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Las claves

La Japan Air Self-Defense Force (JASDF) ha dado un paso clave en la modernización de sus capacidades militares al inducir formalmente en servicio sus primeros cazas F-35B, la variante de despegue corto y aterrizaje vertical (STOVL) del caza de quinta generación desarrollado por Lockheed Martin.

La ceremonia oficial tuvo lugar el 7 de febrero en la Nyutabaru Air Base, en la prefectura de Miyazaki, y simboliza la adaptación japonesa a un entorno de seguridad regional cada vez más exigente.

A diferencia de los cazas convencionales, el F-35B puede operar desde pistas muy cortas o incluso aterrizar verticalmente, lo que amplía de forma notable las opciones de despliegue.

Esta capacidad permite dispersar los aviones, reducir su vulnerabilidad y mantener la operatividad incluso si las bases aéreas principales resultan dañadas.

Para Japón, supone una ventaja estratégica crucial en un archipiélago extenso y con múltiples escenarios potenciales de crisis.

Un club muy exclusivo

Con esta incorporación, Japón se convierte en el cuarto país del mundo en operar el F-35B, junto a Estados Unidos, que fue el primer usuario mundial de estos cazas, que son actualmente la columna vertebral de su aviación embarcada y expedicionaria; Reino Unido e Italia, sumándose así al reducido “club STOVL”.

Los tres primeros aparatos de Japón ya han sido asignados a la JASDF y están basados en Kyushu, desde donde pueden alcanzar con rapidez las islas Ryukyu, el mar de China Oriental y el entorno de Taiwán.

Aunque los F-35B pertenecen a la Fuerza Aérea, su empleo será principalmente desde los portaaviones ligeros Izumo y Kaga, actualmente en proceso de transformación.

Estos buques pertenecen a la Japan Maritime Self-Defense Force (JMSDF), pero los cazas permanecerán bajo mando aéreo, reforzando la interoperabilidad entre fuerzas sin alterar la cadena de control.

Un programa a largo plazo

La decisión japonesa forma parte de un plan más amplio aprobado en 2018, que contempla la adquisición de 105 cazas F-35. De ellos, 42 corresponden a la versión F-35B, destinados a complementar a los F-35A ya desplegados en otras bases del país.

El primer F-35B japonés se completó en 2024 y permaneció en Estados Unidos para entrenamiento y pruebas; los aparatos destinados al servicio doméstico comenzaron a llegar en 2025.

El Ministerio de Defensa ha anunciado que cuatro unidades adicionales se incorporarán antes de marzo de 2026.

Más allá de la tecnología, la entrada en servicio del F-35B envía un mensaje político y estratégico claro: Japón apuesta por una fuerza aérea más flexible, resiliente y preparada para operar en escenarios complejos, en línea con los desafíos crecientes del Indo-Pacífico.

Con ello, Tokio refuerza su capacidad de disuasión y su papel como actor clave en la seguridad regional.