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Si hace tan solo 48 horas, hablábamos de una reapertura parcial del estrecho de Ormuz gracias a la tenacidad de la Marina estadounidense, Irán ha respondido con la mayor ofensiva contra petroleros desde que empezó la guerra.

Entre el 28 de septiembre y el 4 de octubre, 10 petroleros fueron alcanzados en la zona, según la consultora Kpler, batiendo el récord semanal anterior, que era de seis.

Las consecuencias sobre el tráfico fueron inmediatas y, si el domingo y el lunes cruzaban más de 20 buques de mercancías cada día, el martes lo hacían solo siete, la cifra más baja desde el 23 de julio, y el número apenas se elevaba a 10 el miércoles.

Aunque el recuento no incluye a los barcos que cruzan con el transpondedor apagado para no ser detectados, seguimos muy lejos de los 125 grandes mercantes que atravesaban Ormuz a diario antes de la guerra.

En su último ataque, Irán incluso se permitió distanciarse del estrecho y extender así la amenaza: el miércoles por la tarde, varios proyectiles alcanzaron al Acers, un carguero de productos químicos con bandera de Antigua y Barbuda, a unos 94 kilómetros de la costa norte de Catar, ya en el interior del Golfo Pérsico.

Según fuentes de seguridad marítima citadas por Reuters, varios tripulantes sufrieron heridas leves.

Era la primera vez desde el 9 de septiembre que Teherán atacaba un buque tan lejos de Ormuz; la consultora de riesgo marítimo Clearwater Dynamics advirtió este jueves de que el ataque abre la posibilidad de que el combate "afecte a los accesos a Catar, Bahréin, Arabia Saudí, Kuwait e Irak".

El régimen de los ayatolás no ha reivindicado oficialmente los últimos ataques, pero tampoco oculta sus intenciones.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, saluda antes de embarcar en el Marine One a su salida hacia Denton, Texas, en el césped sur de la Casa Blanca. Evan Vucci Reuters

Mohamad Reza Naqdi, asesor del comandante de la Guardia Revolucionaria, anunció anteayer a la agencia Fars que las rutas "ilegales" del estrecho se cerrarán pronto, en referencia al corredor de la costa omaní que habían abierto los estadounidenses.

"El estrecho de Ormuz está cerrado, y las fuerzas armadas de la República Islámica de Irán tienen el control total sobre él", aseguró.

Según palabras a Reuters de un alto cargo regional, Irán habría advertido a sus vecinos de que considerará hostil cualquier intento de abrir nuevas rutas para exportar petróleo.

Todo esto ha derivado en una subida violenta del Brent, el petróleo de referencia en Europa, que llegó a subir más de un 5 % este jueves, superando de nuevo los 105 dólares por barril antes de estabilizarse de nuevo en los 103 dólares.

"La reciente oleada de ataques iraníes parece haber enfriado el interés de los armadores por cruzar el estrecho", reconocía este jueves Jakob Larsen, director de seguridad de BIMCO, la mayor asociación internacional de navieros.

Con la clara intención de enfriar el mercado, el presidente Donald Trump anunció a las pocas horas que descartaba cualquier ataque contra objetivos iraníes antes del 3 de noviembre, fecha de las elecciones legislativas en Estados Unidos. Una subida de precios de la gasolina y el diésel en plena campaña sería una catástrofe para el GOP.

Sin barriles que perder

Trump habló también en Truth Social de la precaria situación económica de Irán… y no sin razón. Desde el 14 de julio, cuando Estados Unidos volvió a imponer el bloqueo naval de sus puertos, las exportaciones de crudo iraní por mar han caído prácticamente a cero, según el banco Standard Chartered.

Antes de la guerra, Teherán vendía 1,7 millones de barriles diarios. Ahora, su producción total apenas supera esa cifra —la mitad que en febrero— y el ministro de Petróleo, Mohsen Paknejad, se vio obligado a dimitir el domingo.

El PIB se hundió un 10,1 % respecto al año anterior en el primer trimestre del año persa, entre el 21 de marzo y el 20 de junio, con una caída del 26,4 % en el sector del petróleo y el gas. A principios de septiembre, hacían falta ya más de 2,2 millones de riales para comprar un dólar.

Paradójicamente, esa asfixia ha liberado al régimen iraní de su principal freno. Cuando sacaba su propio crudo por Ormuz, cerrar el estrecho le suponía una importante pérdida económica; ahora que no puede vender, los únicos que tienen algo que perder son sus vecinos.

El secretario de Defensa, Pete Hegseth, habla a los medios durante los ejercicios multinacionales PANAMAX 2026 en Panamá. Aris Martínez Reuters

Justo antes de esta última ofensiva, sus ventas habían vuelto casi a la normalidad: en la última semana de septiembre, la región exportó una media de 18,3 millones de barriles diarios de crudo, según Kpler, y varios días superó el nivel de antes de la guerra.

Más de un tercio de este petróleo salía por puertos del golfo de Omán y del mar Rojo, sin pasar por el estrecho. Ahora bien, el resto seguía dependiendo de Ormuz, y ahí es donde Irán se agarra a su último baluarte negociador.

Esto nos lleva a la tradicional miopía de la Administración Trump, que daba por hecho que la asfixia económica obligaría al régimen a ceder.

El 1 de octubre, en un mitin en Denton (Texas), Trump aseguró que Irán estaba a punto de rendirse, y dos días después el secretario de Defensa, Pete Hegseth, presumía de llevar la iniciativa: "Irán quiere jugar con cosas como el estrecho de Ormuz, pero no lo controlan ellos, lo controlamos nosotros".

La UKMTO, la agencia de seguridad marítima de la marina británica, ha registrado nueve ataques en apenas ocho días de octubre, la mitad de los que contabilizó en el mes de septiembre entero.

"Irán no necesita detener a todos los buques; necesita que el sector marítimo crea que cualquier buque puede ser el siguiente", afirma Dimitris Maniatis, consejero delegado de la consultora Marisks.

El régimen, por su parte, no deja de endurecer el tono por mucho que se le estreche el margen.

El lunes, el presidente Masud Pezeshkian calificó de "carentes de sentido" las conversaciones con Washington, y Yahya Rahim Safavi, asesor militar del líder supremo, Mojtaba Jameneí, advirtió de que, si Estados Unidos o Israel vuelven a atacar, Irán podría extender la guerra "hasta el Océano Índico", si fuera preciso.

Fletes a precio de oro

Los armadores, de momento, siguen navegando, pero cobran cada vez más por hacerlo. Fletar un petrolero para llevar crudo desde el interior del Golfo hasta China costaba el lunes la cifra récord de 1,3 millones de dólares al día, según la Baltic Exchange, cuando el año pasado la media rondaba los 60.000.

Los seguros también se han disparado. Antes de la guerra, cubrir un petrolero contra riesgos bélicos para cruzar Ormuz costaba entre el 0,15 % y el 0,25 % del valor del buque; desde los primeros bombardeos, las primas se han movido entre el 3 % y el 10 %, según la correduría Marsh.

Para un petrolero de 150 millones de dólares, eso puede suponer hasta 15 millones por travesía.

El transporte representa ya entre el 25% y el 30% del coste del crudo del Golfo, según Windward, frente al 1-3 % de años anteriores.

Embarcaciones en el estrecho de Ormuz, visibles cerca de la playa de Bandar Abbás. Majid Asgaripour Reuters

Aun así, lo cierto es que los productores del Golfo no tienen alternativa. "Están dispuestos a asumir el riesgo de que sus buques sufran daños", explicaba en una nota recogida por Reuters Daniel Hynes, analista del banco australiano ANZ, porque "no hay otra forma de llevar su petróleo a los mercados internacionales".

Los responsables del sector consultados por Bloomberg confían en que la escalada no reduzca los envíos, más allá del momento puntual, ya que las oleadas anteriores provocaron caídas breves que después se compensaron.

El ataque contra el Acers, sin embargo, supone una amenaza nueva.

Hasta ahora, casi todos los ataques se producían en el propio estrecho, el paso que los petroleros tienen que cruzar para salir del Golfo. El Acers, en cambio, fue alcanzado en mitad del Golfo Pérsico, a la altura de Catar, a casi cien kilómetros de su costa.

A partir de ahora, ningún petrolero estará a salvo desde el momento en el que entra en el Golfo, sin necesidad de esperar al momento de salir del mismo.

El problema es que el mundo tiene cada vez menos margen para absorber el golpe. Los grandes países importadores, España entre ellos, están obligados a guardar petróleo para emergencias como esta.

En marzo, a través de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), el organismo que los agrupa, acordaron usar entre todos 400 millones de barriles de esas reservas para abastecer a sus propias refinerías mientras no llegara crudo del Golfo, para así comprar menos fuera y contener los precios.

Ya han gastado más de tres cuartas partes, y el miércoles la AIE anunció que, de momento, no se prolongará el acuerdo.

Les queda petróleo almacenado, pero es la reserva que guardan por si la crisis se alarga y solo la usarán si hace falta. El mercado, eso sí, no las tiene todas consigo: ese mismo día, el precio mayorista del gasóleo en Europa subió un 6 %.

La enésima negociación de la negociación

Y la factura, como no podía ser de otra manera, está pasando de los cargueros a las refinerías, de las refinerías a los surtidores y quien la acaba pagando es el consumidor final, es decir, usted y yo.

La inflación de la eurozona subió en septiembre al 3,8 %, según Eurostat, con la energía un 18,8 % más cara que hace un año.

En España, el índice armonizado llegó al 5 %, aunque la rebaja fiscal en vigor desde el 1 de octubre ha frenado la escalada en las gasolineras: la última semana, el litro de gasóleo bajó un 0,88%, hasta 1,917 euros, y el de gasolina, un 4,64 %, hasta 1,849 euros.

Para contener los precios, el Banco Central Europeo subió en septiembre los tipos de interés hasta el 2,5 %, la segunda subida del año tras la de junio, y la Reserva Federal estadounidense lo hizo por primera vez en tres años, para enorme disgusto del presidente Trump.

La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, advertía el miércoles de que el alivio no será inmediato: "Incluso si la guerra en el Golfo terminara pronto, el problema de los altos precios de la energía probablemente persistiría durante algún tiempo".

Descartados los ataques militares, la única salida es, de nuevo, la negociación, y ahí ambas partes se han movido algo, pero la sola presencia de Steve Witkoff y Jared Kushner ya espanta al más optimista.

El vicepresidente J. D. Vance dijo el martes a Reuters que Irán debe "hacer algo significativo con su capacidad de enriquecimiento", lo que rebaja la exigencia de que renuncie por completo a enriquecer uranio, aunque Trump sigue insistiendo —y en mayúsculas— en que IRÁN NUNCA TENDRÁ UN ARMA NUCLEAR.

El ministro de Exteriores iraní, Abás Araqchi, aseguró este jueves que su gobierno estudia la respuesta estadounidense a la proposición que Teherán presentó a finales de septiembre —reabrir el estrecho en siete días a cambio del fin del bloqueo, un alivio de las sanciones y la liberación de los fondos iraníes congelados— y que contestará "en unos pocos días".

Un alto cargo iraní advirtió el miércoles a Reuters, sin embargo, de que las exigencias nucleares de Washington chocan con la posición de Irán y de que el enriquecimiento sigue siendo una línea roja.