Las protestas contra el encarecimiento de la vida celebradas este sábado en Francia estuvieron acompañadas de enfrentamientos entre grupos violentos y fuerzas del orden, incendios y daños o asaltos en edificios públicos y comercios en ciudades como París, Marsella (sur), Lyon (sureste) o Lille (noroeste), entre otras.
La movilización reunió a decenas de miles de personas en todo el país —500.000 según el sindicato CGT—, a seis meses de las elecciones presidenciales, con reivindicaciones relacionadas con la inflación, el precio de los carburantes y la pérdida de poder adquisitivo.
Sin embargo, aunque muchas de las marchas transcurrieron con normalidad, los incidentes violentos focalizaron la atención de la jornada en París, Lyon, Marsella o Lille, donde se produjeron sucesos graves, especialmente en estas dos últimas ciudades donde fueron asaltados sus respectivos ayuntamientos.
El Ministerio de Interior informó de que hasta las 15.00 horas (13.00 GMT) habían sido detenidas 272 personas.
En París, varios cientos de personas se enfrentaron a las fuerzas de seguridad en la plaza de la República antes incluso del inicio de la manifestación principal, donde manifestantes enmascarados se enfrentaron a las fuerzas del orden y prendieron fuego a varios automóviles en la zona.
La cabecera de la marcha autorizada llegó posteriormente a la plaza de Clichy, siguiendo el recorrido previsto, mientras otros grupos se desplazaban por la capital sin autorización. Uno de ellos intentó llegar hasta el Palacio del Elíseo, en una zona expresamente prohibida para manifestaciones.
Para hacer frente a estos grupos incontrolados, las autoridades activaron la CRS 8, una unidad especializada en la lucha contra la violencia urbana.
En Lyon, la situación se agravó en la céntrica plaza de Bellecour, donde una oficina de turismo fue saqueada e incendiada, mientras los enfrentamientos entre grupos violentos y la policía -que hizo uso de gases lacrimógenos y de un cañón de agua- se sucedieron en varias oleadas, mientras los bomberos encontraban dificultades para acceder al lugar para apagar las llamas y los alborotadores vandalizaban comercios.
En Marsella, decenas de manifestantes forzaron las puertas del Ayuntamiento y entraron brevemente en el vestíbulo, donde causaron daños e hicieron pintadas, antes de ser desalojados por la policía. Durante el incidente, un busto de Marianne, símbolo de la República francesa, fue derribado y sufrió desperfectos.
"Es inaceptable utilizar este tipo de reivindicaciones para entrar, romper y destruir el cemento que nos une como nación", declaró el alcalde, Benoît Payan, a BFMTV, y calificó a los violentos de "tontos útiles de la extrema derecha", al considerar que sus acciones refuerzan su discurso político sobre la inseguridad.
En la que es la segunda ciudad más grande de Francia, se produjeron daños en comercios vandalizados y en una comisaría de la policía municipal.
El alcalde, independiente de izquierdas, afirmó que el presidente francés, Emmanuel Macron le había garantizado el envío inmediato de refuerzos policiales. En concreto, dos compañías adicionales de antidisturbios.
El primer incidente grave de la jornada se producía a primera hora en Ruán, donde un incendio que afectó a la fachada de un edificio universitario está siendo investigado como un posible acto criminal.
Las autoridades también denunciaron incidentes en Rennes, Toulouse y Angers, entre muchas otras ciudades, incluidos ataques contra las fuerzas de seguridad, saqueos e incendios de mobiliario urbano.
En previsión de la multiplicación de incidentes, el ministro del Interior, Laurent Núñez, había movilizado a 10.000 policías y gendarmes para esta jornada en todo el país, de los cuales 5.000 en París.
"No nos dejaremos intimidar"
El primer ministro Sébastien Lecornu declaró este sábado que Francia no se dejaría "intimidar" por la violencia después de que decenas de miles de personas protestaran contra el aumento de los costes y el deterioro de los servicios públicos, meses antes de las elecciones presidenciales.
"A quienes claramente quieren usar esta violencia como un 'calentamiento' antes de las elecciones presidenciales, les digo claramente: no nos dejaremos intimidar. Nadie impondrá su agenda política mediante la violencia", escribió en una publicación en X.
En la cabecera de la marcha parisina iba el líder de La Francia Insumisa y candidato a la Presidencia francesa, Jean-Luc Mélenchon, quien fue señalado por la líder ultraderechista y también rival al Elíseo, Marine Le Pen, por "legitimar la violencia" y buscar "precipitar al país en el caos".
Su delfín, Jordan Bardella, afirmó que los responsables de los incidentes eran los "profesionales del caos" y acusó a la extrema izquierda de desacreditar las reivindicaciones sociales. Por su parte, Mélenchon, criticó la cobertura televisiva de los disturbios y destacó el carácter pacífico de numerosas concentraciones.
La convocatoria surgió de un vídeo viral publicado en TikTok a comienzos de septiembre y ganó apoyo ante el aumento de los precios de la gasolina y del coste de la vida. Sus promotores buscaron recuperar el impulso del movimiento de los 'chalecos amarillos' de 2018 y 2019, que marcó el primer mandato del presidente francés, Emmanuel Macron.
La movilización reunió a estudiantes, trabajadores, jubilados, agricultores, activistas climáticos y militantes antifascistas. Varias figuras del movimiento original de los 'chalecos amarillos' respaldaron la convocatoria, que también coincidió con las protestas estudiantiles iniciadas en septiembre para reclamar mejores condiciones educativas.
