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El Gobierno iraní recupera las riendas del relato y asegura que ya ha reprimido con éxito las masivas manifestaciones que se desataron durante semanas en numerosas ciudades del país y que supusieron uno de los mayores desafíos para la República Islámica desde la revolución de 1979. Las autoridades también han compartido el primer balance oficial de muertos: 3.117, un número muy inferior al revelado por los grupos de derechos humanos.
"La sedición se ha acabado", proclamó el fiscal general del régimen de los ayatolás, según recoge la agencia estatal Mizan. "Y debemos de estar agradecidos, como siempre, a la gente que apagó la sedición estando sobre el terreno de manera oportuna".
La televisión estatal difundió balances elaborados por el Ministerio del Interior y de la Fundación de Asuntos de Mártires y Veteranos, organismo oficial que presta servicios a las familias de los caídos en guerras, en los que se afirmaba que 3.117 personas habían muerto. En ese cómputo se especificaba que 2.427 de los fallecidos en las manifestaciones eran civiles y miembros de las fuerzas de seguridad.
Sobre el resto de muertos, el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Ali Larijani, indicó que eran "terroristas, amotinados y aquellos que atacaron bases militares". La organización HRANA aseguró este jueves que la cifra de fallecidos confirmados ascendía a al menos 4.902, aunque se teme que haya muchos más.
La Fundación de Veteranos y Mártires de Irán explicó que muchos de los muertos eran transeúntes que fueron asesinados a tiros, mientras que otros eran manifestantes "que fueron blanco de disparos de agentes terroristas organizados entre la multitud". La República Islámica ha acusado a supuestos mercenarios infiltrados con el apoyo de Estados Unidos e Israel de la violencia en las calles y el desafío social al régimen.
Las autoridades, ante la escalada de las tensiones, decretaron un apagón total de internet y las comunicaciones y pusieron en marcha una brutal represión que ha terminado aplacando a los manifestantes por la fuerza. Amnistía Internacional ha calificado lo ocurrido en las protestas de "masacre", con efectivos de las fuerzas de seguridad disparando desde los tejados de edificios, mezquitas y comisarías contra manifestantes desarmados.
EEUU mueve sus cazas
Las protestas comenzaron a finales de diciembre por comerciantes de Teherán por la caída del valor del rial y la crisis económica y pronto se extendieron por el país pidiendo el fin de la República Islámica. El momento álgido se alcanzó el jueves 8 de enero y el viernes 9 de enero, con una explosión de manifestaciones en prácticamente todo Irán. Más de 26.500 personas han sido detenidas, según HRANA.
En los últimos días, testigos y grupos de derechos humanos han descrito una calma inquietante que se instala gradualmente en el país, con tiendas y escuelas abriendo bajo una fuerte presencia de fuerzas de seguridad en las calles. El Gobierno ha prometido que levantará el apagón de internet próximamente, aunque sin ofrecer una fecha concreta.
Protestas en Teherán.
El martes, el ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abás Araqchi, ofreció la respuesta dialéctica más dura de Teherán a cualquier posible acción militar estadounidense, escribiendo en un artículo de opinión en The Wall Street Journal que Irán "no tiene reparos en contraatacar con todo lo que tenemos si somos objeto de un nuevo ataque".
En una entrevista con la cadena CNBC tras participar en el Foro de Davos, Donald Trump dijo que espera no tener que bombardear al régimen de los ayatolás, pero prometió una respuesta militar si Teherán reanuda su programa militar. Sus amenazas también frenaron la ejecución de varios centenares de manifestantes detenidos.
No obstante, según el WSJ el Ejército estadounidense ha enviado más cazas de combate F-15 y un portaaviones a Oriente Próximo ya que el mandatario republicano todavía valora si lanzar o no una acción militar contra el corazón del régimen iraní.
