Vladímir Putin anunció este miércoles la liberación de Stephen Hubbard, un profesor estadounidense jubilado de 74 años, al comienzo de su reunión en San Petersburgo con Steve Witkoff, el ubicuo enviado especial de Donald Trump.
Hubbard vivía en Izium, en el este de Ucrania, cuando las tropas rusas ocuparon la ciudad en la primavera de 2022, y desde entonces había estado retenido por el Gobierno de Moscú.
Según el tribunal que le condenó, Hubbard se habría alistado en una unidad de defensa territorial y se le habría detenido en un control militar.
Hablamos, hay que recordar, de un profesor que por entonces ya contaba 70 años.
Los documentos del propio juicio, sin embargo, sitúan su arresto en casa de un conocido, y su abogado asegura que los soldados se lo llevaron sin más.
En octubre de 2024, un tribunal de Moscú le condenó a seis años y 10 meses de cárcel por mercenario.
Lo irónico del asunto es que, según su hermana, lejos de combatir contra Rusia, Hubbard incluso simpatizaba con ella.
En enero de 2025, todavía con Joe Biden en la Casa Blanca, el Departamento de Estado le declaró "detenido injustamente", la calificación que Washington reserva para quienes considera encarcelados por su nacionalidad o fines políticos.
Biden canta el 'Cumpleaños feliz' a una niña en plena rueda de prensa
Para entonces, ya había pasado por al menos cinco centros de detención, y su defensa no supo hasta abril de 2025 que cumplía condena en Mordovia, al este de Moscú.
La liberación fue festejada por todo lo alto por Trump, quien, por supuesto, se atribuyó el mérito con dos mensajes en su red social, Truth.
En el primero, escrito en tercera persona, reveló que se lo había pedido personalmente a Putin la semana anterior y presumió de que "por respeto a nuestro presidente, Rusia no ha pedido nada a cambio, una situación sin precedentes".
Doce minutos después, en un segundo post, reprochaba a la Administración Biden no haberle traído de vuelta mucho antes y explicaba que los mismos que pedían sanciones inmediatas contra Moscú le habían llamado para disculparse, porque no sabían que estaba negociando.
"Si se hubieran impuesto las sanciones, sin duda esas negociaciones se habrían paralizado por completo", añadió, contradiciendo el mensaje anterior y dejando claro que sí que había algo "a cambio" de la liberación.
Las sanciones suspendidas no son otras que las recogidas en la ley que lleva el nombre del fallecido Lindsey Graham, quien fuera senador republicano por Carolina del Sur, aliado de Trump y uno de los mayores halcones frente a Moscú.
El presidente la firmó en septiembre y, el 16 de octubre, dos días antes de que entrara en vigor, la dejó sin efecto con una orden ejecutiva: ni aranceles a los productos rusos y a los grandes compradores de su petróleo y su gas, ni sanciones a bancos y altos cargos rusos.
Una semana antes, el Tesoro había eximido de castigo al diésel ruso hasta abril de 2027. En la misma reunión con Witkoff, Putin anunció que el primer buque cisterna, con 40.000 toneladas, zarparía hacia Estados Unidos en dos o tres días.
El precio de un rehén
Rusia lleva años canjeando a occidentales detenidos en su territorio por agentes y delincuentes propios.
En febrero de 2022, días antes de la invasión, la policía arrestó en un aeropuerto de Moscú a Brittney Griner, estrella del baloncesto femenino estadounidense, con unos cartuchos de vapeo con aceite de cannabis, y un tribunal la condenó a nueve años de cárcel.
La cara y la cruz de la liberación de Brittney Griner
En diciembre de ese mismo año, el entonces presidente Joe Biden aceptó un intercambio por Viktor Bout, el traficante de armas conocido como "el mercader de la muerte", que cumplía 25 años de condena en Estados Unidos.
Trump, entonces fuera de la Casa Blanca, consideró aquel acuerdo una vergüenza antipatriótica para su país.
Ese mercado de presos ha tocado de cerca también a Europa y, por supuesto, a España.
En agosto de 2024, el aeropuerto de Ankara vivió el mayor intercambio entre Rusia y Occidente desde la Guerra Fría.
Putin devolvió a Estados Unidos al periodista Evan Gershkovich y al exmarine Paul Whelan, mientras recuperaba a diez detenidos, entre ellos Vadim Krasikov, condenado en Alemania por asesinar en Berlín a un georgiano de origen checheno.
El periodista Evan Gershkovich en la corte de Ekaterimburgo en la que ha sido juzgado.
El opositor Trump vaticinó entonces que acuerdos así provocarían "una enorme cantidad de secuestros".
En el avión que voló a Moscú viajaba también Pablo González, periodista vasco nacido en Rusia, que llevaba 886 días en prisión preventiva sin juicio en Polonia, donde le detuvieron en febrero de 2022 acusado de espionaje.
Ya de vuelta en la Casa Blanca, Trump ha seguido la misma política que su predecesor.
Marc Fogel, otro profesor estadounidense, condenado a catorce años por llevar marihuana medicinal, volvió a casa en febrero de 2025 a cambio del ciberdelincuente ruso Alexander Vinnik, y en abril, Ksenia Karelina, ruso-estadounidense, fue canjeada en Abu Dabi por Arthur Petrov, acusado de exportar componentes militares a Rusia.
Poco antes, había dejado marchar a Kalob Byers, detenido a su llegada a Rusia con gominolas de cannabis, en vísperas de la primera reunión de los dos gobiernos en Riad.
Lo que se lleva Putin esta vez no es un puñado de agentes, sino millones de dólares en forma de diésel.
El 9 de octubre, Trump anunció que Rusia pondría de inmediato en el mercado más de 300.000 toneladas, y otras 500.000 en noviembre.
Al día siguiente, acusó a Volodímir Zelenski, el líder ucraniano, de querer "causarles problemas a nuestros agricultores y a nuestros ganaderos" con sus ataques a refinerías rusas, y dijo que Ucrania necesitaba un nuevo presidente.
Todo lo contrario de lo que había defendido en julio, cuando alabó los ataques a larga distancia del Gobierno de Kiev.
"Humanitario"… según para qué
En San Petersburgo, Witkoff se encargó de los elogios ante las cámaras. "Usted habla mucho de lo humanitario que es mi presidente, el presidente Trump… pero usted también lo es, señor, y le felicito por ello", le dijo a Putin.
El vicepresidente, J. D. Vance, defendió al enviado de las críticas: le parecía bien que le dijera algo amable a quien acababa de liberar a un rehén estadounidense, por mucho que lo hubiera detenido antes sin pruebas.
Trump, más ambiguo, concedió que, en este caso concreto, se podía decir que Putin se había comportado de forma humanitaria, aunque él prefería no pronunciarse "ni en un sentido ni en otro".
Los senadores republicanos fueron mucho menos indulgentes.
Thom Tillis, de Carolina del Norte, respondió a Witkoff con un malsonante "WTF, Steve?" ("¿Qué demonios, Steve?") y le sugirió que preguntara a las familias de los niños secuestrados y asesinados por Putin si lo consideraban una persona humanitaria. John Cornyn, de Texas, no se enredó con rodeos: "Putin es un asesino a sangre fría".
Reflejaban así un malestar que venía de antes en el seno del GOP.
El 13 de octubre, seis senadores republicanos y seis demócratas, entre ellos Mitch McConnell y el propio Cornyn, habían enviado a Trump una carta en la que calificaban el acuerdo del diésel como "un regalo a nuestro adversario y una traición a nuestros aliados".
Advertían de que apenas movería los precios y de que solo serviría para financiar la guerra de desgaste rusa.
Los votantes republicanos comparten la opinión de sus senadores. En la última encuesta de YouGov que desglosa por partidos la imagen de los líderes extranjeros, el 76 % de los republicanos tenía una opinión desfavorable de Putin y sólo el 10 %, favorable.
Ningún dirigente europeo se acercaba a ese rechazo: el presidente francés, Emmanuel Macron, el peor valorado por ese electorado, obtenía un saldo negativo de 34 puntos, la mitad que el de Putin.
Marco Rubio durante su visita de Estado a Uzbekistán.
El sondeo del Pew Research Center de esta primavera apuntaba en la misma dirección: apenas un 14 % de los republicanos decía confiar en el presidente ruso.
Dentro de la Administración, el secretario de Estado, Marco Rubio, y el de Defensa, Pete Hegseth, han intentado tranquilizar a Kiev.
Rubio presentó la suspensión de las sanciones como una simple pausa de apenas 60 días y aseguró que no había nada que se le negara a propósito a Ucrania… aunque admitió que escaseaban los interceptores Patriot y que "nosotros también tenemos nuestras necesidades".
Hegseth sostuvo el martes, en Eau Claire (Wisconsin), que la postura oficial hacia Ucrania no había cambiado, pero que los soldados estadounidenses necesitaban esos misiles.
Según un funcionario ucraniano, los contratos de un envío ya pagado por los aliados de Kiev siguen sobre la mesa de Hegseth, sin firmar.
Lo que no se intercepta
Una de las razones, aparte de la fascinación por Putin, por las que Trump cerró el acuerdo del diésel fue para bajar los precios antes de las elecciones legislativas del 3 de noviembre, pero las encuestas no le acompañan.
El pasado lunes, Reuters/Ipsos situó su aprobación en el 31 %, la más baja de sus dos mandatos, con los demócratas 12 puntos por delante en intención de voto al Congreso.
Según una encuesta de la CNN, incluso entre los republicanos su respaldo ha caído al 74 %, 14 puntos menos que en febrero de 2025.
Darline Graham Nordone, hermana del fallecido senador Lindsey Graham, presta juramento en el Senado.
Curiosamente, entre los republicanos que se juegan el escaño el 3 de noviembre está Darline Graham, hermana del senador que da nombre a la ley que Trump ha guardado en el cajón.
Lindsey Graham murió de forma repentina el 11 de julio, un día después de reunirse con Zelenski en Kiev, y Trump lo despidió como uno de los mejores senadores que había conocido.
El gobernador de Carolina del Sur nombró a Darline para sustituirle, y ahora aspira al escaño con el apoyo del presidente.
Tras la suspensión de las sanciones, dijo que prefería mantener la presión sobre Moscú, que no se fiaba ni de Putin ni de Rusia y que lo hablaría con Trump.
Mientras tanto, en Ucrania, la Misión de Observación de Derechos Humanos de la ONU contabilizó el mes pasado al menos 328 civiles muertos y 2.105 heridos, el peor septiembre desde el inicio de la invasión: un 85 % más de víctimas que un año antes.
En Kiev hubo bombardeos mortales en 22 de los 30 días del mes.
Según una fuente citada por la CNN, Ucrania habría agotado a mediados de octubre sus interceptores Patriot y por eso apenas pudo derribar ninguno de los misiles balísticos del último gran ataque.
