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Con la finalización del New START hace poco más de una semana, el tratado de contención de los arsenales nucleares rubricado entre EEUU y Rusia deja de tener validez y ambas potencias militares tienen carta blanca para reforzar su capacidad de armamento radiactivo.

Este acuerdo era el último hilo de control que se mantenía entre Washington y Moscú desde la caída de la Unión Soviética y el final de la Guerra Fría.

Aunque el mismo día que expiraba el tratado —el 5 de febrero— ambos países mantuvieron una serie de reuniones hasta última hora, hoy por hoy, no existe límite alguno para el rearme nuclear y el incremento de ojivas en uno y otro ejército.

Rusia ya ha declarado que se ceñirá al tratado New START expirado si desde Estados Unidos hacen lo mismo, algo que Trump ha rechazado, según recoge Reuters.

El objetivo de Trump es conseguir un tratado "nuevo, mejorado y modernizado", en lugar de una extensión del anterior, y dar cabida a China como la tercera potencia.

Esta situación abre un nuevo escenario de equilibrios entre ambas potencias —y bajo la atenta mirada de los otros jugadores—, sobre todo teniendo en cuenta que Rusia es el país con más cabezas de guerra nucleares de todo el planeta.

Por su parte, Estados Unidos llevaba años manteniendo las capacidades nucleares de su arsenal, con cambios menores a medida que se iban jubilando plataformas o sistemas de misiles e incluso paralizando algunos programas que les habrían hecho avanzar.

Trump y Putin en Alaska Reuters

Con el punto y final del New START, y a la espera de que las negociaciones entre ambos países alcancen buen puerto, en el Pentágono ya se ha rescatado la idea de reanudar algunos proyectos que habían quedado en los cajones.

"La finalización del New START nos permite optimizar nuestro enfoque y dedicar más recursos a nuestra misión principal: garantizar una disuasión nuclear segura y eficaz", ha explicado un portavoz del Comando de Ataque Global de la Fuerza Aérea de EEUU (AFGSC) a TWZ.

Estas palabras del portavoz militar sólo significan un incremento de la rama nuclear estadounidense con el objetivo de afianzar e incrementar esa "disuasión nuclear".

"Esta transición mejora nuestra preparación operativa y nuestra capacidad de responder al llamado de la nación", asegura el mismo portavoz.

Por el momento y de forma oficial, tanto desde el Pentágono como desde la Casa Blanca han optado por mantener un perfil bajo, lo que se puede atribuir a la intención de mantener una futura reunión, probablemente a tres bandas si finalmente incluyen a China.

Mientras todo esto ocurre, en Europa ha surgido una corriente muy importante para el impulso de la dimensión nuclear en el ámbito de la defensa, con países como Italia o los tradicionalmente 'atómicos' Francia y Reino Unido.

Minuteman

Además de la rama submarina, la disuasión nuclear desde tierra y desde el aire se sustenta actualmente en tres pilares: los misiles intercontinentales Minuteman III, los misiles de crucero AGM-86B desplegados desde B-52 y las bombas termonucleares B61-12 lanzadas desde cazas F-35.

Mientras que este último eje es el más moderno —la primera bomba B61-13 se completó hace menos de un año y el F-35 se certificó para ello hace dos— los otros dos han ido adelgazando en capacidades de forma notable en las últimas décadas.

Si bien el portavoz del AFGSC evita entrar en la postura de las Fuerzas Armadas, sí reconoce que el Comando de Ataque que representa "mantiene la capacidad y el entrenamiento para MIRV dentro de los misiles balísticos intercontinentales Minuteman III".

También recoge la posibilidad de "convertir toda la flota de B-52 en plataformas de ataque de largo alcance con capacidad dual si así lo ordena el presidente" Trump.

Comenzando por el misil balístico, con MIRV el portavoz se refiere a los múltiples vehículos de reentrada independientes que cada Minuteman III puede equipar y con los que atacar diferentes ubicaciones lanzando una sola plataforma.

Cuando la Fuerza Aérea de EEUU comenzó a desplegar los Minuteman en la década de los 70 del siglo pasado, cada uno de los misiles podía llevar en su interior 3 de esos vehículos equipados cada uno con una cabeza de guerra nuclear de unos 335 kilotones.

Misil intercontinental nuclear Minuteman III en el silo de lanzamiento Bob Wickley / Wikimedia

A medida que fueron pasando las décadas y los tratados de control de armamento nuclear se fueron firmando con Rusia, el misil Minuteman fue recortándose en capacidades. La versión más reciente que se encuentra activa, correspondiente con Minuteman III, equipa una sola cabeza de guerra.

Esta importante reducción se ve complementada con la retirada del arsenal de los misiles intercontinentales Peacemaker en el año 2005.

Con la expiración del New START, el Pentágono tiene la pista libre para comenzar a replantear al alza en capacidades el desarrollo de los misiles intercontinentales Sentinel, que reemplazarán a los Minuteman III.

Se trata de una idea que ya ha ido rondando por los despachos del Departamento de Guerra —antes Departamento de Defensa— del país americano en los últimos tiempos y fundamentalmente tras la invasión de Ucrania.

"Creo que debemos tomar en consideración ver cómo podemos volver a añadir más MIRV a los misiles balísticos intercontinentales", señaló en 2024 Anthony Cotton, general de la Fuerza Aérea y por entonces jefe del Comando Estratégico de EEUU, ahora retirado.

El programa Sentinel está enfrentando muchas críticas por los retrasos acumulados en el desarrollo y los importantes incrementos en los costes, una situación que podría volverse más demandante si deciden realizar estos cambios.

Actualmente y según fuentes oficiales, Estados Unidos cuenta con un total de 400 misiles intercontinentales Minuteman III en servicio y listos para ser lanzados desde silos subterráneos.

Bombarderos

Junto a los Minuteman III, los bombarderos B-52 conforman otro vector de ataque nuclear estadounidense. Según cifras oficiales, de las 72 unidades que componen la flota de este modelo, 30 tan sólo pueden emplear munición convencional (no nuclear).

La reconversión de esta treintena de aeronaves a plataformas nucleares completas podría jugar un papel clave en el potencial rearme de Estados Unidos.

En 2024, el propio Congreso estadounidense, con Biden en la Casa Blanca, comenzó a sentar las bases para restablecer las capacidades nucleares a los B-52 que tan sólo pueden lidiar con armamento convencional.

"El tratado expira en 2026, y la posibilidad de que Rusia se siente a la mesa para entablar conversaciones serias sobre el control de armas es increíblemente improbable", señaló en 2024 el presidente de la Comisión de Fuerzas Armadas de la Cámara de Representantes, Mike Rogers.

"Necesitamos estar preparados para afrontar un entorno nuclear sin las limitaciones del tratado", aseguró.

B-52 soltando una GBU-57 durante unas pruebas técnicas Departamento de Defensa de EEUU

El analista Mark Gunzinger, que además es veterano de la Fuerza Aérea de EEUU y voló en el B-52, afirmó que "la restauración podría realizarse sin mucha dificultad".

"El cableado necesario probablemente todavía esté en su lugar y los componentes físicos que se habían quitado podrían reinstalarse".

También existen voces en contra de este proceso, como la del representante demócrata Adam Smith, quien aseguró que llevar a cabo estos trabajos costaría "gran cantidad de dinero".

Máxime cuando la propia Fuerza Aérea se encuentra asumiendo el gasto de alargar la vida operativa de los B-52 hasta más allá del 2050 y el bombardero B-21 estaría relativamente cerca de entrar en servicio.

En el proyecto de ley anual sobre política de defensa para el año fiscal de 2025 —ya expirado—, el Congreso autorizó a la Fuerza Aérea a convertir los 30 B-52 a una configuración de doble capacidad —nuclear y convencional— tras la expiración del New START, aunque no se contemplaron tiempos ni fondos ni obligatoriedad.