Al final Mearsheimer va teniendo razón. El siglo XXI le va dando la razón al viejo cabrón malencarado, pesimista, brillante neorrealista y neoyorquino de 78 años (en aparente excelente forma física).

Con Trump, Putin y Xi a los mandos, los dogmas de la teoría realista ofensiva de las Relaciones Internacionales se van fijando: "los estados no pueden estar seguros de las intenciones de otros estados, especialmente de sus intenciones futuras", "la cooperación entre estados es difícil de lograr y aún más difícil de mantener" o "las grandes potencias no actúan como agentes morales sino como maximizadores de poder".

Otros puntos clave de la teoría sostienen que "la mejor manera de que un Estado garantice su supervivencia es convertirse en el actor más poderoso del sistema" o que "en política internacional, las buenas intenciones suelen ser irrelevantes".

Esta semana, Jordan Peterson me recordaba aquella cita de Nietzsche en El ocaso de los dioses que decía que "aquel cuya vida tiene un por qué puede soportar casi cualquier cómo".

Si junto a Mearsheimer con Nietzsche me sale que Europa, España y su industria de Defensa tienen un paso al frente que dar.

Tengo esperanzas de que, cuando miremos hacia atrás dentro de 25 años, nuestra industria de Defensa nos hará sentirnos orgullosos.

Si junto a Mearsheimer con Nietzsche me sale que Europa, España y su industria de Defensa tienen un paso al frente que dar

Tal y como lo veo, debe tomar conciencia hoy, no obstante de que, además de innovar y dar la siempre cumplida respuesta a los requerimientos de nuestras Fuerzas Armadas, su papel debe parecerse al de la banca en los 90 o las tecnológicas en los 2000.

Al mundo se le está poniendo una cara de Mearsheimer que no le cuadra el perfil bajo de una industria tan crucial. Hay un desajuste ahí.

El mundo no se lanzó a los brazos de Internet en los 90-2000 sin un Bill Gates con cara y un Microsoft o una Telefónica que cogieran los mandos.

Hoy, está pendiente una estrategia (y debe ser exclusiva de cada empresa) que sitúe en el lugar social que le corresponde al sector que creará miles de empleos mientras innova y protege nuestras vidas y nuestro modo de desarrollarlas en España y Europa.

Lo diré de otro modo: si, como parece, se acaba la época dorada del poder blando, las empresas que impulsarán el necesario cambio a un endurecimiento del ejercicio de ese poder, deben estar en primera fila.

De otro modo más, más español: si las curvas de Indra y Telefónica se entrecruzan mientras se intercambian, eso sólo es un signo más de que debe haber una mayor implicación social de la industria de Defensa con la sociedad a la que sirve.

En el mundo ya no hay esferas de superpotencias. Hay naciones-halcón. Y solo hay hueco para tres

En el mundo ya no hay esferas de superpotencias. Hay naciones-halcón. Y solo hay hueco para tres.

Europa está en la encrucijada de definirse como tal o como paloma; negándole o dándole por tanto el carácter depredador a Rusia y la posibilidad de unirse a la categoría de EEUU y China.

Es la industria de Defensa, nuestra industria, que debe conocer todo ciudadano como en el pasado conoció a las entidades financieras principales, los fabricantes de software básicos o las plataformas sociales más importantes, la que está facultada para proporcionar las herramientas para esa transición.

Como diría una IA redactora, desde la operación de EEUU en Caracas, "nuestro modo de vida no se discute, se defiende". Entiendo como nadie la dificultad de ser 27 y no 1. Puede que haya que hacer una alianza de los voluntariosos —qué traducción más horrible— más decidida, pues.

Tengo claro que debemos demostrar que el pedante de Mearsheimer se equivocó al menos cuando escribió eso de que "Occidente está llevando a Ucrania por un camino engañosamente prometedor".

Para ello hay muchos cambios políticos que implementar, seguro, pero también una transvaloración que conseguir (por seguir hablando en términos nietzscheanos): nuestra industria de Defensa, junto con la profesionalidad de nuestros soldados y el valor y la determinación de nuestra población es la punta de lanza del nuevo necesario lema, no te metas con Europa o saldrás escaldado.

Tiene que ser así... o será la nada. Antinihilista que se ha levantado uno...