Las claves
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Estados Unidos se prepara para una guerra inminente con Irán. Es el escenario que dibuja su enorme despliegue militar en Oriente Próximo.
Lo que comenzó como una herramienta de presión para negociar el desmantelamiento del programa nuclear iraní se ha transformado en cuestión de días en un aumento sostenido de destructores, buques de guerra y cazas estadounidenses en la región, listos para "una gran ofensiva", según fuentes consultadas por el digital Axios.
Los expertos dan por descontado que la concentración de fuerzas es la antesala de una operación militar.
Washington envió a finales de enero a la región a su portaaviones USS Abraham Lincoln, que transporta 90 aeronaves y una tripulación de 5.680 personas, junto con su grupo de escolta, que incluye tres destructores equipados con misiles guiados.
Era el primer aviso. Una demostración de fuerza acompañada de la amenaza verbal de Donald Trump, que amagó con llevar a cabo una acción similar a la que se saldó con la captura de Nicolás Maduro en Caracas, siempre y cuando la República Islámica no se sentara a negociar "de inmediato" sobre el desarrollo de su programa nuclear.
"Una enorme Armada se dirige a Irán. Se mueve rápidamente, con gran poder, entusiasmo y determinación. Al igual que con Venezuela, está lista, dispuesta y capacitada para cumplir rápidamente su misión, con rapidez y violencia, si es necesario", escribió entonces el mandatario estadounidense en su plataforma Truth Social.
No era la primera vez que Trump coqueteaba con la idea. El inquilino de la Casa Blanca había amenazado con anterioridad con una acción militar si los Guardianes de la Revolución no cesaban la violenta represión de las protestas que estallaron en diciembre y que dejaron más de 3.000 manifestantes muertos, según las cifras confirmadas por el régimen.
La ayuda prometida a los "patriotas iraníes" que, según Trump, "estaba en camino" nunca llegó, para chasco del ala dura de la oposición a los ayatolás, liderada desde su exilio en Maryland por Reza Pahlaví, el hijo del último sah de Persia.
Vía diplomática
El mandatario estadounidense suavizó el tono la semana pasada, cuando comenzaron en Mascate, primero, y en Ginebra, después, las negociaciones indirectas con la República Islámica. Un complejo proceso diplomático que, como en el caso de Ucrania, controlan su yerno, Jared Kushner, y su enviado especial, Steve Witkoff, un perfil curtido en los Acuerdos de Abraham y un amateur.
En el carril paralelo a las negociaciones, sin embargo, Estados Unidos avanzó en su despliegue militar en Oriente Próximo. Hace apenas unos días, sus tropas reposicionaron en la región varios aviones cisterna de reabastecimiento, cazas y otros activos de la Fuerza Aérea con base en el Reino Unido, según fuentes consultadas por la cadena CNN.
La señal más reciente de que Estados Unidos podría estar preparándose para una operación a gran escala la adelantó hace unos días The New York Times, cuando informó de que las tropas norteamericanas habían enviado hacia el golfo de Omán el portaaviones USS Gerald Ford, el mayor buque de guerra del mundo, involucrado en el ataque que culminó con la captura de Maduro.
"Lo necesitaremos si no hay acuerdo con Irán", se justificó Trump la semana pasada a bordo del Air Force One. "Un portaaviones es ciertamente un aparato peligroso", concedió el líder supremo, Alí Jamenei, que devolvió la provocación: "Pero más peligroso que el portaaviones es el arma que puede enviarlo al fondo del mar".
El portaaviones USS Gerald Ford, que hasta hace apenas unos días estaba desplegado en el mar Caribe, no llegará a la región hasta dentro de dos o tres semanas, pero no lo hará en solitario. Su envío coincide con el aumento de cazas F‑15 y aviones de guerra electrónica EA‑18 estacionados en la base aérea de Muwaffaq Salti, en Jordania.
Despliegue de portaaviones nuclear USS Abraham Lincoln.
Vía militar
Desde los atentados de Hamás del 7 de octubre de 2023, que motivaron la brutal invasión israelí de la Franja, Estados Unidos amplió de forma significativa su presencia militar en Oriente Próximo.
El número de efectivos desplegados en las ocho bases militares estadounidenses en la región oscila entre los 34.000 y los 50.000, según los datos del Quincy Institute for Responsible Statecraft, un think tank con sede en Washington. Cifra a la que se suman las decenas de miles de tropas que acompañan el operativo.
Siempre según Axios, la campaña que prepara Estados Unidos cuenta con la asistencia de Israel, y promete ser mucho más amplia en alcance que la guerra de los doce días de junio del año pasado, a la que Washington se sumó finalmente para intentar destruir las instalaciones nucleares subterráneas de Irán, sin éxito.
La ofensiva ya no sería quirúrgica, como lo fue entonces, sino masiva. Eso explicaría la reciente visita a la Casa Blanca del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, siempre hostil a la idea de negociar con los ayatolás.
Mike Pompeo, secretario de Estado durante el primer mandato de Trump, aseguró este miércoles que su antiguo jefe "no va a hacer lo que hizo el presidente [Barack] Obama: firmar un acuerdo débil que permita a los iraníes seguir desarrollando su programa nuclear".
No en vano, el mandatario republicano sueña con impulsar un cambio de régimen. Es un deseo que no esconde. "Sería lo mejor que podría pasar", reconoció la pasada semana. "Durante 47 años han estado hablando y hablando y hablando. Mientras tanto, hemos perdido muchas vidas".
Este martes, sin embargo, el ministro iraní de Asuntos Exteriores, Abás Araghchi, aseguró que las partes reunidas en Ginebra habían alcanzado "un entendimiento general sobre un conjunto de principios rectores", es decir, un acuerdo para seguir negociando, y que las conversaciones marchaban por el buen camino.
"Esto no significa que podamos llegar rápidamente a un pacto, pero al menos el camino ha comenzado", puntualizó el jefe de la diplomacia iraní, que busca ver levantado el severo régimen de sanciones que lastra su economía.
Desde fuera nadie entendió el tono optimista del representante iraní, aunque la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, coincidió con él este miércoles al asegurar que había habido avances en la mesa de diálogo de Ginebra, y que esperaban que Araghchi presentara novedades a los mediadores de Omán dentro de dos semanas.
No obstante, como explica en conversación con este periódico Mehran Kamrava, profesor de Gobierno en la Universidad de Georgetown de Catar, "los estadounidenses han querido, en cierto modo, que el resultado de las negociaciones esté predeterminado y, además, los iraníes y la Administración Trump tienen concepciones muy diferentes de lo que son unas negociaciones".
"A los iraníes les hace falta, o les gusta, hablar, discutir y examinar todos los aspectos de un tema. En cambio, Trump quiere una resolución rápida, decisiva y llamativa, y un acuerdo", explica el especialista. "No le interesan las negociaciones, le interesa el resultado final, el acuerdo".
La Casa Blanca no sólo quiere negociar la evolución del programa nuclear; también quiere poner encima de la mesa el programa de misiles iraní y el respaldo de la República Islámica a Hezbolá, Hamás y otras milicias afines en la región, como los rebeldes hutíes de Yemen.
Son cuestiones que Irán ni siquiera contempla discutir porque, como expresó el propio Jamenei, "cualquier país que carezca de armas disuasorias será aplastado bajo los pies de sus enemigos".
No sería, además, la primera vez que Trump hace saltar por los aires una ronda de negociaciones. Repetiría el mismo guion del mes de junio del año pasado, cuando lanzó la operación Martillo de Medianoche, dirigida contra los arsenales de misiles iraníes y las infraestructuras nucleares de Fordow, Isfahán y Natanz. La acción, coordinada con Israel, retrasó el desarrollo de su programa nuclear, pero no lo desmanteló.
La República Islámica prepara a sus fuerzas para responder ante cualquier eventualidad. "Hemos revisado nuestras debilidades y las hemos corregido. Si se nos impone una guerra, responderemos", manifestó en este sentido el jefe del Consejo de Seguridad Nacional de Irán, Ali Larijani, en la cadena de televisión catarí Al Jazeera.
Por eso, los Guardianes de la Revolución pusieron en marcha a principios de semana una serie de maniobras navales en el estrecho de Ormuz, una ruta marítima estratégica por la que cruza el 20% del comercio mundial del petróleo cuyas fuerzas cerraron varias horas este lunes aduciendo "razones de seguridad".
El ministro de Exteriores de Irán, Seyed Abbas Araghchi.
Irán también realizará este mismo jueves juegos de guerra junto con Rusia en el mar de Omán a fin de "fortalecer la seguridad marítima y profundizar las relaciones entre las armadas de ambos países", anunció este miércoles el portavoz de la Marina iraní, el contralmirante Hassan Maghsoudloo, en declaraciones recogidas por la agencia Tasnim.
Los ejercicios disparan el riesgo de que se produzca un incidente similar al de principios de febrero, cuando un caza F-35 estadounidense derribó un dron Shahed-136 iraní que "se aproximó de manera agresiva" y con "intención poco clara" a su portaaviones USS Abraham Lincoln.