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Rusia está empecinada en concretar la mayor cantidad de ventas posibles del caza furtivo Su-57. En este sentido, el ministro ruso de Industria y Comercio, Anton Alikhanov, ha anunciado que Moscú ha firmado nuevos contratos para la exportación a -al menos- un país de Oriente Próximo de su avión de combate de quinta generación.

"Existe un gran interés y se han firmado algunos contratos, aunque no puedo revelar los detalles", ha señalado Alikhanov, durante la feria Innoprom, en Arabia Saudí.

En este marco, el ministro ruso ha asegurado que la variante de exportación de la aeronave, el Su-57E, "se encuentra entre los mejores aviones del mundo, posiblemente el mejor en la actualidad" y ha destacado que "ha sido probado en combate". Sus palabras alimentaron una oleada de especulaciones sobre qué países podrían haberse sumado a la lista de clientes del caza de quinta generación ruso.

El anuncio ruso llega en un contexto regional donde las fuerzas aéreas buscan modernizar urgentemente sus arsenales. En Oriente Próximo, el único usuario actual de cazas furtivos es Israel, que posee una amplia flota de F-35 que han sido adaptados a sus necesidades operativas.

En consecuencia, la introducción del Su-57 en el mercado podría alterar sensiblemente el equilibrio aéreo en la región, especialmente si se tiene en cuenta que, entre los potenciales compradores, los analistas señalan a Irán como el candidato más probable.

En octubre de 2025, el colectivo de hackers Black Mirror filtró documentos de la corporación estatal rusa Rostec que revelaban un plan de entrega de 48 Su-35 a Teherán, como parte de un acuerdo más amplio que incluía también varios cazas para Argelia y Etiopía.

Los informes indicaban que la Fuerza Aérea iraní pretendía usar los Su-35 como paso intermedio hacia la futura adquisición del Su-57, más complejo y sofisticado.

Sukhoi Su-57 en pleno vuelo TASS

Actualmente, Irán mantiene una flota de alrededor de 300 cazas de origen estadounidense -principalmente F-4E y F-5E/F- que se remontan a los años 70. Reforzar sus defensas con tecnología rusa supondría para Teherán un salto tecnológico capaz de disuadir posibles ataques y modificar su capacidad de disuasión frente a Israel y Estados Unidos.

No obstante, aunque el Su-57 habría sido en un principio la opción preferida de Irán, sus necesidades inmediatas de seguridad han llevado al país a priorizar el Su-35, más económico y fácil de integrar en su infraestructura existente. Sin embargo, todo indica que Irán sigue observando el Su-57 como un horizonte estratégico a medio plazo.

Los Su-57 argelinos

El anuncio del Kremlin ha coincidido con un hecho confirmado: Argelia se ha convertido en el primer país, además de Rusia, en operar el Su-57. La noticia se corroboró mediante un vídeo viral, grabado por un agricultor de patatas argelino, donde se distingue la silueta característica del caza furtivo sobrevolando las colinas del norte argelino, en las proximidades de la base militar de Oum El Bouaghi.

La información concuerda con filtraciones de Rostec que, en 2025, señalaban un pedido argelino por 12 Su-57, valorado en unos 2.000 millones de dólares (1.680 millones de euros), transacción sobre la que se rumoreaba desde hacía varios años pero que ninguna de las partes había confirmado oficialmente.

La incorporación de estos cazas de quinta generación supone un hito en la modernización de la Fuerza Aérea Argelina que, al mismo tiempo, profundiza su dependencia de armamento ruso. A su vez, podría inquietar a sus vecinos, en especial a Marruecos, con el que Argel mantiene una larga disputa territorial y fronteras cerradas desde 1994.

En Washington, el Departamento de Estado ha advertido que este tipo de transacciones podrían activar sanciones bajo la ley CAATSA, diseñada para castigar la cooperación con la industria militar rusa.

"Este acuerdo de armas es uno de los asuntos que Estados Unidos considera problemáticos", declaró al respecto Robert Palladino, director de la Oficina de Asuntos del Cercano Oriente del Departamento de Estado, ante un comité del Senado la semana pasada.

Más allá del aspecto diplomático, el despliegue del Su-57 en África altera el equilibrio militar del sur del Mediterráneo y del flanco sur de la OTAN. La presencia de cazas furtivos de origen ruso tan cerca del espacio aéreo europeo introduce nuevos desafíos de inteligencia y defensa aérea para las fuerzas de la Alianza Atlántica.

Negociaciones con India

El impulso exportador del Su-57 no se limita a África ni a Oriente Próximo. Rusia e India avanzan hacia un acuerdo de producción local bajo licencia que consolidaría su posición como el principal cliente extranjero del aparato.

A finales de enero de 2026, tanto Moscú como Nueva Delhi confirmaron que las conversaciones habían alcanzado una "fase técnica avanzada", con la posibilidad de establecer una línea de ensamblaje en territorio indio.

En este sentido, Vadim Badekha, director ejecutivo de la rusa United Aircraft Corporation, explicó que se prevé aprovechar las instalaciones que actualmente se emplean para fabricar el Su-30, adaptándolas a la producción del Su-57.

"Estos contratos determinarán la trayectoria de nuestra cooperación para las próximas décadas", afirmó el directivo ruso, destacando la intención de integrar componentes de la industria india en el nuevo caza.

Sukhoi Su-57 Anna Zvereva Omicrono

Este movimiento no solo refuerza la alianza estratégica entre Rusia e India, sino que también responde a la competencia internacional en el mercado de cazas de quinta generación, dominado hasta ahora por Estados Unidos y su F-35.

El Su-57, conocido por la OTAN como 'Felon', representa la culminación de dos décadas de desarrollo del programa ruso de cazas furtivos. Gracias a su participación en operaciones de combate en Ucrania, Rusia presume de haber sometido al aparato a pruebas de combate reales que incluyen misiones de supresión de defensas aéreas y enfrentamientos aire-aire.

Esa experiencia, según el Kremlin, le otorga una ventaja sobre otros modelos contemporáneos aún no probados en conflictos de alta intensidad.

Así, Los hipotéticos nuevos contratos en Oriente Próximo, unido a la consolidación del Su-57 en Argelia y los avances del programa indio, confirman que Rusia busca convertir a su caza estrella en punta de lanza de su política exterior y comercial.