Á. Escalonilla
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LO ESENCIAL
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Bosnia era la república más diversa a nivel étnico de la antigua Yugoslavia. Esa diversidad quedó plasmada en los Acuerdos de Paz de Dayton de 1995, que dividieron el país en dos entidades autónomas unidas por un frágil gobierno central: la República Srpska, de mayoría serbia, y la Federación de Bosnia y Herzegovina, de mayoría bosnia y croata.

Dayton trajo la paz, pero solidificó la división étnica, como demuestran las elecciones generales que el país celebra este domingo a la sombra de la desaceleración de la economía, del estancamiento de las negociaciones de adhesión a la Unión Europea y de otra crisis política que vuelve a poner en riesgo la integridad territorial del Estado.

Los votantes escogerán a los representantes bosnio, serbio y croata de la presidencia tripartita y a un nuevo presidente de la República Srpska, así como a los miembros de la Cámara de Representantes del Parlamento estatal, de las asambleas de las dos entidades y de 10 asambleas cantonales. En total, hay más de 500 cargos públicos en juego.

En las urnas compiten los partidos nacionalistas étnicos —el Partido de Acción Democrática (SDA) bosniaco, la Alianza de Socialdemócratas Independientes (SNSD) serbia y la Unión Democrática Croata de Bosnia y Herzegovina (HDZ BiH)— contra las coaliciones opositoras multiétnicas articuladas en torno al Partido Socialdemócrata (SDP).

Los partidos de las tres comunidades tienen prioridades diferentes. Encabezado por el SDA, el bloque bosniaco defiende un Estado más funcional y centralizado, el fortalecimiento de las instituciones comunes y el avance hacia la UE y la OTAN.

En el bloque serbobosnio, el SNSD reclama más autonomía, niega con frecuencia la autoridad de instituciones centrales, amenaza con declarar la independencia y defiende incluso su anexión a Serbia. Entre los croatas, la HDZ BiH centra su programa en lo que califica de "igualdad" constitucional e institucional de los croatas, el menor de los tres grupos étnicos.

"Muchos ciudadanos seguirán votando a partidos que representan a su propio pueblo, porque las élites políticas fabrican constantemente una sensación de amenaza y miedo, convirtiendo las elecciones en un referéndum sobre la supervivencia nacional", lamentaba el politólogo Mladen Bubonjić en declaraciones a Deutsche Welle.

Son temas que distan mucho de los problemas que afectan el día a día de los votantes, como el encarecimiento del coste de vida, la precariedad de salarios y pensiones, la dificultad para acceder a la vivienda, la corrupción endémica o la debilidad de los servicios públicos.

Anegada por el clientelismo y las promesas recicladas, la campaña transcurrió en calma, y eso que la muerte de dos criminales de guerra serbobosnios como Ratko Mladić, enterrado con honores en Belgrado, y Biljana Plavšić, la primera mujer condenada por el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia, bien podrían haber agitado el avispero.

Sistema enrevesado

"El sistema electoral es sumamente complejo, y la elegibilidad para algunos cargos se determina mediante una combinación de residencia y etnia", advierten los investigadores Amanda Thorpe, Jasmin Mujanović y Olivia Olson en las páginas del Atlantic Council.

"Los escaños en algunas instituciones se dividen por cuotas étnicas, lo que significa que se reserva un número determinado de puestos para representantes de cada pueblo constituyente y aquellos clasificados como 'Otros'. Un ejemplo clave es la presidencia tripartita, donde un escaño está reservado para un bosnio, otro para un croata y otro para un serbio", explican.

Y añaden: "Los candidatos bosnio y croata sólo son elegidos desde la Federación de Bosnia y Herzegovina, mientras que el miembro serbio sólo se elige desde la República Srpska. En otras palabras, los serbios en la entidad de la Federación no pueden votar por el miembro serbio de la presidencia, y lo mismo se aplica a los bosnios y croatas en la entidad de la RS".

La confusión no acaba ahí, porque los candidatos que aparecen en la papeleta varían según el lugar de residencia del votante, aunque todos emitan su voto a nivel estatal y para su respectiva entidad. Además, los residentes del Distrito de Brčko, que tiene un estatus autónomo especial, eligen entre una papeleta de la Federación u otra de la República Srpska.

Mismas caras

Según la plataforma Poliwave, el proeuropeo SDA mantiene una estrecha ventaja nacional con un 21,4 %, seguido por el SDP con un 16,7 %. En la República Srpska, es el SNSD del líder secesionista Milorad Dodik, bien relacionado con Israel, Rusia y Estados Unidos, quien encabeza los sondeos con un 34,2 %.

La atención estará puesta en la composición de la nueva presidencia tripartita, que marcará el ritmo de los próximos cuatro años. La jefatura de Estado saliente está formada por Denis Bećirović (SDP BiH) y Željka Cvijanović (SNSD), que buscan la reelección, y por el croata Željko Komšić (Frente Democrático), que no se presenta.

Son las décimas elecciones generales desde el final de la guerra en 1995, y las primeras desde la destitución como presidente de la República Srpska del propio Dodik, un estrecho aliado de Vladímir Putin, Donald Trump y Benjamin Netanyahu, apartado por contravenir las órdenes del entonces jefe de la Oficina del Alto Representante, Christian Schmidt.

Su sustituto, Siniša Karan, que ganó las elecciones posteriores a su destitución por una diferencia de tan solo 10.000 votos, no buscará la reelección, y la oposición presenta como candidato al popular alcalde de Banja Luka, Draško Stanivuković. Así que esta podría ser la primera vez que el SNSD se quede fuera del Gobierno de la República Srpska desde 2006.

En la República Srpska, los votantes eligen al presidente y a dos vicepresidentes de la entidad con un solo voto. Los candidatos bosnio, croata y serbio con mayor número de votos obtienen cada uno uno de los tres puestos; el candidato con más votos en general se convierte en presidente, y los otros dos se convierten en vicepresidentes.

"Estas son también las primeras elecciones generales que utilizan identificación biométrica de votantes y escáneres electrónicos de papeletas, una tecnología introducida por primera vez con el apoyo de la UE en 2024 con el objetivo de reducir el fraude electoral, acelerar el recuento de votos e incrementar la confianza pública", apunta el Atlantic Council.

"El cambio se produce en medio de antiguas preocupaciones sobre el voto ilegal y los recuentos de votos disputados, y se espera que produzca resultados que puedan alterar el dominio histórico de los principales bloques gobernantes", explica el think tank con sede en Washington.

El nuevo mecanismo ofrecerá, además, una visión mucho más precisa sobre la escala del declive demográfico de Bosnia. Según los datos actuales, el país ha perdido a casi uno de cada seis de sus ciudadanos —unas 600.000 personas— como consecuencia de la emigración en la última década.

Rumbo Bruselas

De paso, las elecciones servirán para calcular el ritmo al que avanza Bosnia hacia las instituciones comunitarias. El país es candidato desde 2022 y la UE decidió abrir las negociaciones de adhesión en 2024, aunque el proceso está condicionado a reformas en democracia, Estado de derecho, administración pública y derechos fundamentales.

Reformas no cumplidas por las cuales el país ha perdido ya 108 millones de euros en fondos europeos, y podría perder otros 370 millones más en caso de que el próximo Gobierno no pise el acelerador en los próximos cuatro años.

El proceso no sólo no avanza, sino que, además, retrocede. Según los informes de la UE, la puntuación de preparación de Bosnia cayó de 4,14 a 2,91 sobre diez en cuestión de un año. Es la caída más pronunciada de cualquier país candidato a la adhesión.

"Una integración económica más estrecha con la UE es uno de los pocos puntos de consenso entre los líderes políticos del país, mientras que el progreso hacia la pertenencia a la OTAN sigue siendo limitado y cuenta con la oposición abierta del liderazgo de la República Srpska", subrayan los analistas del Atlantic Council.

Sin embargo, la misión EUFOR Althea de la Alianza Atlántica mantiene unas 1.000 tropas en el país bajo mandato internacional y trabaja con las autoridades para garantizar un entorno seguro. La OTAN, mediante su cuartel general en Sarajevo, presta apoyo a la reforma de defensa y a EUFOR.