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Las claves

Israel bombardeó en la madrugada del martes un aeródromo militar en el noroeste de Siria, según la agencia estatal Ekhbariya. Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) efectuaron ocho ataques aéreos contra la pista de aterrizaje y la zona de almacenamiento de la base Abu al-Duhur. No causaron víctimas, pero sí daños materiales cuyo alcance no ha trascendido.

Situada en la zona rural de la provincia de Idlib, a unos 70 kilómetros de la frontera con Turquía, la instalación militar cambió de manos varias veces durante la guerra civil siria que desembocó en la caída del régimen de Bachar al Asad en la madrugada del 8 de diciembre de 2024.

La incipiente Fuerza Aérea de Siria operaba el aeródromo, que llevaba fuera de servicio desde 2012. Dentro se encuentran la mayoría de los aviones de la antigua fuerza aérea de la era de Asad. Dos antiguos Sukhoi Su-22, varios helicópteros y aviones de entrenamiento L-39, según el analista Charles Lister, fundador de la newsletter Syria Weekly.

Israel decidió atacar el aeródromo tras "una visita de una delegación militar turca al aeródromo en los últimos días, como parte de los esfuerzos para reactivarlo", como adelantó el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH) y confirmó el diputado opositor turco Turhan Çömez, miembro de la Asamblea Parlamentaria de la OTAN.

El Ministerio de Asuntos Exteriores de Siria condenó la "agresión injustificada" de Israel, denunció la "flagrante" violación de su soberanía y pidió a la comunidad internacional que se expresara en el mismo sentido. Un mensaje al que se sumaron otros países árabes como Catar y Arabia Saudí.

El director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, uno de los aspirantes a la secretaría general de Naciones Unidas, declaró este mismo martes desde Damasco que los ataques israelíes "no tienen justificación en materia de seguridad" y que la agencia buscará "disuadir a Israel de esta política".

Es improbable que la presión exterior cambie la postura del Gobierno israelí, que sigue con recelo la reconstrucción gradual de la fuerza aérea siria. El ministro de Defensa, Israel Katz, lanzó una advertencia a Turquía para evitar que Ankara ayudara a reforzar las capacidades militares de Siria.

Un funcionario de Inteligencia israelí aseguró este martes en declaraciones a Fox News que Israel había compartido "información altamente sensible" con Estados Unidos antes de llevar a cabo la operación. "Al-Sharaa entiende que no puede actuar como lo hacía el anterior régimen sirio, que mantenía fuerzas proxy", insistió la fuente.

Sin embargo, el enviado especial de Estados Unidos para Irak y Siria, Tom Barrack, que se dejó fotografiar este mismo lunes en Estambul con el ministro sirio de Asuntos Exteriores, Asaad al-Shibani, calificó la acción de "escalada innecesaria".

"Nos preocupa profundamente que los ataques aéreos israelíes confirmados contra la base aérea de Abu al-Duhur constituyan una escalada innecesaria que no contribuye a la estabilidad regional", escribió el embajador estadounidense en Turquía.

"Estados Unidos sigue considerando que la moderación y el diálogo ofrecen una vía más constructiva. Animamos a todas las partes a dar prioridad al diálogo racional frente a nuevos incidentes militares", añadió.

El congresista republicano Joe Wilson, miembro de la Comisión de Asuntos Exteriores, cerró filas con Barrack. "Siria ha demostrado un deseo genuino de dialogar con Israel y continúa interceptando armas introducidas de contrabando desde Irak, destinadas a Hezbolá en Líbano para amenazar a Israel", escribió en la misma plataforma.

Es la primera ofensiva israelí contra objetivos del Gobierno sirio desde marzo, aunque en las primeras 48 horas desde la caída del régimen de Asad llevó a cabo más de 350 ataques aéreos, dirigidos contra aeropuertos, aeronaves, misiles, defensas aéreas y el arsenal militar del país, y ocupó la "zona de amortiguación" en los Altos del Golán.

Desde entonces, las fuerzas israelíes han llevado a cabo cientos de ataques en Siria. Sus tropas intervinieron durante los episodios de violencia que la minoría drusa y los milicianos islamistas vinculados a las fuerzas de seguridad del nuevo régimen de Al-Sharaa protagonizaron en junio del año pasado en la zona de Suwayda, en defensa del primer grupo.

Entonces, Israel llegó a atacar la sede del Ministerio de Defensa y los alrededores del palacio presidencial en Damasco, y amplió la ocupación de territorio sirio en el sur del país, incluida la zona de amortiguación establecida en los Altos del Golán.

Y es que Israel percibe a la Siria de Al-Sharaa como un actor hostil dada su cercanía con la Turquía de Recep Tayyip Erdoğan, su pasado yihadista y la raíz islamista de Hayat Tahrir al-Sham (HTS), el grupo rebelde que gobernó la provincia de Idlib antes de asaltar el Estado sirio.

La estrecha relación del nuevo régimen de Damasco con la Administración Trump y las cancillerías occidentales no atenúa su desconfianza. Más bien al contrario. El ministro israelí de Asuntos de la Diáspora, Amichai Chikli, declaró la semana pasada que "Siria es Gaza con esteroides" y que sería "la próxima guerra, con absoluta certeza. No hay forma de evitarla".

El ataque israelí en Siria coincide, además, con las crecientes tensiones con Turquía, que selló la pasada semana en la ciudad saudí de Yeda, bañada por el mar Rojo, un acuerdo de cooperación militar con Arabia Saudí y Pakistán. Una suerte de OTAN suní para contener a Irán y aislar a Israel.

Las relaciones entre Israel y Turquía se deterioraron después del atentado de Hamás del 7 de octubre de 2023. Erdoğan condenó los ataques contra población civil, pero cerró filas con el grupo islamista palestino y acusó al Gobierno de Netanyahu de cometer un genocidio en Gaza.

Sin embargo, el analista israelí Danny Citrinowicz subraya que "al contrario de lo que afirman cada vez más algunos políticos israelíes, Turquía no es Irán. Sigue permitiendo que el petróleo azerí llegue a Israel, no ha cerrado por completo su espacio aéreo a los aviones israelíes y mantiene representación diplomática en Israel".

"Además, el ministro de Exteriores, Hakan Fidan, y el jefe de los servicios de inteligencia, İbrahim Kalın, mantienen una relación conocida con sus homólogos israelíes", añade Citrinowicz. "La relación está profundamente deteriorada, pero los canales de comunicación no han desaparecido".