El Ejército de Ucrania marcaba un hito en la guerra moderna el martes al anunciar el primer rescate de un soldado herido a bordo de un dron modificado para transportar a una persona. Horas después, el militar era identificado: su nombre es Kostiantyn Vlasenko y ha protagonizado una de las historias de resistencia más asombrosas de la guerra.
Según han revelado medios militares ucranianos y ha explicado Anton Gerashenko, exasesor del ministerio de Interior en Kiev, Vlasenko ha resistido en su puesto durante casi 500 días pese a sufrir graves heridas en ambas piernas. Perdió uno de sus pies y se vio obligado a amputarse él mismo el otro cuando comenzó a gangrenarse.
El soldado de 49 años relató sus 491 días en el infierno al periodista Yuri Butusov. Según cuenta, él se alistó voluntariamente, aunque tuvo que insistir en varias ocasiones para que su solicitud fuera aceptada. Fue asignado a la 30ª Brigada Motorizada y enviado al frente de Járkiv.
I'm speechless. https://t.co/ycxnCR5wNf
— Anton Gerashchenko (@Gerashchenko_en) October 20, 2026
Junto a un compañero, el soldado fue acantonado en un puesto denominado "Veretun", una tubería de hormigón reconvertida en búnker en una de las orillas del río Oskil, en el sector de Kupiansk. La situación al principio "no era mala", confiesa el soldado: tenían hasta un pequeño espacio para cocinar.
Ambos defendieron el puesto durante diez meses: la zona se encontraba bajo intenso fuego ruso, lo que impedía las rotaciones y que fueran relevados por los refuerzos ucranianos. Vlasenko perdió entonces a su camarada en un ataque ruso. El cuerpo no pudo ser recuperado por los ucranianos debido a la elevada presencia de drones rusos en el área.
Kostiantyn se encontraba solo y asediado, algo que los rusos sabían. Mediante una grabación, le instaron a rendirse avisándole de que nadie vendría a rescatarle. Las tropas ucranianas habían tratado de llegar hasta el Veretun, pero él mismo les había pedido que se retirasen debido al peligro.
Ante la resistencia del superviviente, los rusos decidieron atacar entonces su puesto con vehículos no tripulados armados con bombas. El pasado febrero, una explosión dañó gravemente las piernas de Vlasenko. Perdió uno de sus pies arrancado por la metralla, pero las heridas en el segundo eran tan serias que comenzó a gangrenarse.
El soldado tuvo que tomar entonces la terrible decisión de amputarse su propio pie. "Lo apoyé sobre un ladrillo, cogí un cuchillo... Se me caían las lágrimas. Pero había que cortarlo, y lo corté", relata con sangre fría. Y bromea: "Le dije a mi comandante que ya no tenía ni pies planos ni calzaba un 44".
Maria Senovilla, corresponsal en Ucrania de EL ESPAÑOL, desde Kramatorsk.
Logró sobrevivir a las heridas y mantenerse aprovisionado mediante los envíos de materiales por dron que le hacían llegar desde su comandancia. Entre ellos, paquetes enviados por su mujer y su hija desde Kiev, entre los que se encontraban un libro de Stephen King que leería y releería: El Visitante.
Cuando llegó la primavera y el deshielo, el soldado describe una escena imborrable: para recoger una bolsa de provisiones, tuvo que reptar junto a la zona en la que habían quedado los restos de sus pies. Y vio mariposas naranjas y negras revoloteando a su alrededor. "Pensé, 'Dios, esas mariposas han salido de mis piernas'".
El rescate
El plan para sacar a Kostiantyn de la zona sin arriesgar a más soldados fue diseñado por la compañía de Sistemas Terrestres No Tripulados de la 92ª Brigada Separada de Asalto de Ucrania, en cooperación con otras unidades. Dado que las tropas rusas habían minado el área, enviar un dron ambulancia terrestre no era posible.
"Los especialistas de nuestra compañía asumieron la responsabilidad para hacer lo que no había hecho nadie: evacuar a un soldado con un dron aéreo", indica la brigada mediante un comunicado.
La aeronave elegida fue un hexacóptero -un dron impulsado por seis motores y seis hélices- de la compañía ucraniana Gurzuf Defence, que cedió el vehículo no tripulado de forma gratuita. Dado que normalmente está equipado para ataque, fue modificado para levantar y transportar a una persona sin desequilibrarse.
Tras probar la eficacia de este transporte, se dio luz verde a la operación. Un operativo de la propia brigada de Vlasenko pilotó la aeronave hasta poder aterrizarla al alcance del herido, que tuvo que arrastrarse y sujetarse con las correas antes de dar la señal con un pulgar en alto hacia la cámara para despegar.
El hexacóptero iba acompañado de varios drones de escolta, en previsión del contraataque ruso. Uno de ellos fue derribado. El soldado confesó que su terror durante el vuelo era caer en el río, "porque no podría nadar".
Sin embargo, pudo abandonar con éxito la zona de peligro. Actualmente ingresado en un hospital militar, Kostiantyn se recupera mientras afirma no sentirse ningún héroe pese a lo extraordinario de su historia. "No me gusta haber sido el primero", asegura sobre su evacuación en dron. "Hubiera preferido ser el segundo".
