Las últimas maniobras desesperadas de Donald Trump para frenar la escalada de los precios de la energía y evitar una sangría electoral el próximo 3 de noviembre han vuelto a abrir una brecha entre Estados Unidos y la Unión Europea.
En su reunión de este lunes en Luxemburgo, los ministros de Exteriores de los Veintisiete han arremetido contra el acuerdo sobre el diésel que el presidente estadounidense alcanzó durante el fin de semana con Vladímir Putin.
Además, los europeos han cerrado filas en defensa del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, frente a la nueva andanada de descalificaciones de la Casa Blanca, que ha vuelto a pedir elecciones en un país en guerra y amenaza con cortar el suministro de armas estadounidenses.
Los ministros de Exteriores no conceden ninguna credibilidad a la tregua energética anunciada por Trump sin consultar previamente a ninguno de los dos bandos. Lejos de secundar la iniciativa, han redoblado la presión sobre el Kremlin, al que consideran responsable de la guerra y primer infractor del alto el fuego.
De hecho, la UE ha aprobado este lunes el mayor paquete de sanciones de su historia contra casi 1.600 personas y entidades del complejo militar-industrial ruso. El paquete incluye 826 empresas rusas y 743 personas que ocupan puestos de consejero delegado en esas compañías.
"Este no es el momento de aliviar la presión sobre Moscú, sino de aumentarla", ha advertido la alta representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Kaja Kallas, en una censura implícita a la decisión de Trump de suspender las sanciones al diésel ruso al menos hasta abril de 2027.
Las nuevas sanciones apuntan específicamente a proveedores de nivel intermedio que constituyen el núcleo de la industria militar rusa, con una facturación anual conjunta de al menos 20.000 millones de euros y más de 250.000 empleados. Estas empresas suministran componentes esenciales para algunos de los sistemas de armamento más avanzados de Rusia, incluidos misiles, drones y aeronaves.
Con estas nuevas incorporaciones, cerca de 4.600 personas y entidades figuran ya en la lista negra de la UE por su papel en la guerra de Ucrania. Entre ellas están el propio Putin y su ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov. Todos tienen prohibida la entrada en territorio comunitario y sus activos en la UE están congelados.
"Estados Unidos es nuestro principal aliado, pero nuestro mensaje es claro: si queremos poner fin a esta guerra, la única manera de lograrlo es aumentar la presión sobre Rusia. Pedimos a Estados Unidos que aplique las sanciones para poder acabar con esta guerra. Si la guerra termina, no se producirían estos ataques contra las refinerías", ha resaltado la jefa de la diplomacia de la UE.
"Debemos presionar a Rusia para que detenga la guerra. Si lo hace, los ucranianos tampoco tendrán que tomar medidas para defender su país, y eso es precisamente lo que está en juego. Esperamos que esta tregua (anunciada por Trump) se mantenga, pero, hasta ahora, no hemos visto que se esté respetando", avisa Kallas.
En cuanto a la petición de Trump de que haya elecciones en Ucrania, la Alta Representante ha señalado que prácticamente todas las constituciones establecen que no se pueden celebrar elecciones mientras haya una guerra, y ha recordado que el propio Zelenski está dispuesto a que se celebren si se alcanza un alto el fuego.
"Pero las elecciones siempre implican una confrontación entre distintos grupos dentro del país, mientras que los ataques proceden del exterior. Por eso es tan importante mantener a la población unida mientras dure la guerra. Si se presiona a Rusia para que ponga fin al conflicto, estoy segura de que Ucrania celebrará elecciones", ha dicho Kallas.
"Lamento mucho este acuerdo (del diésel entre Trump y Putin). Espero que no llegue a entrar en vigor", ha criticado la ministra de Exteriores de Suecia, Maria Malmer Stenergard. "Los países de la UE, independientemente de lo que ocurra con EEUU, deben mantener la calma, seguir adelante y aumentar el apoyo a Ucrania".
"El acuerdo del diésel no ayuda ni a contener los precios de los productos petrolíferos ni a preservar la unidad de la comunidad transatlántica", denuncia su homólogo lituano, Kestutis Budrys.
El jefe de la diplomacia de Estonia, Margus Tsahkna, sostiene que el pacto entre Trump y Putin "está conectado con la situación doméstica en EEUU, donde se acercan las elecciones de medio mandato", pero cree que al final no tendrá ningún impacto real sobre los precios de la energía.
"Ya hemos tenido antes este tipo de turbulencias y también la presión del presidente Trump sobre Ucrania, así que tenemos que centrarnos en lo que nosotros podemos hacer. Y es obvio que Europa debe hacer más para apoyar a Ucrania", ha reclamado.
Sin embargo, el comisario europeo de Defensa, Andrius Kubilius, considera que ha llegado el momento de que la UE se desvincule por completo de la política de Trump hacia Ucrania.
"Hasta ahora, la UE era el único apoyo financiero serio de Ucrania, pero confiaba en que el liderazgo político de Estados Unidos contribuiría a lograr la paz en el país. Ha llegado el momento de que la UE y Ucrania elaboren y pongan en marcha una estrategia de paz independiente", ha pedido Kubilius.
