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Las claves

Según la investigación que publicó este martes el diario israelí Haaretz, el presidente de Emiratos Árabes Unidos, Mohamed bin Zayed, habría telefoneado a Benjamin Netanyahu a finales de septiembre de 2023 para advertirle de que Yahya Sinwar, entonces líder de Hamás en Gaza, preparaba una operación de gran envergadura contra Israel.

La conversación habría durado 45 minutos y en ella el dirigente emiratí habría alertado de que aquello terminaría en un baño de sangre, desestabilizaría la región y dañaría los Acuerdos de Abraham.

Netanyahu, siempre según este relato, le habría contestado que Israel tenía Gaza bajo control, que cualquier movimiento de Hamás llegaría desde Cisjordania y que su país estaba preparado para todos los escenarios.

El origen del aviso, de acuerdo con el trabajo de Ruth Yuval y de Shlomi Eldar, autor de un libro de referencia sobre Hamás, está en el propio Sinwar.

A principios de septiembre de 2023, el jefe de Hamás en Gaza rompió el contacto con los negociadores israelíes después de que encallara un canje de prisioneros que el primer ministro había aprobado, pero que llevaba meses sin pasar por el comité ministerial competente.

Antes de desaparecer, se reunió dos veces con un dirigente de Fatah que hacía de correo entre la organización y el Shin Bet, a quien los autores identifican con el alias de Ojos de Carbón, y le encargó trasladar a Israel que preparaba "la madre de todas las sorpresas": un zilzal, es decir, un terremoto.

Aquel mensaje sí llegó a los servicios de seguridad israelíes a mediados de septiembre. El intermediario y un asesor palestino de Bin Zayed se lo transmitieron directamente al Shin Bet, que deliberó los días siguientes sin tomar decisión alguna.

Fue esa falta de reacción, según Haaretz, la que empujó al presidente emiratí a llamar en persona al primer ministro y, poco después, a compartir su inquietud con el entonces director de la CIA, William Burns.

Domicilio asaltado por Hamás en el Kibutz Nir Oz Reuters

El 1 de octubre, el jefe del Shin Bet, Ronen Bar, propuso por fin acciones preventivas contra la cúpula de Hamás, incluida la eliminación de sus principales dirigentes; Netanyahu no tomó ninguna decisión —se limitó a pedirle que le presentara sus propuestas para estudiarlas— y ni siquiera hizo mención de la llamada de Bin Zayed.

La respuesta de la oficina del primer ministro a la noticia ha intentado ser contundente para salvar la cara frente a la opinión pública. "¡Mentira absoluta!", contestó en un comunicado al diario, para añadir que Netanyahu no habló con el presidente emiratí en el periodo citado ni recibió advertencia suya alguna.

Bin Zayed no ha comentado nada y Bar y el entonces jefe del Estado Mayor, Herzi Halevi, sostienen que nadie les informó de esa conversación.

Tampoco sería el primer aviso extranjero que se le atribuye y él desmiente: Ynet publicó en octubre de 2023 que el jefe de la inteligencia egipcia, Abás Kamel, le había advertido diez días antes de que en Gaza se preparaba algo fuera de lo común.

La oposición vuelve a la carga

Netanyahu ha reprochado públicamente varias veces a los jefes de seguridad que no le despertaran en las horas previas al ataque, cuando, según él, "todas las señales estaban ahí".

El primer ministro israelí Naftali Bennett y su ministro de Asuntos Exterior Yair Lapid. Reuters

Esos mismos mandos llevan meses repitiendo, a su vez, que nunca pensaron que Hamás fuera a invadir territorio israelí, aunque sí remitieron a su oficial de inteligencia un informe sobre actividad sospechosa tres horas antes del asalto.

Una línea de defensa que, a juicio de Anshel Pfeffer, corresponsal en Israel de The Economist y biógrafo del primer ministro, se ha quedado sin recorrido con la exclusiva de Haaretz: hasta ahora se conocían advertencias genéricas y referidas sobre todo al frente libanés, mientras que esta apuntaba en concreto a Sinwar y fue Netanyahu quien decidió no compartirla.

De ahí que la reacción de la oposición se centrara este martes tanto en la llamada emiratí como en lo que pueda faltar por saber.

Para Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor y líder de Yashar, cada vez hay más indicios que apuntan a la misma conclusión: Netanyahu condujo a Israel a ciegas hacia el desastre del 7 de octubre.

El candidato prometió además crear una comisión estatal de investigación en cuanto se forme el próximo gobierno, con mandato para examinar la última década. Yair Golan, dirigente de Los Demócratas, pidió acabar de una vez con las historias del despertador y situó el lugar del primer ministro en la cárcel.

Horas después, Eisenkot, Naftali Bennett, Avigdor Lieberman y Golan firmaban un comunicado conjunto en el que reclamaban una investigación inmediata y exhaustiva.

No hablamos de un asunto menor: una comisión estatal es la máxima autoridad investigadora del país, puede citar a testigos y emitir recomendaciones personales capaces de acabar con la carrera política de cualquiera.

Sus miembros los elige el presidente del Tribunal Supremo. El primer ministro se opone precisamente por eso y ofrece a cambio una comisión pactada entre coalición y oposición… que esta última ha rechazado de plano.

Y es que la investigación de Haaretz cae sobre la política israelí como lluvia sobre terreno más que mojado.

El Consejo de Octubre, la plataforma que agrupa a supervivientes, familias de caídos y ex rehenes, reclamó la semana pasada un examen minuto a minuto de quién supo qué y quién dio órdenes aquella mañana.

Benjamin Netanyahu y su esposa Sara, durante las primarias del Likud. Ohad Zwigenberg Reuters

El viernes, el Canal 12 publicó que Netanyahu tardó al menos dos horas en salir de su casa de Cesarea tras ser avisado a las 6.29, que no habló con Halevi ni con Bar en todo ese tiempo y que unas actas no publicadas de su agenda sitúan su llegada al cuartel general de Tel Aviv a las nueve y no a las ocho como sostiene su oficina.

La orden de movilización general no se publicó hasta las 9.55, hora y media después de que la dirección de operaciones del ejército hubiera decretado por su cuenta el paso al estado de guerra.

La unidad de la derecha, a contrarreloj

Nada de esto ha alterado el plan del primer ministro, que este martes agotaba el plazo de registro de candidaturas para las elecciones del 27 de octubre concentrado en un único objetivo: que la derecha no se presente troceada.

"Cuando nos unimos, ganamos. Cuando nos dividimos, perdemos", resumió el 30 de agosto en el Canal 14. Ningún partido ha ganado nunca la mayoría absoluta en la Knéset y el umbral del 3,25%, equivalente a cuatro diputados, convierte en papeleta perdida cada voto que va a una lista que se queda por debajo de ese porcentaje.

Los resultados de esa campaña han sido, de momento, modestos. Sionismo Religioso, el partido del ministro de Economía, Bezalel Smotrich, que lleva meses oscilando entre cero y seis escaños en los sondeos, fusionó su lista el 1 de septiembre con la del exdiputado ultranacionalista Moshe Feiglin.

En cambio, el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, se ha negado a repetir la coalición de 2022 con Smotrich al considerar que por separado suman más, y registró el lunes su propia candidatura dentro de Otzma Yehudit, con la exdiputada del Likud, Tally Gotliv, como número dos.

Aparte, tenemos al general retirado Ofer Winter, cuyo partido, Pueblo de Israel, ronda los cuatro escaños.

Winter recomendará a Netanyahu para el cargo, pero se niega a concurrir con nadie que pueda cargar con alguna responsabilidad en el fracaso de seguridad del 7 de octubre. "Eligió ir por separado y ahora estamos en un lío", se quejó el primer ministro en el Canal 14.

Smotrich, que había dejado huecos libres en sus listas confiando en la fusión, acusó al recién llegado de jugar con el futuro del gobierno de derechas y, en consecuencia, del Estado de Israel.

El propio Likud, como decíamos, también llegó al último día sin lista cerrada. El tribunal interno del partido ordenó a Netanyahu presentar los nombres el lunes por la noche; el primer ministro desobedeció, calificó la exigencia de irrazonable y aplazó el asunto a la mañana del martes.

Controla ocho puestos reservados en la candidatura, más otro adjudicado al ministro de Defensa, Israel Katz, y el lunes solo había confirmado tres, uno de los cuales quedó vacante cuando el elegido renunció para no perder su nacionalidad estadounidense.

Tres causas, un indulto encallado y las encuestas

A todo lo anterior hay que sumarle el frente judicial, que acompaña a Netanyahu desde bastante antes de la guerra.

El primer ministro está procesado por tres causas abiertas en 2020 —abuso de confianza en dos de los expedientes, y soborno, fraude y abuso de confianza en el tercero— y ha declarado ya en unas ochenta sesiones, la última de ellas el pasado mes de febrero.

El presidente de Israel, Isaac Herzog. Atef Safadi EFE

En noviembre de 2025, pidió el indulto al presidente Isaac Herzog sin admitir culpabilidad alguna, después de que Donald Trump enviara una carta reclamando clemencia y antes de que el norteamericano arremetiera varias veces en público contra Herzog por no concedérsela.

Herzog rechazó en abril entrar en el fondo del asunto y optó por promover un acuerdo de conformidad entre la defensa y la Fiscalía.

La fiscal general, Gali Baharav-Miara, aceptó la mediación en mayo, pero después de cuatro meses aún no ha salido nada de ahí: el escollo sigue siendo la cláusula de infamia, que apartaría a Netanyahu de la vida pública durante siete años.

En paralelo, la fiscalía se dispone a acusar a dos de sus antiguos asesores, Jonatan Urich y Eli Feldstein, de delitos contra la seguridad nacional por el caso Qatargate, la trama de propaganda pagada por Doha desde la oficina del primer ministro.

Pese a ese panorama, las encuestas llevan tiempo sin apenas moverse. El sondeo del Canal 12 publicado el lunes por la noche da 25 escaños a Yashar y 21 al Likud, con 57 diputados para el bloque de Eisenkot y 52 para el de Netanyahu.

El de la radiotelevisión pública Kan, realizado el domingo por el instituto Kantar sobre 551 entrevistas, los acerca a 23 y 20 y deja los bloques casi igualados en 52 y 51. Ninguno de los dos alcanza los 61 necesarios salvo que cuenten con los votos a favor de los partidos árabes, algo que varios líderes de la oposición han descartado.

En ese mismo estudio de Kan, el 62% de los consultados califica de mala la actuación de Netanyahu durante la mañana del 7 de octubre y solo el 26% la aprueba. Eisenkot le supera además como candidato preferido a primer ministro, aunque por sólo tres puntos: 38% frente a 35%.

La víspera del cierre de listas, el Likud aparece en las proyecciones un tercio por debajo de los 32 escaños que obtuvo en 2022, mientras sus dos socios de extrema derecha concurren cada uno por su lado y el nuevo partido de Winter les disputa el mismo electorado. Que siga con opciones de repetir mandato es algo muy parecido a un milagro.