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Las claves

Después de más de una década alejado de la vida política, António José Seguro fue elegido presidente de la República de Portugal este domingo, alcanzando el mayor número de votos jamás registrado en una elección presidencial.

Superó los 3.459.521 votos obtenidos por Mário Soares en su reelección, en 1991.

Este resultado histórico refuerza la responsabilidad del cargo y, según el propio, le otorga una mayor "autoridad frente al Gobierno y a los partidos", esencial para fomentar una deseada "cultura de compromiso", como afirmó en su discurso de victoria.

Con una extensa trayectoria en la política nacional y europea, Seguro construyó una reputación pública marcada por la valorización del diálogo y el respeto escrupuloso de las reglas del régimen democrático.

Antiguo secretario general del Partido Socialista y exdiputado al Parlamento Europeo, nunca se destacó por estrategias de confrontación ni por un estilo de liderazgo personalista.

Fue líder del PS en la oposición durante el Gobierno de Pedro Passos Coelho, entre 2011 y 2014, pero acabaría perdiendo la dirección del partido frente a António Costa en las elecciones internas de 2015.

Una de sus características más destacadas es su apuesta constante por el entendimiento y el consenso.

Como líder de la oposición, concedió margen de gobernabilidad a Passos Coelho, incluso frente a las críticas de los partidos de izquierda. Buscó con frecuencia soluciones negociadas, tanto en el plano interno como en el diálogo con otras fuerzas políticas.

Vocación arbitral

Esta actitud apunta a un presidente con vocación arbitral, centrado en la estabilidad política y en el funcionamiento regular de las instituciones.

En contraste con presidentes más intervencionistas o mediáticos, António José Seguro tenderá a ejercer el cargo con contención, respetando rigurosamente los límites constitucionales de la función presidencial.

Instrumentos como el veto político, la intervención pública o la eventual disolución del Parlamento serían utilizados con prudencia y únicamente en contextos de clara necesidad institucional, de acuerdo con su trayectoria y con las posiciones asumidas durante la campaña.

Las posturas adoptadas a lo largo de la campaña permiten anticipar el perfil del futuro presidente.

Seguro apeló reiteradamente a la unidad de los portugueses, defendiendo la urgencia de recuperar el sentido de comunidad y promover un "cambio sereno" que contribuya a mejorar la calidad de vida de todas las generaciones.

Se presentó como un candidato comprometido con el diálogo político y la estabilidad democrática, afirmando ser capaz de integrar diferentes sensibilidades políticas y de salvaguardar los valores constitucionales.

Destacó asimismo el papel de las freguesias y del poder local como elementos esenciales para un país más cohesionado, justo y territorialmente equilibrado, reconociéndolos como pilares de la democracia y aliados fundamentales para responder a las necesidades concretas de la población.

Seguro criticó la lógica de los llamados "gobiernos de turno", en referencia a la sucesión de ciclos políticos cortos en la política portuguesa, y defendió la necesidad de políticas y gobiernos con visión estratégica, capaces de afrontar los problemas estructurales del país en lugar de soluciones de corto plazo.

Su campaña subrayó igualmente la importancia de proteger la democracia, el Estado de derecho y los principios constitucionales, posicionándose frente a discursos que consideró hostiles al actual sistema democrático.

Defendió una "presidencia abierta", basada en una mayor proximidad a la ciudadanía, especialmente en territorios afectados por situaciones de crisis —como ocurrió recientemente con la tormenta Kristin—, comprometiéndose a mantener un contacto directo y regular con los ciudadanos.

En el ámbito de la política exterior, afirmó que Portugal debe permanecer en el marco de la OTAN y privilegiar una actuación internacional basada en la diplomacia y en la promoción de la paz.

Ya como presidente de la República, António José Seguro continuará residiendo en Caldas da Rainha, donde vive actualmente, recurriendo al apartamento que posee en Lisboa cuando necesite pernoctar en la capital.

El Palacio de Belém será utilizado exclusivamente como lugar de trabajo, y los próximos cinco años determinarán la forma en que ejercerá su mandato.

Ventura, el perdedor de la cita

André Ventura acabó aumentando su votación en estas elecciones presidenciales. Obtuvo más de 1,7 millones de votos, alrededor de 300.000 más que los logrados por Chega en las elecciones legislativas, lo que indica la captación de nuevos electores.

Por otro lado, a pesar de presentarse como líder de la derecha en Portugal —alegando haber obtenido un porcentaje superior al del primer ministro, Luís Montenegro, en las últimas legislativas—, no logró movilizar plenamente al electorado de derecha, que supera los dos millones de votos en las legislativas y en la primera vuelta de las presidenciales.

Así, aunque Ventura continúa creciendo electoralmente, su tasa de rechazo a nivel nacional sigue siendo elevada, especialmente dentro del propio espacio político que aspira a liderar: perdió en todos los distritos del país y solo venció en dos municipios.

De hecho, uno de los factores que explica el resultado de António José Seguro fue la concentración del voto de electores contrarios a André Ventura.