El presidente estadounidense, Donald Trump, presentará al Congreso un acuerdo de colaboración para el desarrollo de un programa nuclear en Arabia Saudí que abre la puerta a permitir el enriquecimiento de uranio.
La naturaleza del acuerdo sería la colaboración entre ambas naciones para que Riad pudiera emplear sus reservas de uranio para producir energía, según informan medios estadounidenses. Washington tendría un papel protagonista en el desarrollo de las infraestructuras y la exclusiva del control del enriquecimiento durante la primera década del programa de 30 años de colaboración.
El acuerdo supondría una ganancia de decenas de miles de millones de dólares y plantea la construcción de una planta de enriquecimiento de uranio, si así lo estima oportuno un informe realizado por ambos gobiernos. Además, proporcionará reactores de potencia y otra tecnología nuclear, siendo la mayor beneficiada la empresa Westinghouse Electric.
Proliferación nuclear
Varios políticos estadounidenses, incluido el actual secretario de Estado del presidente Donald Trump, Marco Rubio, han mostrado en el pasado sus reservas respecto a la colaboración nuclear con Riad. Uno de los obstáculos es el temor del empleo de la tecnología nuclear con fines militares y el uso del combustible gastado del reactor para fabricar bombas.
Según la información avanzada por The Washington Post, el texto no incluiría el Estándar Oro, que impediría enriquecer uranio y reprocesar combustible nuclear gastado, ni el Protocolo Adicional, que permite la supervisión del Organismo Internacional de Energía Atómica de la ONU.
El reino saudí defiende que sus intenciones son pacíficas y Estados Unidos mantiene que ejercerá como garante de la seguridad en toda actividad nuclear. Sin embargo, el príncipe heredero declaró a la CBS que "Arabia Saudí no desea adquirir ninguna bomba nuclear, pero sin duda, si Irán desarrollara una, haríamos lo mismo lo antes posible".
El temor por estas declaraciones se agudiza con la situación que atraviesa la región y las continuas agresiones entre EEUU e Irán de las últimas semanas, las cuales han afectado a naciones vecinas aliadas de Washington.
El texto será firmado por el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, y el ministro de Energía saudí, Abdulaziz Bin Salman, y presentado en los próximos días al Congreso, donde se revisará durante 90 sesiones. Ambos representantes firmaron ya un acuerdo previo el año pasado.
El bloqueo del texto, de darse, será complicado, ya que la cámara necesitaría una declaración conjunta y una mayoría de dos tercios si fuera necesario impedir un posible veto presidencial.
Una región inestable
El contexto regional en el cual se firma este acuerdo hace temer sus consecuencias. Por un lado, Estados Unidos sostiene una ofensiva cruzada contra Irán desde que se rompiera la tregua pactada en junio. Uno de los puntos clave en las hostilidades entre Teherán y Washington es el programa nuclear iraní, el cual debe ser suspendido para una paz definitiva.
Arabia Saudí es uno de los pocos aliados estadounidenses en la zona que no está siendo atacada en las últimas semanas, pero no mantiene buenas relaciones con la República Islámica. Trump amenazó el pasado martes con atacar la Montaña Pico, un complejo subterráneo que, según las autoridades estadounidenses, estaría vinculado al programa nuclear iraní.
Riad mantiene un conflicto abierto con los rebeldes hutíes de Yemen, los cuales acusan a Arabia Saudí de intervenir para colaborar con el Gobierno reconocido internacionalmente. En los últimos días, los rebeldes han bloqueado el paso de buques saudíes por el estrecho de Adén y lanzado proyectiles contra el aeropuerto saudí de Hodeida como represalia por el bombardeo de la pista del de Saná.
Bombardeo de la pista del Aeropuerto internacional de Saná, en Yemen.
Todo este contexto hace temer una escalada aún mayor de la violencia en la región con la proliferación de armas nucleares en Oriente Próximo.
