El ministro de Asuntos Exteriores de Omán, Badr Albusaidi, canceló la noche del domingo la reunión que debía sentar este lunes en Mascate a los titulares de Asuntos Exteriores de los seis países del Golfo, Irak e Irán.
Lo hizo, según sus propias palabras, "en interés del consenso", una fórmula elegante para admitir que dicho consenso no existe: Bahréin, machacado durante meses por los misiles y los drones iraníes, ya había anunciado que no pensaba acudir, y Emiratos confirmó su asistencia a última hora, rebajando el nivel de su delegación a un cargo menor.
No hay nueva fecha.
Irán y Omán llevan semanas negociando un corredor alternativo para que los petroleros vuelvan a cruzar el estrecho de Ormuz y el encuentro pretendía presentar el camino a los vecinos.
Según una fuente política iraní citada por el portal Amwaj.media, se trataría de un esquema provisional de tráfico, con la administración futura del estrecho y las tarifas por servicios marítimos todavía por negociar entre Teherán y Mascate.
El anterior acuerdo, firmado con Estados Unidos en junio, no duró demasiado: el ala dura de la Guardia Revolucionaria lo hizo saltar por los aires al abrir fuego el 7 de julio contra tres buques comerciales sin permiso del mando central, según ocho altos cargos iraníes consultados por The New York Times.
Detrás del aplazamiento hay una semana de ataques y amenazas. El jueves, varios drones lanzados desde Irak alcanzaron el oleoducto Este-Oeste saudí y el viernes Riad lo cerró. Ese mismo jueves, los hutíes tomaban el puerto yemení de Moca, y el viernes, la isla de Perim, en mitad del Bab el Mandeb.
Los hutíes celebran sus avances territoriales tras una importante operación ofensiva en el oeste de Yemen.
El Brent subió casi un 9 % y este lunes superó puntualmente los 108 dólares por barril, máximo de cuatro meses, frente a los 67 de hace un año. Las bolsas europeas cedieron terreno y el bono estadounidense a diez años rozó el 5 % de rentabilidad.
Como era de esperar, están siendo los consumidores los que están pagando estos desencuentros.
Sin ir más lejos, el conductor español lleva semanas notándolo en el surtidor. La gasolina se pagaba el martes a 1,835 euros de media, su precio más alto de 2026 y un 24 % más que el 28 de febrero, según el histórico del Ministerio para la Transición Ecológica: llenar un depósito de 55 litros cuesta ya 100,9 euros.
El gasóleo está en 1,809 pese a haber bajado el 1 de septiembre, cuando el Gobierno dobló hasta los 20 céntimos por litro su descuento fiscal al activarse la cláusula de salvaguarda.
Ese parche, sumado al IVA rebajado del 21 al 10 %, mantiene a España como el segundo país de la UE con el gasóleo más barato, solo por detrás de Malta.
Arabia Saudí, sin puerta trasera
Lo curioso es que Arabia Saudí construyó el oleoducto Este-Oeste en los años ochenta precisamente por miedo a que la guerra entre Irán e Irak cerrara Ormuz. Son 1.200 kilómetros desde los campos de la Provincia Oriental hasta el puerto de Yanbu, en el mar Rojo, con capacidad para siete millones de barriles diarios.
Los rebeldes hutíes de Yemen.
Desde marzo, Riad ha estado desviando por ahí unos cinco millones de barriles al día que antes salían por el Golfo. Amin Nasser, consejero delegado de Saudi Aramco, aseguró el mes pasado que ese tubo había hecho más por contener la crisis de suministro que la liberación de las reservas estratégicas de emergencia.
El Ministerio de Asuntos Exteriores saudí anunció que no responderá por ahora al ataque a petición del primer ministro iraquí.
Bagdad destituyó a un mando militar tras confirmar que los aparatos habían salido de la provincia de Maysan, fronteriza con Irán, y cerró dos pasos con el país vecino.
La coordinación de milicias chiíes iraquíes niega cualquier participación y nadie ha reivindicado la operación, pero Maysan es feudo de esos grupos y el plan de guerra que los generales de línea dura impusieron el sábado pasado en Teherán contemplaba exactamente esto, es decir, que las milicias aliadas, hutíes e iraquíes, golpearan las instalaciones petroleras de la región.
Y es que los hutíes han completado en tres días lo que no habían conseguido en once años de guerra civil: el control de la costa yemení del mar Rojo y de Perim, la isla volcánica que parte en dos el canal del Bab el Mandeb.
Una imagen satelital muestra el estrecho de Bab el-Mandeb.
Por ahí pasaba antes de la guerra el 12% del comercio mundial y algo más de ocho millones de barriles diarios de crudo y derivados. Hans Grundberg, enviado especial de la ONU para Yemen, advirtió el jueves ante el Consejo de Seguridad de que lo ocurrido "marca el fin de la calma relativa" que el país ha vivido durante más de cuatro años.
Entre tres y seis semanas de reparación
Lejos de quedarse ahí, este lunes han dado un paso más. Yahya Sarea, portavoz militar de los hutíes, aseguró haber atacado con decenas de misiles balísticos y drones la base aérea Rey Jaled, en Khamis Mushait, al sur de Arabia Saudí, y haber dañado hangares, radares, pistas y depósitos de munición.
Riad no ha confirmado el alcance: la Defensa Civil activó una alerta en la ciudad y horas después informó de que el peligro había pasado.
Los insurgentes lo presentan como represalia por más de trescientos bombardeos saudíes sobre Yemen en cinco días. La semana pasada, 73 civiles resultaron heridos en ataques hutíes contra Abha, Yazán y Najrán.
Con el oleoducto parado y el Bab el Mandeb bajo supervisión hutí, el mayor exportador de crudo del mundo no tiene ninguna salida abierta. Este fin de semana, Riad comunicó a la OPEP que su producción había caído en agosto a 6,2 millones de barriles diarios, frente a los 10,9 millones de febrero.
Compradores y operadores saudíes citados por Reuters calculan que las existencias de Yanbu aguantan entre cinco y siete días de exportaciones y que la reparación llevará entre tres y seis semanas, según las estimaciones que manejan responsables regionales y fuentes del sector.
Hay que recordar que el príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salmán, ya telefoneó dos veces el jueves a Donald Trump para pedirle ataques contra los hutíes, pero el presidente estadounidense se habría negado a ampliar su campaña militar a Yemen.
De hecho, el propio Trump aprovechó el domingo su visita a Irlanda para apuntar a otro supuesto culpable de la crisis energética.
Preguntado en su campo de golf de Doonbeg si había hablado con Volodímir Zelenski después de su última conversación con Vladímir Putin, el presidente estadounidense respondió con una exigencia al ucraniano: que deje de atacar el diésel ruso.
Donald Trump comparece ante la prensa desde el Air Force One.
"No golpeéis el combustible diésel. Eso está dañando al mundo", dijo, antes de añadir que hay muchos otros objetivos donde elegir.
La presión de los surtidores
El detonante de este inesperado ataque es el precio del gasóleo en Estados Unidos, que el viernes superó por primera vez en su historia los seis dólares por galón —en torno a cuatro litros—, según la AAA, y el domingo ya estaba en 6,20.
Desde el 28 de febrero, cuando empezó la guerra contra Irán, el diésel se ha encarecido allí más de un 55 %, por encima del 40 % que ha subido la gasolina, y va camino de su mayor alza anual registrada.
En un país donde casi todo lo que se compra ha viajado antes en un camión, ese número se suele trasladar a la cesta de la compra con un par de meses de retraso. Y en noviembre hay elecciones legislativas.
Si esa inflación se atribuye a Irán, Trump será señalado como responsable. Si se atribuye a Ucrania, Zelenski vuelve a hacer de cabeza de turco.
Por esa razón, Chris Wright, secretario de Energía, sostuvo el domingo 6 en la CNN que "el factor más importante en la subida de los precios ha sido la destrucción ucraniana de las refinerías rusas", recordó que Moscú tiene prohibida la exportación de gasóleo —veto prorrogado hasta finales de septiembre— y cargó además contra los cierres de refinerías durante el mandato de Joe Biden y contra el gobernador de California, Gavin Newsom.
El Kremlin recogió el guante de inmediato: Dmitri Peskov, portavoz de la presidencia rusa, celebró cualquier llamamiento a que Kiev deje de atacar infraestructuras económicas civiles.
Los ucranianos, en cambio, no han movido un milímetro su posición, pese al supuesto acuerdo que Trump anunció este lunes sin aparente base factual.
Zelenski defiende que las refinerías son objetivos militares legítimos porque financian la invasión, y la Dirección de Inteligencia de Defensa reivindicó la madrugada del domingo el ataque contra la refinería de TANECO, en Nizhnekamsk, donde murieron dos civiles, y otro contra la de Slaviansk del Kubán.
Trump, mientras tanto, sostiene que la guerra con Irán acabará después de las elecciones de noviembre y que entonces los precios "bajarán en picado". El domingo deslizó también la posibilidad de entrar en Irán y quedarse con el petróleo, como en Venezuela.
Lo que dicen las fechas
Ante la propaganda, conviene poner el calendario encima de la mesa.
Ucrania empezó a atacar refinerías rusas en el verano de 2025 y ha golpeado instalaciones petroleras rusas más de trescientas veces desde 2022. Durante todo ese período, el barril de Brent se movió entre los 60 y los 70 dólares.
El 12 de febrero de 2026, con la campaña de drones ya a pleno rendimiento, cotizaba por debajo de los 69 y la Agencia Internacional de la Energía anunciaba que las reservas mundiales habían crecido al mayor ritmo desde 2020 y preveía un excedente considerable para el resto del año.
En otras palabras, año y medio de ataques ucranianos no habían movido el precio del crudo.
Lo que sin duda lo movió fue el cierre de Ormuz. El 28 de febrero, Estados Unidos e Israel atacaron Irán y el Brent cerró en 72,48 dólares. El 2 de marzo, dos drones iraníes alcanzaron instalaciones gasistas de Catar, QatarEnergy paró la producción y el barril saltó por encima de los 80.
El 4 de marzo, Irán cerró el estrecho; el 27, el crudo valía 112,57, y el 31 tocó su máximo: 118,35. Luego llegaron la tregua y el acuerdo de paz, y el precio se desplomó hasta los 71,57 dólares del 1 de julio, mientras Kiev seguía bombardeando refinerías rusas cada semana.
Tras el ataque a los tres buques y el derrumbe del pacto, el barril recuperó los 100 dólares el 23 de julio.
Dicho esto, obviamente el conflicto en Ucrania tiene su importancia en el alza de precios, como ya se dio cuenta todo el mundo en 2022. El crudo y el diésel son dos mercados distintos: el primero depende de cuánto petróleo sale de los pozos y el segundo, de cuántas refinerías quedan en pie para transformarlo.
Rusia era el segundo exportador mundial de gasóleo por detrás de Estados Unidos, Ucrania ha alcanzado 24 de sus 34 grandes refinerías y el procesamiento ruso de crudo cayó este verano a su nivel más bajo desde 2005.
La Agencia Internacional de la Energía atribuye la tensión en el mercado de destilados a las dos guerras, no a una. Lo que no se sostiene es culpar solo a Kiev, como hizo el presidente.
Sea como fuere, mientras no haya corredor pactado en Ormuz, Arabia Saudí no puede exportar por el Golfo ni por el mar Rojo, y el mercado da por hecho que el suministro seguirá a la intemperie: J.P. Morgan sitúa el barril entre 120 y 130 dólares si la interrupción se prolonga, con un desbordamiento hacia los 150 en el peor escenario.
En España, el IPC adelantado de agosto marcó un 4,3%, siete décimas más que en julio y el nivel más alto desde febrero de 2023, con la subyacente plana en el 2,9 %; el dato definitivo se publica este martes.
La Reserva Federal se reúne el miércoles y todo apunta a una subida de tipos. En tiempos de burbuja inmobiliaria y un endeudamiento público y privado notable no parece la mejor noticia posible.
