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Las claves

La Royal Navy ha situado la transición hacia una “flota híbrida” —integrada por plataformas tripuladas y sistemas no tripulados— en el centro de su estrategia para imponerse en los conflictos navales del futuro.

Así lo afirmó el First Sea Lord, Sir Gwyn Jenkins, durante la Conferencia Naval de París, celebrada este mes de febrero, donde defendió que el éxito dependerá de la rapidez con la que la Marina británica logre integrar tecnologías autónomas emergentes con sus medios tradicionales.

Este nuevo concepto de “flota híbrida” se articula en torno a tres ejes. Atlantic Bastion, orientado a proteger las aguas sensibles y las líneas de comunicación marítimas de la OTAN; Atlantic Shield, que refuerza la defensa aérea sobre el vulnerable flanco norte; y Atlantic Strike, diseñado para garantizar que cualquier potencial agresor sepa que, si golpea primero, el Reino Unido tiene la capacidad de responder con contundencia.

Una pieza central de esta visión es la creación de un ala embarcada híbrida, integrada por cazas tripulados, plataformas autónomas colaborativas, drones desechables y misiles de largo alcance.

Paralelamente, se desarrollan estudios para definir la futura combinación de fuerzas tanto en el ámbito de superficie como en el submarino.

Gwyn Jenkins, nuevo jefe de la Marina Real británica: "La disuasión nuclear es nuestra máxima prioridad" Sir Gwyn Jenkins Ministerio de Defensa británico

Como recalcó Jenkins en París, la prioridad inmediata es lograr una integración eficaz entre humanos y máquinas. “El reto es ver con qué rapidez podemos incorporar estos sistemas autónomos para combatir junto a la flota”.

“El mundo tecnológico nos ha enseñado cómo hacerlo: a través de una introducción incremental y desarrollo en espiral, mediante el fracaso y el aprendizaje del fracaso, para obtener ventajas reales en capacidad”, explicó.

Aunque la guerra naval ya ha experimentado profundas transformaciones a lo largo de la historia, Jenkins advirtió de que la velocidad a la que evolucionan hoy los sistemas autónomos y no tripulados constituye un desafío sin precedentes.

A su juicio, las lecciones del conflicto en Ucrania demuestran que las marinas no pueden permitirse demorar su adaptación.

“Nuestras organizaciones tienden a ser bastante cautelosas por naturaleza, lo cual siempre me resulta irónico, porque somos combatientes y asumimos riesgos por definición”, señaló. “A menudo adoptamos la actitud de ‘voy a esperar a ver cómo se desarrolla la tecnología y haré el cambio cuando esté madura’.”

“Eso está bien —añadió—, siempre y cuando no te toque entrar en guerra con alguien que ya haya completado la transición, porque en ese caso perderás”.

“El arte consiste en entender hacia dónde avanza esta tecnología y cómo maximizar las posibilidades de no quedar rezagados.”

“Quiero ser la fuerza que gana, no la que lamenta no haber dado el paso a tiempo”, concluyó.

Capacidades tripuladas y no tripuladas

Jenkins citó varios ejemplos de cómo la Royal Navy ya está integrando capacidades tripuladas y no tripuladas en los planos conceptual, organizativo y operativo. En el plano conceptual, la Royal Marines Commando Force ha evolucionado en la última década hacia un modelo híbrido, centrado en operaciones distribuidas y en el apoyo a ataques litorales.

En el ámbito organizativo, la Marina está experimentando con su sistema PODS (Persistent Operational Deployment System), basado en contenedores modulares embarcables en plataformas tripuladas y no tripuladas, capaces de integrar distintas cargas útiles, incluidos sistemas autónomos.

En cuanto a capacidades, se trabaja para disponer de un ala embarcada híbrida antes de que finalice la década, con el objetivo de realizar el primer lanzamiento de una plataforma autónoma a reacción desde un portaaviones británico entre finales de 2026 y principios de 2027.

Estos avances reflejan tanto la lógica como la urgencia de la transición. “Ya estamos en esa trayectoria, porque no hay alternativa. Cada buque debe ser un portador de drones: la cuestión es la escala y el tipo de operaciones que puede sostener”, explicó.

Asimismo, se están impulsando medidas para acelerar la incorporación de sistemas no tripulados a la flota de superficie. Este cambio hacia un diseño de fuerza híbrida se sustenta en un enfoque de “sistema de sistemas”, que prevé una flota digitalizada y resiliente, resultado de la integración entre buques tripulados y sistemas autónomos.

Más allá de las capacidades

Este planteamiento no es nuevo. En la Conferencia Internacional de Poder Marítimo de finales de 2025, Jenkins fue tajante: “No estamos hablando de tecnología futura. Es tecnología que ya existe y tenemos un plan para ponerla en servicio”.

Para ello, el Reino Unido cuenta con el Warfighting Ready Plan 2029. Un plan que, según indicó, “va más allá de las capacidades. Trata de liderazgo. Necesitamos líderes de combate, y por eso hemos puesto en marcha un programa para revisar cómo formamos a nuestros oficiales en la Royal Navy y en los Royal Marines”.

“Porque el combate es una mentalidad, el combate es una disciplina orientada a la acción, y el combate marca la diferencia entre la disuasión y la vulnerabilidad”.

No obstante, Jenkins también subrayó la dimensión colectiva del desafío: “No podemos hacer esto solos".

"Necesitamos que la industria avance al mismo paso que nosotros, y necesitamos aliados. Necesitamos que nuestros aliados se unan a nosotros para proteger estos mares, para proteger nuestros cables de datos, nuestra energía y nuestras líneas de suministro. Debemos ser más que la suma de nuestras partes: ese es el sentido de nuestras alianzas”, concluyó.