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Las claves

Donald Trump hizo este martes del Despacho Oval una sala de consulta. Por su interior desfilaron el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. No se cruzaron en la estancia por una diferencia de apenas 15 minutos, pero sí lo hicieron después en la Catedral Nacional de Washington.

Ambos tenían un enorme interés en conversar con Trump antes del funeral del senador Lindsey Graham, el gran halcón republicano que defendió los intereses de Israel y Ucrania desde su posición privilegiada en el Capitolio. Trump no exhibió, sin embargo, la misma predisposición. Ni siquiera permitió a la prensa acceder a la sala.

En el caso de Netanyahu, se trataba de su octava reunión con el mandatario estadounidense desde que regresó en enero del año pasado a la Casa Blanca, y de la primera desde que lanzaron de manera coordinada la guerra en Irán el pasado 28 de febrero.

El encuentro duró 90 minutos, y la Casa Blanca se limitó a decir que había sido positivo y productivo, los mismos calificativos que utilizó con Zelenski. Desde el entorno de Netanyahu compartieron que la reunión fue "muy buena y muy positiva", y afirmaron que los líderes "hablaron de todos los frentes, con Irán a la cabeza".

El núcleo duro del primer ministro israelí trató de minimizar las diferencias con Trump, y trasladó a la prensa que entre ambos países existía "una coordinación total en la cuestión de Irán". "Fue una de las mejores conversaciones que he tenido con nuestro amigo", apuntó el propio Netanyahu, que celebró compartir "el objetivo de que Irán no tenga armas nucleares".

Lo cierto es que el choque de intereses en Oriente Próximo deterioró su relación personal. Trump buscaba un acuerdo para reabrir cuanto antes el estrecho de Ormuz; Netanyahu, mantener la ofensiva hasta las últimas consecuencias. Entraron juntos en la guerra, pero salieron por separado.

Estados Unidos reanudó los ataques, esta vez sin la colaboración de Israel, hasta que Trump ordenó detenerlos con el argumento de dejar la puerta abierta a la diplomacia. Por eso, Netanyahu aterrizó en Washington con la misión de restañar los vínculos con miras a escalar la ofensiva contra la República Islámica.

Donald Trump habla este martes en el funeral del senador Lindsey Graham, en la Catedral Nacional de Washington. Alex Brandon Reuters

El primer ministro israelí, que sueña con dar la estocada a un régimen iraní cada vez más asertivo que tiende hacia la escalada y reclama el control de Ormuz antes de las elecciones del próximo mes de octubre, compartió con Trump información de Inteligencia sobre el programa nuclear iraní para condicionar sus próximos pasos.

Un funcionario israelí citado por el digital HaMoked aseguró, en este sentido, que "el presidente Trump tomará pronto una decisión sobre hacia dónde se dirige, no lo estamos presionando, pero tampoco estamos escondiendo la cabeza en la arena".

El inquilino de la Casa Blanca evitó pronunciarse sobre este asunto después del encuentro, pero había exhibido unas horas antes su enfado con Netanyahu al lamentar que la prensa conociera con antelación los puntos de discusión que estaban previstos para la reunión.

Interrogado sobre el interés del primer ministro israelí en compartir detalles sobre la montaña Pickaxe, conocida en Irán como el monte Kolang, un emplazamiento nuclear subterráneo, Trump reconoció que "Bibi me lo dice porque quiere que siga involucrado [en la guerra]".

"¿Por qué no me lo dices a mí? ¿Por qué tienes que anunciárselo al mundo?", expresó el presidente en el programa Fox & Friends de la cadena ultraconservadora, unas declaraciones que empujaron a la jefa de Diplomacia Pública de Israel, Tzipi Hotovely, a desmentir la información: "El asunto de la montaña Pickaxe nunca se sacó a colación".

Trump ya se había mostrado molesto con la actitud de Netanyahu cuando el primer ministro israelí cuestionó primero las negociaciones con Irán y criticó después la firma del memorando de entendimiento negociado por su vicepresidente, JD Vance, que apenas duró un mes en vigor.

Los desaires de Netanyahu, que también intentó sabotear el acuerdo de Estados Unidos con Turquía para la venta de cazas F-35, llevaron a Trump a criticarlo en privado y en público. Algo poco habitual. En junio, llegó a llamarle "puto loco" durante una conversación telefónica.

El propio Trump aseguró este lunes a bordo del Air Force One que él y Netanyahu tenían "una pequeña diferencia, pero estamos bastante cerca", aunque reiteró acto seguido que Israel no sería capaz de sobrevivir sin Estados Unidos. "Francamente, estamos siendo muy amables con muchos países que no sobrevivirían sin nosotros. ¿Y saben quién no sobreviviría sin nosotros? Israel", deslizó.