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Las claves

Es la hora de la verdad para Friedrich Merz. El canciller alemán, que lucha por la supervivencia de su proyecto político, pedirá este domingo a la cúpula de la CDU un voto de confianza para enfrentar con plenas garantías el auge de la AfD, consolidada como primera fuerza política del país, a más de 10 puntos de distancia en las encuestas de la CDU y su socio bávaro, la CSU.

Según adelantó este martes el portal Table Media, Merz reunirá a los líderes del partido a las 17:00 horas en la sede del partido en Berlín, la Konrad-Adenauer-Haus, justo antes de la difusión de los primeros sondeos a pie de urna de las elecciones que se celebran este domingo en la capital y en el land oriental de Mecklemburgo-Pomerania Occidental.

Según la revista Stern, el líder cristianodemócrata buscará el respaldo de la dirección y de los barones del partido poniendo encima de su mesa dos alternativas: cerrar filas en torno a él y su renovado plan reformista o empezar a buscar a su sucesor. O todo o nada.

Será clave conocer la postura que adopten los ministros-presidentes de Schleswig-Holstein, Daniel Günther, y de Hesse, Boris Rhein, aunque los focos estarán puestos en el centrista Hendrik Wüst, ministro-presidente de Renania del Norte-Westfalia, el estado federado más poblado del país, donde gobierna en coalición con Los Verdes.

Y es que Wüst se perfila como el gran heredero. Es joven, tiene buenos índices de aprobación y un perfil con proyección nacional. Como Merz, no contempla romper el cordón sanitario (o Brandmauer) para gobernar con la AfD. A diferencia de Merz, no descarta estudiar la puesta en marcha un procedimiento para valorar la prohibición de la AfD.

De entrada, el canciller podrá contar con la lealtad de Markus Söder, eterno aspirante a pilotar las siglas a nivel nacional. Aunque el líder de la CSU, el hermano bávaro de la CDU, protagonizó una agria disputa por el poder con Armin Laschet en las primarias de 2021 y mantiene una guerra soterrada con Wüst, cerró filas con Merz.

Una solución a medio camino puede ser el actual ministro del Interior, Alexander Dobrindt, una figura de consenso, aunque Merz es consciente de que nadie se atreverá a desafiarle. "Ni Söder ni Wüst", explica el politólogo Jürgen W. Falter en la revista Focus. "Porque ninguno de los dos tendría garantizada la mayoría necesaria en el Parlamento para ser elegido".

"La CDU y el Gobierno en su conjunto se encuentran en un estado tan malo que, previsiblemente, nadie quiere ocupar su puesto", escribe el columnista Bernd Ulrich en el semanario Die Zeit. "Mejor no sacudir las puertas de la Cancillería, porque entonces podría venirse todo abajo. El Gobierno. El viejo sistema de partidos. Al final, toda la hermosa República, quién sabe".

Hendrik Wüst, ministro-presidente de Renania del Norte-Westfalia. Nicolas Maeterlinck Europa Press

Ulrich argumenta que ya no quedan pesos pesados en las filas de la CDU, "es decir, autoridades como Wolfgang Schäuble, cuyo respaldo habría bastado para poner en marcha esas oscuras operaciones que deben ponerse en marcha cuando hay que derrocar a un canciller", pero matiza: "Que nadie quiera derrocar a Merz tampoco garantiza que no vaya a caer".

La caída de Merz no sería la primera operación para cambiar de canciller en mitad de una legislatura en la República Federal. El gigante Konrad Adenauer tuvo que marcharse de forma prematura en 1963, bajo la presión de los liberales del FDP, de su socio de coalición, y de los suyos propios, para dejar paso a Ludwig Erhard, su ministro de Economía.

El propio Erhard fue apartado en 1966 por su propio grupo parlamentario por los malos datos económicos, mientras que el histórico dirigente socialdemócrata Willy Brandt dimitió en 1974 a raíz de un escándalo de espionaje y cedió el puesto a Helmut Schmidt, sustituido a su vez por Helmut Kohl en 1982, después de que su socio de coalición, el FDP, cambiara de bando.

Pintan bastos

Lo cierto es que pintan bastos para Merz. En los sondeos de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, la CDU no supera el 7 % de intención de voto, lo que supondría obtener su peor resultado histórico en unas elecciones regionales.

La primera ministra socialdemócrata del estado, Manuela Schwesig, concentra el voto anti-AfD y reduce el espacio de la CDU a su mínima expresión. Hasta el punto de que el líder regional del partido, Daniel Peters, abona los temores de que no superen el umbral del 5 % de los votos para obtener representación parlamentaria.

La presidenta del Gobierno de Mecklemburgo-Pomerania Occidental y candidata principal del SPD, Manuela Schwesig. Annegret Hilse Reuters

En Berlín, el escenario es algo menos sombrío, pero igual de decepcionante. El candidato cristianodemócrata, Stefan Evers, ronda el 20 % de intención de voto y competirá por la primera posición con Die Linke, pero tendrá casi imposible formar gobierno y, llegado el caso, tendría que articular una coalición con Los Verdes y el SPD como socios minoritarios.

El canciller no tira la toalla y sigue dispuesto a agotar la legislatura. "Fui elegido para cuatro años y me gustaría que utilizáramos estos cuatro años para sacar al país de este difícil periodo", declaró este martes durante un acto con empresarios organizado en Berlín.

Por eso, Merz planea presentar este mismo domingo una serie de propuestas a sus socios de coalición del SPD para relanzar el Gobierno. Por su cabeza pasa un nuevo alivio fiscal y un paquete de medidas para detener el alza de los precios de la energía.

Entre sus recetas no figura, sin embargo, un impuesto extraordinario a las energéticas, como se encargó de aclarar este mismo martes durante una rueda de prensa conjunta en Berlín con el primer ministro de Irak, Ali al-Zaidi. "En este momento, no veo una base objetiva ni jurídica suficiente", sentenció.

La coalición rojinegra presenta sus primeras grietas. Unos 30 diputados del grupo parlamentario conjunto entre el SPD y la CDU, que suman 208 escaños en el Bundestag, rumian la posibilidad de romper el acuerdo con los socialdemócratas para gobernar en minoría y, de paso, cambiar de canciller, según Focus. Posibilidad que Merz rechaza de plano.

Golpeado por la apabullante victoria de la AfD en las regionales de Sajonia-Anhalt, donde cosecharon el 44 % de los votos, el canciller atraviesa su peor momento desde que fue investido, no sin suspense, puesto que no consiguió la mayoría absoluta en la primera votación.

La cúpula de la CDU acordó no abrir fuego amigo contra Merz tras las elecciones en Sajonia-Anhalt. En esta ocasión, sin embargo, sus compañeros de filas no tendrán los mismos reparos. Cualquier resultado negativo en las urnas podría darle la puntilla.

"Merz ya es un lame duck, un pato cojo, sin haber llegado siquiera a volar realmente", escribe Ulrich. Y es que su respaldo popular es nulo. Según una encuesta reciente de Forsa, el 85 % de los ciudadanos dice estar descontento con su trabajo y sólo un 8 % considera que el canciller todavía utiliza el tono adecuado con la población.

El 78 % del electorado considera que Merz no es la persona más adecuada para ocupar el cargo de canciller, según una encuesta que INSA publicó el pasado fin de semana. La mayoría de los simpatizantes de la CDU piensa lo mismo. Son cifras demoledoras.