El primer ministro de Canadá, Mark Carney, llega a Europa en una visita histórica para las relaciones transatlánticas. Hablará ante la Eurocámara, asistirá al discurso del estado de la Unión Europea de la presidenta Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y visitará Londres y París mientras el presidente de EEUU, Donald Trump, redobla su ofensiva arancelaria.
Estados Unidos, primer socio comercial y estratégico de los canadienses, ha pasado a convertirse en una amenaza para su economía. Carney busca en la UE un contrapeso y los 27, también baqueteados por los aranceles indiscriminados dictados por la Casa Blanca, lo reciben con los brazos abiertos.
No se trata, en cualquier caso, en convertir al país norteamericano en miembro de la UE, como aclaraba el propio primer ministro canadiense. Pero, conscientes de la importancia de esta alianza para redibujar el mapa estratégico global, Bruselas estaría valorando crear la figura de 'estado asociado' para dar cabida a Canadá.
Esta información habría sido confirmada a The Wall Street Journal por funcionarios europeos y canadienses. Preguntado al respecto, Carney se limitó a confirmar que efectivamente buscan una forma "única" de alianza con la UE sin llegar al extremo de la adhesión.
Carney ha sido uno de los principales defensores de la necesidad de un contrapeso a las ambiciones de EEUU en crisis como su intento de anexión de Groenlandia a comienzos de año. "Compartimos los mismos valores, tenemos las mismas prioridades y contamos con fortalezas muy complementarias", celebró el primer ministro en referencia a Europa.
El Parlamento Europeo también ha multiplicado los gestos de aproximación, anunciando el pasado lunes que abrirá una oficina de enlace en Ottawa. Un portavoz parlamentario señaló que la medida "subraya el compromiso del Parlamento Europeo de profundizar el diálogo político y la cooperación con Canadá".
Estados Unidos presiona
Las relaciones entre Ottawa y Washington se han deteriorado drásticamente en el segundo mandato de Trump. Canadá es una de las bestias negras del magnate neoyorquino, con un Carney al mando que ha optado por una estrategia de desafío y resistencia en lugar de apaciguamiento.
La disputa comercial ha derivado en aranceles mutuos por valor de decenas de miles de millones de dólares en el comercio transfronterizo. La guerra también es dialéctica. Trump ha tachado a su vecino como "el peor país con el que tratar" y les ha acusado de "estafar durante años" a las empresas y consumidores de EEUU.
Mark Carney en el Canada Investment Summit de Toronto, Ontario
El presidente estadounidense no ha dado su brazo a torcer en los últimos días, anunciando su intención de imponer nuevos aranceles a los automóviles, camiones y piezas de repuesto canadienses a partir del 1 de enero. El estado industrial de Ontario, en donde Trump cambió el nombre de uno de los grandes lagos como desaire, es el más afectado.
La UE tiende la mano
Canadá y la Unión Europea estudian mecanismos para permitir la libre circulación de bienes, servicios y trabajadores canadienses involucrados en cadenas de suministro estratégicas como la energía, la IA, la defensa y los minerales raros. Esta libertad de movimiento equivaldría en la práctica a desplazar la frontera de la UE hasta Norteamérica, adelanta el WSJ.
Otras iniciativas que se discuten incluyen los tendidos de cables submarinos a través del Atlántico y el Ártico, construir conjuntamente centros de datos y de almacenamiento en la nube, y nuevas redes de satélites. También se habla de construir infraestructuras de interconexión energética, de modo que Canadá reduzca su dependencia de EEUU, y la UE de Rusia o el norte de África.
Carney ha conversado regularmente con varios líderes de la UE, en particular con el presidente francés Emmanuel Macron, sobre la posibilidad de permitir que los canadienses vivan y trabajen sin visado en la UE, indicó el WSJ citando a dos funcionarios anónimos involucrados en las negociaciones.
El propio gabinete de Macron confirmó que se reunirá con Carney el 20 de septiembre en el territorio francés de San Pedro y Miquelón, un grupo de islas frente a la costa atlántica de Canadá. El presidente francés ha reivindicado el derecho de Canadá a pertenecer a la UE por compartir fronteras precisamente en la región Ártica.
Sin embargo, cualquier proyecto para profundizar los lazos no está a salvo de las habituales divisiones entre los 27. Así lo demuestran los esfuerzos para implementar un acuerdo comercial más modesto, el Acuerdo Económico y Comercial Global (CETA), que ha encontrado una feroz oposición dentro de Europa.
Aunque los parlamentos de países como España lo han ratificado, el CETA lleva nueve años en vigor provisional, porque varios estados miembros no lo han aprobado, o lo han hecho parcialmente. Es el caso de Bélgica, Irlanda, Italia o Grecia. E incluso de Francia, el más procanadiense de los europeos: su Senado lo rechazó en 2024, dejándolo congelado.
