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Las claves

En el Cáucaso afloran las paradojas. Un ejemplo: el autócrata de Azerbaiyán, Ilham Alíyev, el mismo que hizo la guerra hasta en dos ocasiones a la Armenia de Nikol Pashinián para arrebatarle Nagorno Karabaj, el mismo que llevó a cabo de forma metódica una limpieza étnica en este enclave de mayoría armenia encajado en su territorio, el mismo que profirió gruesas palabras contra el propio Pashinián y el mismo que un día consideró a éste su némesis, cruza los dedos para que gane este domingo las elecciones parlamentarias en su país.

Es una larga historia que hunde sus raíces en la disuelta República de Artsaj, y que vivió su capítulo más trascendental en Washington. Es una larga historia que combina nacionalismo y disputas territoriales heredadas de la Unión Soviética. Es una larga historia, en definitiva, cuya continuidad depende de Pashinián, y sólo de Pashinián. Porque Pashinián es el primer líder armenio que acordó firmar la paz con Azerbaiyán, el primero que reconoció la integridad territorial del vecino hostil y el primero que renunció a empuñar las armas para recuperar el control del Alto Karabaj.

Porque Pashinián es también el primer líder armenio que negoció con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y con el propio Alíyev la construcción de un corredor comercial bautizado con el nombre del mandatario republicano. El corredor Zangezur será el Corredor Trump para la Paz y la Prosperidad Internacional (TRIPP, por sus siglas en inglés). Por eso, los tres comparten el interés en que Pashinián conserve el poder.

No hay obstáculos serios que inviten a pensar lo contrario, en realidad. Lo más probable es que Pashinián siga porque la oposición se presenta fragmentada (en las papeletas de este domingo aparecerán un total de 28 partidos), porque es menos popular que él y porque, aunque algo menguante, sigue manteniendo cerca a su base de votantes.

"Pashinián ha convertido [las elecciones] en un referéndum: votar por su partido Contrato Civil y las dolorosas decisiones requeridas para la paz, o por la oposición prorusa y arriesgarse a una nueva guerra", explica el analista Bashir Kitachaev en las páginas del Carnegie. "Aunque la oposición tiende a coincidir con Pashinián que se trata de un referéndum, plantearía la opción de manera diferente: capitulación frente a la preservación de la dignidad nacional de Armenia".

"El primer ministro es un elemento clave de ese futuro para Azerbaiyán", añade Kitachaev. "Ha demostrado su capacidad para negociar, su consistencia y su voluntad de asumir riesgos políticos al explicar la necesidad de las concesiones al público armenio. No existe otra figura similar en la política armenia".

El especialista refleja los matices en su informe: "Azerbaiyán está alimentando los argumentos tanto de los partidarios de Pashinián como de sus oponentes. Esto podría parecer ilógico y contradictorio, pero el objetivo final de Bakú no es solo asegurar que Pashinián sea reelegido, sino que sea reelegido con un mandato más débil".

El rendimiento del partido de Pashinián decidirá "si hay un gobierno en Ereván capaz de respaldar, defender y sostener una paz que cambie el lugar del país en la región y a la propia región", escribe el analista Zaur Shiriyev en el mismo think tank. Las encuestas sitúan a la formación del primer ministro en torno al 32% de intención de voto. Habrá que ver si puede asegurar una vez más una mayoría de dos tercios en el Parlamento, lo que le permitiría gobernar en solitario y aprobar cambios constitucionales.

Un líder atípico

El camino de Pashinián hacia el poder es singular. Este veterano periodista y activista llegó a lo más alto a lomos de la Revolución de Terciopelo de 2018. Un movimiento popular que él mismo lideró y que nació con la misión de desbancar del poder al entonces presidente Serzh Sargsián, que intentó perpetuarse como primer ministro.

Su partido de corte reformista y hasta cierto punto liberal, Contrato Civil, arrasó en las elecciones parlamentarias de ese mismo año y revalidó la mayoría en la Asamblea Nacional —a pesar de morder el polvo en la primera guerra de Nagorno Karabaj de 2020— en los comicios de 2021.

Cinco años después, Pashinián se ha convertido casi sin querer en un fenómeno viral un tanto anómalo. Encadena en su cuenta de Instagram reels con cientos de miles de visualizaciones. En los vídeos cortos, comparte su obsesión por la batería, sonríe mientras hace el gesto del corazón y luce en la solapa un pin tamaño XXL del mapa de Armenia reconocido por la comunidad internacional, coloreado de naranja. Este tipo de contenido le ha llevado a rozar el millón de seguidores en Instagram cuando su país ni siquiera supera las tres millones de almas.

Es percibido extramuros como una figura cómica y afable. De puertas hacia dentro, en cambio, Pashinián ha protagonizado una serie de polémicas que lo han colocado en mal lugar. Un ejemplo: su acalorada discusión en el metro con Armine Mosiyan, una refugiada de Nagorno Karabaj a la que le regaló su ya característico pin del mapa de Armenia.

La mujer le respondió que los suyos tenían un "mapa diferente" que incluía, claro, el Alto Karabaj ocupado militarmente por Azerbaiyán. "¿No nos va a permitir vivir en nuestro Artsaj? Usted ya no nos lo ha permitido [vivir allí], pero no puede privarnos de nuestra esperanza de vivir en nuestro Artsaj, del regreso y de lo demás", le espetó.

Pashinián hizo el amago de encajar el golpe, pero después explotó. La reprimenda del primer ministro a una ciudadana —para más inri, en plena campaña electoral— quedó grabada en vídeo, y a Pashinián no le quedó más remedio que pedir disculpas.

Abandonar la órbita del Kremlin

Desde que el presidente ruso Vladímir Putin, llamado a mediar en el conflicto con Azerbaiyán, se cruzó de brazos en las guerras de Nagorno Karabaj, Pashinián redobla los esfuerzos por alejar a su país de la órbita del Kremlin. El primer paso fue congelar la participación de Armenia en la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), una suerte de OTAN postsoviética, y engrasar sus lazos militares y diplomáticos con los países occidentales.

El presidente ruso tiene motivos para estar intranquilo. En mayo, Pashinián fue el anfitrión de la última Cumbre de la Comunidad Política Europea. Desplegó la alfombra roja en Ereván para que desfilaran los líderes continentales. Interpretó una extraña versión de La Bohème de Charles Aznavour a la que sumó su batería con el presidente francés Emmanuel Macron sentado al piano, se abrazó con el líder ucraniano Volodímir Zelenski y compartió cena con el primer ministro canadiense, Mark Carney. Estuvo en su salsa.

"El giro de Armenia hacia Occidente es algo más que una respuesta reflexiva hacia Rusia. En primer lugar, los ideales fundamentales de la Revolución de Terciopelo estaban mucho más cerca de las ideas y valores europeos como una rara victoria del 'poder popular' no violento", explica en conversación con este periódico Richard Giragosian, director del Centro de Estudios Regionales (RSC), un think tank independiente con sede en Ereván.

"Además —añade el especialista—, con la consolidación de unas elecciones genuinamente libres y justas, el abrazo de Armenia a Occidente fue una tendencia natural impulsada en gran medida a pesar de Rusia, y no gracias a ella".

Por eso, Rusia respalda este domingo a sus opositores, sobre todo a Samvel Karapetyan, un magnate armenio que tiene nacionalidad rusa, que amasó su fortuna en Rusia —un patrimonio que equivale a la mitad del presupuesto de Armenia— y que, además, permanece bajo arresto domiciliario por incitar a la toma violenta del poder. Karapetyan es el líder de la coalición Armenia Fuerte. Su eslogan es claro: "O vienes a votar, o vendrán los azerbaiyanos".

La gran alternativa por si lo de Karapetyan no termina de funcionar es el expresidente prorruso Robert Kocharián, y después está el magnate Gagik Tsarukyan, cuyo partido, Armenia Próspera, está hermanado con el partido Rusia Unida de Putin. Tsarukyan es la última bala en la recámara, y eso que gobernó en coalición con Pashinián. Los tres coinciden en señalar a Pashinián como un traidor, y Pashinián les devuelve el saludo acusándolos de ser los partidos de la guerra.

Rusia combina argumentos y amenazas para convencer a Pashinián de que en el interés de Armenia está seguir a su lado. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, aseguró este viernes en declaraciones al diario Izvestia que la pertenencia a la Unión Económica Euroasiática (UEE) es "más beneficiosa" para Ereván que la adhesión a la Unión Europea. "Ganan más dinero con la UEE, tienen un futuro mejor con la UEE y se desarrollan más rápido con la UEE. No ocurrirá lo mismo con Europa", razonó Peskov.

A tenor de la debilidad de sus candidatos, la injerencia rusa en las elecciones pasa por castigar la economía armenia a base de cancelar las importaciones de flores, frutas, agua mineral, bebidas alcohólicas como brandy o vino y otros productos esgrimiendo problemas fitosanitarios.

Y Bruselas no desaprovechó su oportunidad. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, se apresuró a ofrecer a Pashinián una ayuda financiera inmediata de más de 50 millones de euros, y su portavoz para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Anitta Hipper, denunció a Rusia por utilizar "el comercio como un arma política" y presentó a la UE como "un socio seguro y fiable" para Ereván.

El Ejecutivo ya se prepara para una eventual victoria de Pashinián con el envío de entre 20 y 30 expertos civiles —"un equipo híbrido de respuesta rápida", en palabras del servicio exterior de la UE— encargados de organizar una misión de dos años que tenga como fin mejorar la respuesta ante los ciberataques, la manipulación de información y la interferencia rusas, además de contrarrestar los flujos financieros ilícitos.

Mientras tanto, Putin se esfuerza por colocar a Pashinián en la dicotomía de compartir camino con Rusia, Bielorrusia, Kazajistán y Kirguistán o explorar la vía europea. Bielorrusia, Kazajistán y Kirguistán pidieron a Armenia a instancias del Kremlin que celebrara un referéndum para dirimir esta cuestión, esto es, tender puentes con Europa o apostar por el bloque económico euroasiático.

Sin embargo, el primer ministro armenio evita caer en la trampa de Putin. "Hasta el momento en que Armenia haya solicitado formalmente el ingreso en la UE o esté muy cerca de obtener el estatus de candidata, la celebración de cualquier referéndum no sería razonable", expresó durante un mitin de campaña.

De entrada, Pashinián prefiere mantener el equilibrio. Sabe de lo que Rusia es capaz. Lo ha visto en Ucrania y en la vecina Georgia. Por eso reitera una y otra vez que trabajará en el seno de la UEE hasta que Putin considere que su acercamiento a las instituciones europeas lo hace incompatible.

"Para Armenia, la necesidad de diversificar los socios de seguridad sustituye a los esfuerzos pasados de equilibrio entre Rusia y Occidente, y el mayor riesgo reside en no alterar la estrategia, mientras que los beneficios de un giro hacia Occidente son tanto demostrables como populares en la Armenia de hoy", explica Giragosian. "Esto también es evidente en la crisis de las relaciones con Rusia, percibido como un socio peligrosamente poco fiable".

"Además, Armenia busca resistir la atracción gravitatoria de la órbita rusa, y el momento elegido es esencial por dos razones", añade el especialista. "En primer lugar, existe una ventana de oportunidad debido al hecho de que Rusia sigue distraída y abrumada por su fallida invasión de Ucrania. Y en segundo lugar, hay una apertura relacionada para Armenia basada en un interés occidental (y europeo) sin precedentes en el país".

"Pero la clave no es intentar reemplazar a Rusia por Occidente, sino más bien contrarrestar a Rusia mediante una diversificación de socios y aliados de seguridad", zanja Giragosian, que reclama a Pashinián "una estrategia transaccional más sofisticada por parte de Armenia, con un enfoque político de trueque y negociación tanto con Occidente como con Rusia y, donde y cuando sea posible, jugando con ambos centros de poder el uno contra el otro".