J. Atienza
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Las claves

Las delegaciones de Rusia, Ucrania y Estados Unidos (que actúa como mediador) han dado hoy por finalizada la segunda ronda de negociaciones celebrada esta semana en Ginebra. Se trata de la tercera reunión trilateral, en la que el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, asegura haber conseguido "progresos" a la hora de definir los mecanismos de verificación de un eventual alto el fuego, para el que, sin embargo, sigue sin haber acuerdo. Es decir, las conversaciones han concluido este miércoles sin avances concretos hacia la paz.

"Los militares saben cómo monitorizar un alto el fuego y el final de la guerra cuando haya voluntad política", ha señalado el mandatario ucraniano en un mensaje de voz enviado a los periodistas. En el comunicado, recogido por la agencia Efe, Zelenski también indica que no se han logrado avances en la parte "política" de las negociaciones.

Por su parte, el negociador ruso, Vladímir Medinski, pseudohistoriador imperialista, ha calificado de "difíciles pero sustanciales" las reuniones. "Como ustedes saben, las negociaciones transcurrieron durante dos días. Ayer, muy largas y en diferentes formatos, y hoy, durante dos horas. Han sido difíciles, pero sustanciales", ha señalado Medinski a la prensa rusa al término de las consultas en la ciudad suiza, según la agencia TASS.

El presidente ucraniano, Volodymyr Zelenski en una foto de archivo. Reuters

Fuentes cercanas a los enviados rusos afirmaron a la agencia France-Press que las charlas habían sido "tensas", algo que por otro lado es de esperar entre dos países que llevan casi cuatro años luchando a brazo partido y que se reunían apenas horas después de un nuevo ataque masivo de drones y misiles rusos sobre infraestructura energética ucraniana.

Precisamente uno de los objetivos de Ucrania en estas reuniones, que continúan las de Estambul de finales del año pasado y las de Abu Dabi de principios de mes, es alcanzar un alto el fuego en estos ataques.

No parece que vaya a ser fácil, puesto que los rusos saben que el frío al que condenan a millones de civiles a lo largo y ancho de todo el país es uno de sus pocos activos a la hora de negociar.

Es cierto que Vladímir Putin, por deferencia a la petición de Donald Trump, aceptó una minitregua de cuatro días hace apenas dos semanas, pero es muy probable que esta vez quiera algo a cambio.

Aunque Marco Rubio, secretario de Estado, afirmara durante su visita a Hungría y Eslovaquia que las cuestiones polémicas cada vez eran menos y, por lo tanto, la paz estaba más cerca, lo cierto es que hablamos de cuestiones vitales para los dos bandos y en las que es difícil que se pongan de acuerdo.

Trump quiere que Volodímir Zelenski "se mueva" y poder colgarse la medalla de un alto el fuego antes del verano, pero todo pasa ahora mismo por las cesiones territoriales que Rusia exige y que Ucrania, obviamente, se niega a aceptar.

Garantías de defensa

Este mismo lunes, el presidente ucraniano afirmaba en una entrevista con The Atlantic que no era de recibo que el agresor, es decir, Rusia, obtuviera ninguna ganancia territorial.

Esa es su posición y tiene motivos para mantenerla: ceder el resto de Donetsk, como quiere el Kremlin, sería un suicidio a medio plazo para su país.

Ahora mismo, hay pocos lugares en el mundo más fortificados que Sloviansk y Kramatorsk. Los rusos llevan cuatro años intentando rodear este conglomerado militar sin éxito alguno. ¿Por qué tendrían que cedérselo los ucranianos?

Esta cesión no solo se vería como una debilidad, sino que abriría un camino despejado para Rusia hasta el río Dniéper en caso de que quisiera volver a las hostilidades, cosa que no dudan en Kiev.

De ahí que sea tan importante para Zelenski y su Gobierno conseguir unas garantías de seguridad fiables por parte de Occidente y, sobre todo, de Estados Unidos.

Barack Obama no hizo nada en 2014 y en 2015, cuando Rusia se anexionó unilateralmente Crimea y ocupó con fuerzas paramilitares buena parte de Donetsk y Lugansk. La historia no se puede repetir.

En ese sentido, otro de los objetivos de Ucrania en estas negociaciones es comprometer a Trump a defender su país durante al menos treinta o cincuenta años.

En lo que nadie se pone tampoco de acuerdo es en cómo. Zelenski se niega a entregar sin más el territorio que aún está en sus manos, pero sí aceptaría convertirlo en una zona desmilitarizada que separara de facto a ambos países. El asunto es quién protegerá esa zona desmilitarizada… y el Kremlin ya ha dicho que no aceptará tropas de ningún país de la OTAN.

Vladímir Medinski

El problema de raíz es que Steve Witkoff y Jared Kushner, los enviados por Trump a Ginebra tanto para estas negociaciones como para las que están teniendo lugar con Irán para regularizar su programa nuclear, ven esto como una transacción comercial mientras que Rusia lo ve como una cuestión existencial.

La actual Casa Blanca tiene el convencimiento de que todo puede arreglarse con un intercambio: Zelenski cede el Donbás, convoca elecciones… y Putin se queda tan tranquilo durante el resto de sus días. Sin embargo, no es tan fácil.

Prueba de ello es que Rusia ha elegido como jefe de su delegación a Medinski, un hombre que viene del mundo de la cultura y que es famoso en el Kremlin por haber inculcado en Putin buena parte de sus delirios imperialistas.

Medinski ya estuvo representando a Rusia en las charlas de Estambul, que no vieron avance alguno y en las que se pasó horas hablando de historia y de supuestos derechos casi divinos sobre la llamada Novorossiya o "Nueva Rusia", el territorio que va desde Járkov hasta Odesa y cubre prácticamente todo el este y todo el sur de Ucrania.

Con Medinski es imposible negociar, afirman los ucranianos, que han llevado a Ginebra a dos pesos pesados de su diplomacia y su estructura militar como Kirilo Budánov, mano derecha de Zelenski y exjefe de la inteligencia ucraniana, y Rustem Umerov, actual jefe del Consejo de Seguridad Nacional.

En las anteriores conversaciones de Abu Dabi, el enviado ruso fue Igor Kostiukov, jefe de su inteligencia militar. Con Igor Kostyukov, el diálogo era posible y al menos se llegó a un acuerdo para un intercambio de prisioneros.

Kostyukov es un militar y entiende lo que es una guerra. No es el caso de Medinski. Ni siquiera, desde luego, es el caso de Witkoff ni de Kushner, empresarios inmobiliarios, aunque el segundo sí tuviera un importante papel durante la primera Administración Trump en la negociación de los Acuerdos de Abraham.

En ese contexto, no se esperan grandes novedades para este miércoles. Las posiciones teóricas están demasiado alejadas y Rusia no quiere saber nada de las prácticas. La palabra "ceder" no está en su vocabulario.