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Las claves

Donald Trump hizo el anuncio el jueves en su red social, Truth, con las mayúsculas habituales: "Hoy, la Junta de Paz ha alcanzado un acuerdo HISTÓRICO para el DESARME COMPLETO de Hamás y de todos los demás grupos armados en Gaza", escribió tras las conversaciones mantenidas en El Cairo entre los dirigentes del grupo palestino y los mediadores de Egipto, Catar y Turquía, a los que agradeció expresamente su papel.

El presidente de Estados Unidos describió el proceso como un "paso monumental" que se ejecutará por fases y añadió que "Israel tendrá la seguridad que merece, con una Gaza que ya no será utilizada como base para ataques terroristas".

Según la cadena catarí Al Jazeera, el texto establece que la hoja de ruta precisa del desarme debe quedar redactada en un plazo de catorce días, prorrogable con la aprobación de un organismo internacional de verificación y el consentimiento de todas las partes.

Hay que entender que ese organismo internacional sería la propia Junta de Paz, presidida por Trump y con representantes de cuarenta países, entre ellos, el ex primer ministro británico Tony Blair.

El objetivo fundacional de la Junta, allá por enero, coincidiendo con el Foro de Davos, era triple: supervisar la desmilitarización, desplegar una fuerza internacional de estabilización y lograr la retirada israelí. La inclusión de Turquía y Catar generó en su día críticas israelíes que un alto funcionario estadounidense reivindicó esta semana como acierto.

La mecánica prevista para ese triple objetivo es gradual y descansa sobre un principio que el documento resume en el lema "una autoridad, una ley, un arma".

Campamento de refugiados palestinos en Gaza. Reuters

El proceso arrancaría con la entrada en la Franja del Comité Nacional para la Administración de Gaza —un gobierno de tecnócratas palestinos— y de la Fuerza Internacional de Estabilización, dirigida según fuentes diplomáticas citadas por The Jerusalem Post por un general de división de las fuerzas especiales estadounidenses.

Un responsable de la Junta de Paz precisó a Al Jazeera que se transferirían primero las armas en poder de la policía de Hamás y después se desmantelaría el armamento pesado.

El texto añade dos condiciones que la banda terrorista considera irrenunciables: ningún arma será entregada a Israel ni a ningún organismo no palestino, y el Comité Nacional será la única fuerza que las custodie. No se podrá avanzar a ninguna fase hasta que la anterior sea certificada por el comité internacional de verificación.

La no tan optimista versión de Hamás

Dicho esto, lo cierto es que Hamás no reconoce la rendición. Ghazi Hamad, miembro de su delegación negociadora, declaró a Al Jazeera que "las discusiones fueron difíciles, intentamos alcanzar la mejor fórmula posible a nuestro alcance", y añadió una condición que reduce el optimismo a mínimos: el grupo no aplicará ninguna parte del acuerdo si las fuerzas israelíes no cumplen sus obligaciones.

El mismo dirigente confirmó a la CNN que la entrega de armas queda supeditada al despliegue previo de la Fuerza Internacional de Estabilización, y un responsable del grupo dijo a Reuters que solo habrá desarme si Estados Unidos e Israel cumplen compromisos anteriores, cesando los ataques sobre el enclave y permitiendo la entrada de más ayuda humanitaria.

Aparte, el analista militar Nidal Abu Zaid señaló que la fórmula empleada en el documento —"inventario y almacenamiento"— es sutilmente distinta de "desarme": lo primero, explicó, lo ejecuta un tercero que no tiene por qué ser una fuerza enemiga; lo segundo, lo impone el enemigo, y a eso las facciones palestinas nunca accederán.

En otras palabras, las armas se entregan, sí… pero no se destruyen. Tampoco está claro que haya unanimidad entre estas facciones: la Yihad Islámica Palestina afirmó que las informaciones sobre un acuerdo eran inexactas y expresó reservas sobre la redacción que circulaba.

Que Hamás firme mientras Irán está en guerra abierta con Estados Unidos resulta menos desconcertante al conocer quién presionaba en cada dirección. Egipto, Catar y Turquía empujaron para cerrar el texto, y el corresponsal de Al Jazeera en Washington, Alan Fisher, apuntó que a Hamás se le hizo ver que su situación financiera empeoraría notablemente si lo rechazaba.

Teherán empujó en sentido contrario y perdió. Según reveló Axios este viernes, citando a una fuente conocedora del encuentro, responsables de la Guardia Revolucionaria se reunieron con una delegación de Hamás desplazada a Irán para el funeral del anterior líder supremo, Ali Jameneí, y les instaron a no precipitarse y ganar tiempo.

Un alto cargo estadounidense confirmó el episodio en una conferencia telefónica con periodistas: "A Irán le habría gustado que Hamás no cerrara el acuerdo, pero... Irán abandonó a Hamás hace tiempo. No pueden permitirse mantenerlos, y creo que los de Hamás se dan cuenta de que tienen que hacer lo mejor para ellos mismos y para su gente".

El ministro de Exteriores iraní, Abás Araqchí, se reunió el 4 de julio con el presidente del Consejo Consultivo de Hamás, Mohamed Ismail Darwish, según difundió el propio canal de Telegram del ministro.

Oficialmente, sin embargo, la República Islámica no se ha pronunciado sobre el acuerdo, y su actividad de este viernes discurrió por otro carril: el ejército iraní reivindicó un ataque contra la base aérea kuwaití de Ahmad al Yaber en represalia por los bombardeos estadounidenses sobre la isla de Qeshm.

La respuesta israelí: nada de retiradas

Israel se descolgó del acuerdo antes incluso de que Trump lo anunciara. Un alto cargo israelí declaró el jueves a The Times of Israel, i24NEWS y The Jerusalem Post que su país "exige el desarme completo de Hamás, incluida la retirada de todas las armas de Gaza y la desmilitarización total de la Franja, como condición previa a cualquier proceso", que el documento de quince puntos "no responde adecuadamente a esos requisitos" y que Israel había trasladado sus reservas directamente a Tony Blair.

Tony Blair el pasado 9 de noviembre un acto en Reino Unido. Reuters

"No habrá ninguna retirada israelí de la Línea Amarilla en la Franja de Gaza antes de que Hamás sea desarmado y la Franja esté completamente desmilitarizada", afirmó.

El primer ministro, personalmente, no ha dicho nada en público. Su coalición, en cambio, sí. El ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, calificó el acuerdo de "inaceptable" en Telegram y sostuvo que comprometerse a detener los asesinatos selectivos de miembros de Hamás equivale a "aceptar que Hamás se organice para la próxima masacre".

Desde la oposición, el reproche fue en la misma dirección: Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor y principal rival de Benjamin Netanyahu, escribió que "el estado de Israel no debe aceptar una realidad en la que Hamás sobrevive, se rearma y espera la oportunidad de perpetrar la próxima masacre".

En este desencuentro interno encontramos muchas explicaciones a la decisión de Hamás: según explicó un diplomático árabe a The Times of Israel, Catar, Egipto y Turquía —presionados a su vez por Washington para entregar resultados— convencieron a Hamás argumentándole que el acuerdo "pondría la pelota en el campo de Israel", y que el Gobierno de Netanyahu difícilmente aceptaría la propuesta de todos modos antes de las elecciones de octubre, dado que exigiría replegar tropas de Gaza.

Si las FDI se retiran y el desarme queda a medias, el coste político lo paga íntegramente quien ordenó la retirada.

Trump necesita que Israel cumpla

Este viernes, durante una reunión del Gabinete en Camp David, Trump fue preguntado si Washington había recibido alguna garantía israelí de que Israel acatará el acuerdo. Su respuesta fue afirmativa: "Tenemos un buen entendimiento con Israel. Israel está muy contento con lo que está pasando, nos ha ayudado y se ha portado muy bien".

Un alto funcionario estadounidense fue más explícito sobre las expectativas de la Casa Blanca al advertir, según The Times of Israel, de que Trump quedará "muy decepcionado" si Israel obstruye su plan para Gaza.

La insistencia se entiende cuando se mira el resto del tablero. Trump prometió en campaña no meter a Estados Unidos en nuevas guerras largas y lleva cinco meses en una que no encuentra final, con dieciocho militares estadounidenses muertos y un respaldo interno en caída.

Según una encuesta difundida esta semana, dos de cada tres adultos estadounidenses consideran que la guerra de Irán no ha merecido la pena y solo un 28% aprueba su gestión del conflicto.

Gaza es, en ese contexto, su única esperanza para presumir de una paz completada y no una guerra abierta. El problema es que la mitad del acuerdo que le corresponde ejecutar no depende de él, sino de un aliado que, como decimos, afronta elecciones el 27 de octubre.

Netanyahu, por su parte, ya tiene fijada por escrito la doctrina que puede invocar llegado el momento.

En octubre de 2024, tras una conversación telefónica con Trump, su propia oficina difundió una nota que sigue siendo la formulación más clara de su posición: "El primer ministro Netanyahu reiteró lo que también ha dicho públicamente: Israel tiene en cuenta las cuestiones que plantea la Administración estadounidense, pero al final tomará sus decisiones en función de sus intereses nacionales".

Esta semana, en la cadena ABC, pese a los múltiples elogios a Trump, volvió a afirmar su autonomía. Israel hará lo mejor para los israelíes. Punto.