Jean-Luc Mélenchon reaccionó el domingo por la noche a la victoria de la AfD en Sajonia-Anhalt convirtiéndola en un problema francés. El fundador de La Francia Insumisa y candidato a las presidenciales de 2027 escribió en X que, en estas condiciones, el proyecto alemán de construir el mayor ejército convencional de Europa "es inaceptable para Francia".
La ultraderecha logró el 43,8 % de los votos y 39 de los 83 escaños del Parlamento de Magdeburgo, a tres de la mayoría absoluta y más del doble de lo que obtuvo en 2021.
Obviamente, Mélenchon no hablaba en nombre del Gobierno francés ni ocupa cargo oficial alguno, pero es el primer aspirante con opciones al Elíseo que vincula en público el resultado de un land alemán al rearme de Berlín.
El líder izquierdista se hace eco así de lo que lleva meses avisando el general Fabien Mandon. El jefe del Estado Mayor de los Ejércitos compareció el 13 de mayo ante la comisión de Finanzas del Senado y dijo que "el diferencial puede ser llamativo": si Berlín mantiene el ritmo, en cinco años, Alemania acabará gastando tres veces más que Francia en fuerzas convencionales.
Los alemanes no tienen armas nucleares y vuelcan todo el esfuerzo en las fuerzas clásicas; mientras, se calcula que Francia dedica en torno a 6.000 millones de euros anuales solo a la disuasión atómica.
En términos globales, Alemania destinará este año 82.700 millones de euros a su ministerio de Defensa y 108.200 si se suma el fondo especial de la Bundeswehr, frente a los 57.100 millones del presupuesto militar francés sin contar las pensiones de los militares.
La planificación de Berlín aspira a alcanzar los 183.700 millones en 2030 para un acumulado de 783.800 hasta esa fecha, y el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS, por sus siglas en inglés) coloca ya a Alemania en el cuarto puesto mundial por gasto militar, por delante del Reino Unido y de Francia.
Una simpatizante de Ulrich Siegmund de AfD en la campaña de Sajonia-Anhalt
El 18 de marzo de 2025, el Bundestag aceptó por 512 votos contra 206 "relajar" el freno constitucional a la deuda, con el apoyo conjunto de la CDU y el SPD. Es lógico que Francia mire con recelo la posibilidad de que un presupuesto de esa magnitud lo maneje una fuerza nacional-populista como la AfD.
Vincular sin más este movimiento con Adolf Hitler y revolver el fantasma de la Segunda Guerra Mundial sería un enorme error de lectura.
El partido que en 2018 despachó, por boca de Alexander Gauland, los doce años del nazismo como "una cagada de pájaro" en mil años de historia alemana no reivindica a Hitler, sino que fija el esplendor germánico en tiempos más lejanos e igual de hostiles hacia su vecino occidental.
Su programa de gobierno, Visión 2026, aprobado en abril, dedica un epígrafe a reclamar "más 1813 y 1871" en los temarios de historia y presenta el Reich fundado por Otto von Bismarck como un estado cuyos estándares aún pueden servir de "inspiración y modelo".
El texto lamenta que los políticos alemanes eviten toda referencia positiva a la historia anterior a 1933 y anuncia un comisionado regional para restaurar los monumentos a los caídos de Königgrätz de 1866 y de la guerra franco-prusiana.
El regreso de las grandes potencias
La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, dijo en enero algo que hace cinco años habría resultado impensable: si Estados Unidos ataca militarmente a otro país de la Alianza, se acaba todo, la OTAN incluida. Hablaba de Groenlandia. Europa lleva ochenta años instalada en una anomalía histórica, sin guerras entre vecinos y con la seguridad subcontratada a Washington.
Sin embargo, en apenas una década, ha empezado a comportarse como si esa etapa estuviera amortizada. La proporción del gasto militar mundial que corresponde al continente ha pasado del 17 % de 2022 a más del 21 %, según el IISS.
Vladímir Putin lleva años señalando el camino del "renacer de las grandes potencias". En junio de 2022, en el 350º aniversario del nacimiento de Pedro el Grande, explicó que el zar, al guerrear contra Suecia, "no se estaba apoderando de nada, lo estaba recuperando", y añadió que a Rusia le tocaba ahora recuperar y reforzar, en referencia, principalmente, a Ucrania y a los países bálticos.
No es casualidad que Kirill Dmitriev, enviado del presidente ruso, celebrara el domingo el resultado de Sajonia-Anhalt reproduciendo una captura de pantalla del post que Donald Trump había colgado en Truth Social felicitando a Ulrich Siegmund por su triunfo.
Ambas administraciones han mostrado siempre una sintonía absoluta y a nadie se le escapa que Trump entiende y comparte todas y cada una de las reivindicaciones territoriales de su homólogo ruso.
Es más, se podría decir que las envidia. El mismo domingo, Trump difundía por segunda vez la imagen retocada de un mapa de Estados Unidos que incorporaba a Groenlandia, Canadá y Venezuela.
En enero, ya había hecho lo propio con otra en la que plantaba una bandera en la isla ártica bajo el rótulo de "territorio estadounidense desde 2026". Ha llamado "futuro gobernador" al primer ministro canadiense, Mark Carney, y ha sugerido que Venezuela se convierta en un estado más de la Unión tras la captura de Nicolás Maduro.
Tampoco hay que irse tan lejos para observar estos delirios de grandeza patria: Santiago Abascal preside desde 2024 el grupo Patriotas por Europa y ha hecho de la Hispanidad, y de su versión ampliada, la Iberosfera, el eje identitario de Vox: España como potencia de primer nivel ya antes del descubrimiento de América.
El domingo felicitó a Alice Weidel y a Siegmund por un resultado que llamó "una gran esperanza para Alemania y para Europa", aunque el eurodiputado y vicepresidente de la organización, Jorge Buxadé, se apresurara a precisar que la AfD "no está en nuestro grupo político".
En Rumanía, por su parte, la Alianza por la Unión de los Rumanos, presidida por George Simion, y que aspira a reunir a los rumanos de Chernivtsi, del Timok o de Voivodina y lleva meses liderando los sondeos en torno al 36 %. No se trata de reescribir los Acuerdos de Múnich, sino directamente el Tratado de Paz de Versalles.
Una victoria de Vance tanto como de Putin
Lo peligroso de la situación para las democracias liberales es que el vicepresidente estadounidense J.D. Vance tiene tanto derecho como Putin a reclamar su parte de la victoria del domingo.
Un simpatizante de AfD en la campaña de Sajonia-Anhalt.
Vance se presentó en febrero de 2025 en la Conferencia de Seguridad de Múnich, ante un auditorio lleno de ministros europeos, para denunciar el aislamiento de la AfD: "No es el momento de los cortafuegos", dijo.
Poco después, se reunió con Weidel al margen de la cumbre, días antes de las elecciones federales alemanas.
Elon Musk fue más lejos y escribió que solo la AfD podía salvar a Alemania, además de intervenir por vídeo en el arranque de campaña. El domingo felicitó a Weidel; Siegmund le agradeció el apoyo y le ofreció cooperación.
Lo curioso es que el antiglobalismo, que nació en la izquierda, con Seattle y Génova como hitos fundacionales, vive hoy en la derecha con la inmigración como puerta de entrada.
En Sajonia-Anhalt, de hecho, conviven aún ambas sensibilidades: la Alianza Sahra Wagenknecht, escindida de La Izquierda, entró en el parlamento regional con el 5,3 % combinando economía de izquierdas, política migratoria dura y acercamiento a Moscú.
Sumadas, AfD y BSW tendrían 43 escaños, uno más de los 42 necesarios. Su copresidenta, Amira Mohamed Ali, descartó el domingo votar tanto a Siegmund como al democristiano Sven Schulze y propuso un ministro presidente sin partido.
No deja de resultar paradójica tanta preocupación por los inmigrantes cuando Sajonia-Anhalt tenía 168.421 residentes extranjeros a finales de 2025 sobre 2,12 millones de habitantes, un 7,9 % frente al 14,9 % del conjunto de Alemania, según los datos que publicó el instituto estadístico regional el 10 de julio.
Un simpatizante de AfD en la campaña de Sajonia-Anhalt.
La cifra se ha duplicado desde el 3,9 % de 2015, pero sigue siendo de las más bajas del país. El programa de la BSW propone que, en vez de captar mano de obra extranjera, se emprenda una estrategia regional de automatización, digitalización e inteligencia artificial para tapar los huecos del mercado laboral y evitar la llegada de técnicos "ajenos a la cultura".
Ni nazis ni comunistas: sangre y espacio
A pesar de que se relacione sistemáticamente con los nazis, Friedrich Ratzel acuñó el término "espacio vital" en 1901, en pleno auge de la geopolítica imperial del Kaiser Guillermo II, verdadero espejo de los Putin y los Weidel europeos.
Es el vocabulario que ha vuelto a Europa: fronteras, recursos, demografía, prestigio. El debate sobre cómo organizar la sociedad, que ocupó el siglo XX entero, ha quedado en segundo plano.
Simpatizantes de AfD en la campaña de Sajonia-Anhalt.
Y la discusión llega con la inteligencia artificial a punto de reordenar la industria y el trabajo, con China asentada como primera potencia manufacturera y con un orden internacional que ya nadie describe como unipolar.
El propio ministro alemán de Defensa, Boris Pistorius, afirmó el 5 de julio en el semanario Bild am Sonntag que tendría los mayores reparos en entregar información clasificada a un ministro de la AfD, por la proximidad del partido con Putin y la sospecha de que recibe dinero ruso.
El próximo ministro presidente de Sajonia-Anhalt se sentará en el Bundesrat, cuyos miembros pueden acceder a materias reservadas.
En noviembre de 2025, el Bundestag debatió hasta 47 preguntas que el grupo de la AfD había registrado sobre la Bundeswehr y las infraestructuras críticas. El programa regional promete además reactivar los intercambios escolares con Rusia, suspendidos en febrero de 2022.
Lo cierto es que el tiempo apremia: el presupuesto alemán de 2027, con 130.100 millones para defensa y seguridad, no será firme hasta que lo vote el Bundestag antes de diciembre, y el 20 de septiembre hay otros dos comicios regionales, en Berlín y en Mecklemburgo-Pomerania Occidental.
Weidel dio por hecho el domingo que habrá federales anticipadas y dijo esperar que Merz sea sustituido antes de Navidad. Siegmund, que ha descartado gobernar en minoría, respondió en la ZDF que si hace falta se repiten las elecciones, donde esperan sacar el 50 o el 55 % de los votos.
En el último sondeo nacional de la empresa demoscópica INSA, la AfD ocupa el primer lugar con el 28 % de intención de voto. La CDU de Merz, apenas llega al 20 %. El SPD no le gana ni a los Verdes.
