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Las claves

Los hutíes aseguraron este miércoles haber derribado un caza F-15 de la Fuerza Aérea saudí sobre la provincia yemení de Marib con un misil de fabricación propia. Yahya Saree, portavoz militar del grupo, acusó además a Riad de haber lanzado 450 ataques aéreos y sostuvo que dos aviones enviados a buscar los restos del caza tuvieron que retirarse.

De momento, la coalición que sostiene al Gobierno reconocido de Yemen, encabezada por los saudíes, no ha confirmado la pérdida del aparato. Horas antes, sí había anunciado la interceptación de un dron hutí al sur de La Meca, antes de que entrara en el espacio aéreo restringido de la ciudad.

Saree lo negó: "Nuestras operaciones tienen como objetivo sus instalaciones petroleras y sus bases militares, que están muy lejos de los lugares sagrados". Pero el general Turki al-Malki, portavoz de la coalición, calificó el incidente de "acto hostil y terrorista" y advirtió de que la seguridad de las dos mezquitas sagradas y de los peregrinos es "una línea roja".

La Meca no es el único punto señalado. Los hutíes reivindicaron el lunes un ataque con decenas de misiles balísticos y drones contra la base aérea Rey Jalid, en Jamis Mushait, y la coalición confirmó el martes impactos en esa ciudad, en Abha y en Taif, con trece civiles heridos.

Según los propios rebeldes, Riad respondió con unos cincuenta bombardeos diarios sobre sus posiciones en Yemen.

Por si eso fuera poco, el oleoducto Este-Oeste sigue parado. Arabia Saudí lo cerró el pasado viernes tras un ataque con drones que, según su Ministerio de Asuntos Exteriores, procedían de Irak y alcanzaron instalaciones en las regiones de Riad y Medina.

Tres fuentes del sector petrolero y de seguridad citadas este miércoles por Reuters aseguran que dos estaciones de bombeo resultaron dañadas y que no hay un calendario claro de reparación, aunque dos altos funcionarios regionales establecieron un plazo de entre tres y cinco semanas en declaraciones a Associated Press.

El secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, sostiene, con el habitual optimismo de su Administración, que se trata de una interrupción "breve y temporal" que "se solucionará en cuestión de días".

Una imagen satelital muestra el estrecho de Bab el-Mandeb. Nasa Worldview Reuters

El oleoducto, de 1.200 kilómetros, une los campos del este del reino con el puerto de Yanbu, en el mar Rojo, y ha sido la vía por la que Riad ha sacado la mayor parte de su crudo desde que Irán estrangula el estrecho de Ormuz.

Ese es justo el escenario actual de batalla con las milicias proiraníes: en unas 36 horas, entre el jueves y el viernes pasado, los hutíes tomaron el puerto de Moca y la isla de Perim, que parte en dos el estrecho de Bab el-Mandeb, y completaron así el control de toda la costa yemení del mar Rojo.

El lunes sumaron las islas de Gran y Pequeña Hanish, unos 160 kilómetros más al norte.

El teléfono que sí contesta Trump

Ante esta situación, el príncipe heredero Mohamed bin Salmán llamó dos veces a Donald Trump el pasado jueves, mientras las tropas del Gobierno yemení se desmoronaban en Moca. En la primera conversación le informó del avance hutí; en la segunda, horas después, le pidió que ordenara bombardeos contra los rebeldes.

Trump se negó, según adelantó Axios citando a dos altos cargos estadounidenses, y se limitó a ofrecer inteligencia y datos para fijar objetivos. Hace apenas dos meses, en julio, el príncipe heredero había asegurado a la Casa Blanca que podía ocuparse él solo de los hutíes y únicamente pidió respaldo político para atacar el aeropuerto de Saná.

Una fuente militar yemení de alto rango contó a la CNN que había advertido repetidamente al Mando Central estadounidense (CENTCOM) de que la situación era crítica y que allí le aseguraron que el apoyo aéreo saudí estaba en camino. "Pero el apoyo aéreo nunca llegó", lamentó.

Según una fuente occidental citada por la misma cadena, los batallones yemeníes estarían llenos de "nombres fantasmas" y su fuerza real rondaría el 20% de la que figura sobre el papel. El almirante Brad Cooper, jefe del CENTCOM, estaba ese mismo jueves en Arabia Saudí, y el lunes se reunió con Bin Salmán en Yeda.

Dos días después de las llamadas, desde Dublín, Trump dio su versión: "Los hutíes nos llamaron y no quieren pelear con nosotros". Añadió que los rebeldes dejan pasar a la mayoría de los barcos y que "solo hay un país con el que no están muy contentos, pero ya lo arreglaremos", en alusión, según The New York Times, a Arabia Saudí.

Mohamed al-Bujaiti, dirigente político hutí, lo desmintió ante ese mismo diario: "No nos comunicamos con Trump ni le pedimos que no nos atacara". El lunes, el vicepresidente J. D. Vance afirmó en la base de Andrews que Washington mantiene "conversaciones directas con los propios hutíes" y que la administración siente que tiene la situación controlada.

El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance. Reuters

De hecho, Reuters reveló este martes que funcionarios de la embajada de Estados Unidos en Mascate se habrían reunido el domingo con una delegación hutí, con la ayuda del Gobierno de Omán. Por parte de los rebeldes habrían asistido Mohamed Abdulsalam, alto cargo residente en la capital omaní y sancionado por Washington, y Abdelmalik al-Ajri.

Según dos de las fuentes, los hutíes aseguraron que no tienen intención de atacar barcos estadounidenses y que siguen comprometidos con el alto el fuego firmado con Washington en mayo de 2025. Una fuente yemení añadió que tampoco atacarían buques israelíes ni mercantes de ningún otro país. Solo los saudíes. El Departamento de Estado no confirmó el encuentro.

Un reino con dos brújulas

Para justificar su falta de apoyo, la Casa Blanca ha trasladado a los saudíes que Trump quiere concentrar su esfuerzo militar en Irán y en Ormuz, y no abrir un nuevo frente. Aparte, pesa la trayectoria reciente de Riad, cuya política exterior ha oscilado entre dos polos.

Uno es la alianza estratégica con Washington que Bin Salmán ha cultivado durante años con Trump y su familia, y que durante una década tuvo su correlato regional en la coalición con Emiratos Árabes Unidos contra los hutíes.

El otro tiene al ministro de Asuntos Exteriores, el príncipe Faisal bin Farhan, como cara visible, mira hacia Doha, Ankara, Islamabad y El Cairo, y mantiene una línea muy dura con Israel. La balanza parece haberse inclinado hacia el segundo, según el experto en Oriente Próximo y antiguo miembro de Al Qaeda, Aimen Dean.

El ministro de Exteriores saudí, Faisal bin Farhan Al Saud, durante la cumbre de los BRICS. Reuters

En diciembre de 2025, el Consejo de Transición del Sur, milicia separatista respaldada por Abu Dabi, tomó amplias zonas del sur y el este de Yemen. Riad respondió bombardeando un cargamento emiratí de armas en Mukalla y forzó la disolución del grupo en enero.

Emiratos retiró entonces sus últimas tropas del país, a petición saudí, y Arabia Saudí no llegó a ocupar sus cuarteles.

Bin Farhan viajó a El Cairo para buscar apoyos frente a la influencia emiratí, y en junio posó junto a sus homólogos de Turquía, Pakistán y Egipto en lo que la revista Foreign Policy describió como un nuevo eje liderado por Riad en el que Emiratos no tiene sitio.

Esa misma línea marcadamente anti-israelí es la que ha mantenido cerrada la puerta a los Acuerdos de Abraham, que sí firmaron Emiratos y Bahréin. Bin Farhan ha repetido que la normalización con Israel no está sobre la mesa mientras no exista un estado palestino, y en julio de 2024 llegó a pedir a los europeos sanciones contra Israel por la guerra de Gaza.

Arabia Saudí, además, se mantuvo al margen de los bombardeos angloamericanos contra los hutíes de 2024 —entre los países del Golfo solo participó Bahréin, y sin papel operativo— y tampoco se sumó a la campaña que Trump lanzó en marzo de 2025 y que terminó en mayo con el alto el fuego mediado por Omán.

Trump parece estar cobrándose la revancha por estas decisiones, lo que obliga a Bin Salmán a buscar ayuda en otras direcciones. Según el diario israelí Israel Hayom, la ha pedido a otros países del Golfo y a Egipto, e incluso a Israel de forma indirecta, a través del CENTCOM.

Pakistán y Turquía, que firmaron en agosto en La Meca un pacto de defensa mutua con Riad, se han limitado a ofrecer mediación. "Ahora mismo, los saudíes están realmente frustrados. En cierto sentido, es su peor escenario", resumió Michael Ratney, exembajador de Estados Unidos en Arabia Saudí.

Dan Shapiro, exalto cargo del Pentágono para Oriente Próximo con Joe Biden, fue más allá: la negativa de Trump a abrir otro frente es comprensible, pero resulta "amargamente decepcionante para los saudíes".

Europa prefiere no mirar

El Brent cotizaba este miércoles en torno a 105 dólares por barril, un 3 % menos que la víspera tras las palabras de Wright, pero marcando una subida superior al 16 % en lo que va de septiembre. El martes se había acercado a los 110 dólares y el diésel marcó en Estados Unidos un récord de 6,27 dólares por galón, el equivalente a unos cuatro litros.

Para Arabia Saudí, el golpe es doble: su producción cayó en agosto a 6 millones de barriles diarios, frente a casi 10 millones un año antes, según la Agencia Internacional de la Energía, y las cargas en Yanbu siguen suspendidas.

Desde que los hutíes empezaron a atacar en Bab el-Mandeb, a finales de julio, la mayoría de los petroleros que salen de ese puerto ponen rumbo norte, hacia Suez, lo que encarece y alarga el viaje a Asia, donde están buena parte de sus clientes.

Dicho esto, las pérdidas no se reparten por igual.

Emiratos sigue bombeando crudo por su oleoducto hasta Fujairah, en el golfo de Omán, a volúmenes similares a los de antes de la guerra, aunque sus cargamentos hacia Europa también atraviesan Bab el-Mandeb, mientras Egipto ingresa por el canal de Suez aproximadamente la mitad que antes de que los hutíes empezaran a atacar el tráfico marítimo en 2023.

Irán niega dirigir a los rebeldes, pero un asesor del líder supremo celebró en X la "clara victoria" hutí y escribió que el pueblo estadounidense y los aliados de Washington "están pagando el precio de la crisis económica y de las ambiciones de Trump".

La jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, comparece desde Bruselas. Omar Havana Reuters

Europa, mientras tanto, observa de lejos. Grecia, Reino Unido, Francia, Letonia, Dinamarca y Bahréin solicitaron la reunión de urgencia que el Consejo de Seguridad de la ONU celebró el martes, pero no hay visos de una reacción diplomática europea como la que sí provocó el cierre de Ormuz.

La operación naval Aspides, de carácter defensivo, sigue desplegada en la zona. En julio, la alta representante de la Unión para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, planteó desde Yibuti ampliar su mandato al desminado: "Si una ruta comercial vital está cerrada, necesitamos que la otra esté claramente abierta".

Sea como fuere, la factura ya la estamos pagando. La inflación de la eurozona subió en agosto al 3,3%, empujada por una energía que se encareció un 14,3% interanual, según la estimación preliminar de Eurostat, y España registró un 4,5%, la tasa más alta entre las grandes economías del euro.

El Banco Central Europeo subió los tipos un cuarto de punto el jueves 10 y dejó la facilidad de depósito en el 2,5%, su segunda subida desde el inicio de la guerra con Irán. Un cierre de Bab el Mandeb obligaría a los barcos que unen Asia y Europa a rodear el cabo de Buena Esperanza, con dos o tres semanas más de travesía.

Para entonces, estaríamos ya en pleno otoño.