime Advanced Secure Transmission (MAST), basada en una arquitectura abierta y escalable con estándares avanzados de ciberseguridad.
El enfoque entronca con la orden ejecutiva presidencial orientada a revitalizar el dominio marítimo estadounidense y fortalecer la base industrial nacional.
En un entorno en el que la disuasión ya no depende solo del tonelaje, sino también de la conectividad y la resiliencia digital, la autonomía se consolida como multiplicador estratégico.
Entrega operativa
Frente a propuestas aún en fase de prototipo, Sea Machines reivindica una capacidad validada, probada operativamente y preparada para escalar al ritmo que exige la competición en el Indo-Pacífico.
La cuestión de fondo trasciende el propio programa. En la pugna tecnológica y naval entre Washington y Pekín, la Marina estadounidense no puede permitirse desarrollos interminables que dilaten la transición a capacidades reales: la ecuación estratégica exige entrega, no solo innovación.
