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Las claves

"Tenía demasiado miedo". Con estas palabras, Rita Flores (Margarita Konovalova), artista y activista rusa de 29 años vinculada al colectivo feminista punk Pussy Riot, ha roto tres años de silencio forzado.

En su primera entrevista con los medios desde que huyó de Rusia a finales de agosto de 2026, Flores ha revelado cómo fue reclutada, chantajeada y controlada por el Servicio Federal de Seguridad ruso (FSB), la heredera de la KGB, para espiar a otros activistas, recabar información íntima de artistas disidentes y, finalmente, colaborar en un complot para secuestrar y asesinar a Piotr Verzilov, antiguo colaborador de Pussy Riot y editor del medio independiente Mediazona, actualmente exiliado en Ucrania.

Según el relato de Flores, recogido en exclusiva por The Guardian y ampliado por eldiario.es, su reclutamiento se produjo en febrero de 2023, durante uno de los numerosos registros domiciliarios que sufría por su activismo.

Dos hombres que se identificaron como agentes del FSB la amenazaron con abrirle una causa penal bajo las leyes de censura en tiempos de guerra por una publicación en Instagram en la que criticaba los asesinatos cometidos por Rusia en Ucrania. Pero la presión no se detuvo ahí: le advirtieron de que podrían asesinar a su madre si no firmaba los documentos de cooperación.

"Les creí. Creí que podían cumplir todo lo que prometieron… Mi miedo era inmenso. Estaba muy preocupada por mi familia y también por mí misma", declaró Flores. A cambio de firmar, recibió un pago único en efectivo de entre 30.000 y 40.000 rublos (unos 266-355 euros), una cantidad simbólica que, según explicó, no compensaba el precio moral de su colaboración.

"Poli bueno, poli malo"

Durante tres años, Flores mantuvo contacto regular con dos oficiales del FSB que aplicaron sobre ella la clásica táctica del policía bueno y el policía malo. El superior, un hombre tosco de cuarenta y tantos años que se presentaba con distintos nombres y solía vestir una chaqueta negra brillante, era conocido por Flores como "el Chaqueta". El subalterno, llamado Iván, actuaba como su principal contacto y alternaba la amabilidad con amenazas veladas.

"Siempre que me reunía con Iván y el de la Chaqueta, Iván permanecía en silencio. El de la Chaqueta era grosero y amenazante; me insultaba por ser mujer. Era la encarnación del mal. Entonces, nos veíamos solo Iván y yo, y él era amable y simpático", recordó Flores. Iván le decía: "El FSB te reeducará, yo te reeducaré, tendrás una vida tranquila y apacible, amarás Rusia, tendrás hijos y serás una esposa obediente".

A pesar de que le ordenaron no hablar de su reclutamiento, Flores confesó que se lo contó inmediatamente a "unas 20 personas", atribuyéndolo a ser una "chismosa empedernida". Sin embargo, no llegó a delatar directamente a los artistas sobre los que debía informar.

En su lugar, según relata a eldiario.es, provocaba conflictos entre ellos con pretextos, enfadándolos o enemistándolos para que fuera imposible obtener información confidencial. También suministraba datos que consideraba inofensivos, como la marca de cerveza favorita de sus compañeros.

La presión psicológica se intensificó con el tiempo. "Intentaba hacerse amigo mío, pero también podía ser amenazante. Con toda tranquilidad me decía: 'Matarán a tu madre y no podrás demostrar nada' o 'Si te vas al extranjero te encontrarán enseguida y te matarán', y luego se reía, como si todo fuera una broma. El tipo de la chaqueta, en cambio, nunca bromeaba. Sus amenazas eran más directas", declaró Flores.

El punto de inflexión llegó en mayo de 2025, cuando Iván y "el Chaqueta" comenzaron a preguntarle por Piotr Verzilov, activista vinculado a Pussy Riot que ahora vive en Ucrania y lucha contra Rusia. Verzilov, quien en 2018 fue presuntamente envenenado en territorio ruso, según médicos alemanes, llevaba años siendo una molestia para el Kremlin.

Flores aseguró que sus contactos querían que obtuviera información de Verzilov, incluida su dirección en Ucrania, y que aprovechara su antigua amistad para concertar una reunión en Serbia. Allí, según afirmaban, un escuadrón del FSB lo secuestraría y asesinaría. Iván comenzó a pagarle 50.000 rublos mensuales como incentivo adicional para que colaborara en el caso.

La huida

Ante la inminencia de la misión en Serbia, Flores tramó su salida. Se casó con su pareja en septiembre de 2025, lo que, según explicó, fue en parte una forma de librarse del encargo: pudo decirle a Iván que su marido jamás la dejaría viajar para encontrarse con otro hombre. "Utilicé la moral rusa, contra la que yo había peleado, en mi beneficio", relató a eldiario.es.

Con la ayuda del abogado Dmitry Zakhvatov, con quien contactó en secreto, planificó su huida de Rusia. Ambos se negaron a dar detalles de la fuga para proteger los métodos que podrían usar otros activistas en situaciones similares. Tras su salida, Zakhvatov anunció una línea segura para que personas en circunstancias parecidas pudieran contactarlo si necesitaban ayuda.

La confesión en vídeo de Flores, publicada poco después de su salida de Rusia, fue recibida con elogios por parte de algunos sectores de la oposición rusa en el exilio, que aplaudieron su valentía al hablar y explicar cómo opera el FSB. Sin embargo, también generó escepticismo entre quienes criticaron su decisión de cooperar durante tanto tiempo.

"No es ningún secreto que no es agradable trabajar para el FSB, pero el miedo puede cambiar a una persona", dijo Mariya Aliójina, exintegrante de Pussy Riot, en declaraciones recogidas por The Guardian. "Es importante que ahora esté fuera del país y que haya contado en voz alta lo que le sucedió. Nadie murió ni nadie fue a prisión [por su culpa], así que son buenas noticias".

Flores ha estado llamando a las personas a las que delató, así como a otros viejos amigos, para explicarse, y afirmó que todos la han apoyado en estas conversaciones. Ahora, desde el exilio, desea ayudar a otros activistas a romper sus vínculos con el FSB y huir de Rusia.

El contexto

La historia de Flores se enmarca en una escalada represiva sin precedentes en Rusia. Como recuerda eldiario.es, la irrupción de Pussy Riot en 2011 marcó un punto de inflexión: lo que comenzó como un desafío a la religión ortodoxa pronto se reveló como un enfrentamiento directo con la democracia misma. En 2012, varias integrantes fueron sentenciadas a dos años de prisión por "socavar el orden social" tras una performance en la catedral de Moscú.

Actualmente, Rusia mantiene una lista pública de 22.000 personas a las que considera "terroristas o extremistas", entre ellas Pussy Riot. El objetivo, según analistas, es hacer pasar la disidencia por terrorismo para justificar su aplastamiento. Mariya Aliójina, en busca y captura desde 2022, fue sentenciada el año pasado a 13 años de cárcel por criticar la invasión de Ucrania.

"En Rusia, si eres gay, te pueden matar sin miramientos. Cuando comienzan este tipo de ataques, es fácil llegar al fascismo. Es precisamente contra lo que luchamos", dijo Aliójina en una entrevista con eldiario.es en 2019.

Flores, por su parte, describió la vida en el Moscú de la guerra como un ejercicio de disonancia cognitiva. "Moscú está en pleno auge; abren restaurantes, bares y clubes, y hay muchísimos eventos. Pero quienes pretenden entender las cosas tienen la mirada perdida y pronuncian palabras vacías".

Y añadió: "Quienes se han quedado en Rusia han aceptado las reglas del juego. Vas a una galería y cada obra de arte bien podría venir con un cartel que diga 'teníamos prohibido decir nada'... Hay artistas que antes hacían declaraciones contundentes, y en 2026 están dibujando flores en un jarrón".