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Las claves

Era la quinta intervención del presidente francés Emmanuel Macron en la Conferencia de Seguridad de Múnich, y quizás la última antes de que venza su segundo quinquenio en la primera mitad de 2027. Por eso no quiso defraudar, y articuló una defensa encendida de la idea de Europa, injustamente "vilipendiada como una construcción envejecida, lenta y fragmentada".

Presentado por Wolfgang Ischinger, el presidente del foro de política de Defensa más prestigioso del planeta, que había estrenado la Conferencia con unas gafas de sol parecidas a las que el propio Macron lució en el Foro de Davos, el inquilino del Elíseo quiso enviar un mensaje "de esperanza y determinación" sobre el futuro del Viejo Continente.

"Donde algunos ven amenazas, yo veo fortaleza; donde algunos ven dudas, yo quiero ver oportunidades, porque creo que Europa es intrínsecamente fuerte y puede hacerse aún más fuerte", aseguró.

Pero Ischinger quiso hablar del elefante en la habitación, que no es otro que Ucrania, y Macron entró de lleno en la cuestión. Llamó a "no ceder" ante Vladímir Putin, sino a seguir ejerciendo presión sobre una Rusia "debilitada" que "no ha conseguido sus objetivos" en Ucrania después de cuatro años de invasión.

Bien es cierto que el presidente francés no renuncia a la vía diplomática, por eso envió la pasada semana a Moscú a su asesor de cabecera en materia de política exterior, Emmanuel Bonne, para restablecer los canales de comunicación con el Kremlin.

El presidente de la Conferencia de Seguridad de Múnich, Wolfgang Ischinger, habla durante la Conferencia de Seguridad de Múnich (MSC), en Múnich, Alemania, el 13 de febrero de 2026 Reuters

En esta línea, Macron instó a los europeos a negociar "nuestra nueva arquitectura de seguridad porque nuestra geografía no va a cambiar, ya que tenemos a Rusia en nuestras fronteras, y no pueden negociar nuestra seguridad terceros países".

Pidió de manera encarecida no dejar este delicado asunto "en manos de terceros", una referencia velada a Donald Trump, que no se desprende de sus reclamaciones territoriales sobre Groenlandia y aprieta las tuercas a Volodímir Zelenski para que ceda ante las exigencias maximalistas de Rusia.

"Debemos garantizar que el acuerdo proteja a Ucrania, preserve la seguridad europea, desincentive a Rusia a intentarlo de nuevo y tampoco dé al resto del mundo un ejemplo calamitoso a seguir", argumentó Macron, que defendió la presencia de Europa en la mesa de negociación entre rusos y ucranianos, que se reanudará la próxima semana en Ginebra bajo la supervisión de Estados Unidos.

"No habrá paz sin los europeos. Quiero ser muy claro: pueden negociar sin los europeos, si lo prefieren, pero eso no traerá paz a la mesa", zanjó el inquilino del Elíseo, que para chasco del público reconoció en el turno de preguntas posterior que no percibía ninguna señal de que Rusia estuviera tomándose en serio el proceso de paz.