Las claves
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Hay miradas que contienen una vida entera. Miradas donde el tiempo no ha logrado borrar nada. En la retina de Denise Papo (París, 1937) habitan recuerdos indelebles: fragmentos de un pasado marcado por la oscuridad, pero también atravesado por una profunda humanidad.
Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, Denise tenía apenas dos años, pero la historia ya había comenzado a escribir su destino. Hoy, a sus 89 años, puede contar su experiencia como superviviente de la mayor masacre de personas de la historia.
Denise Papo, superviviente del Holocausto.
En ese espejo que son sus ojos aparece la figura de su madre, una mujer de coraje inquebrantable, cuya valentía permitió que ella y sus dos hijas gemelas sobrevivieran al horror nazi. También se dibuja la ausencia del padre: perseguido, obligado a huir de la muerte y a cruzar los Pirineos con la esperanza —frágil, casi imposible— de reencontrarse algún día con ellas en España.
La vida de Denise es, pese a todo, una historia de esperanza.
Sus padres, de origen judío, habían emigrado desde Polonia a Francia en busca de un futuro mejor tras la Gran Depresión, que asfixió a tantos países de Europa Central. En Francia, su padre encontró trabajo en una fábrica y llegó a convertirse en un profesional respetado. Entonces, Francia era aún la tierra de la libertad, la igualdad y la fraternidad: un refugio, una promesa, un hogar para quienes soñaban con volver a empezar.
En aquel París, sus padres se casaron y tuvieron dos hijas. "La felicidad reinaba en cada rincón de nuestra casa. Hasta que la guerra y el nazismo en Europa llegaron a nuestras vidas", recuerda Denise en una entrevista con EL ESPAÑOL.
El 14 de junio de 1940, cuando el imponente ejército nazi ocupa París, todo cambió: las leyes raciales sacudieron a la población judía, condenándola al infierno, despojándolos de todos sus bienes y de su libertad. Los padres de Denise, como tantos otros judíos, fueron señalados con un ‘J’ roja en su documentación: el distintivo de la muerte.
Denise Papo, superviviente del Holocausto.
Huida bajo la amenaza nazi de París
La amenaza alemana llevó a su familia a tomar la decisión de abandonar la capital de Francia para recalar en Saint-Didier, un pequeño pueblo cerca de Lyon. Allí, alejados de las grandes urbes, estarían más seguros. "Mi padre eligió ese destino ya que allí había una fábrica similar a la de París donde podía trabajar y salir adelante sin estar tan expuestos", explica Denise.
Alquilaron una casa en la que pasar desapercibidos. Un hogar espacioso, aunque sin grandes lujos, que contaba con un huerto donde plantar hortalizas, el cual estaba atravesado por un río. Al otro lado, desde la ventana de las estancias de la casa, se veía un frondoso bosque en el que se resguardaban "los maquis", miembros de la Resistencia francesa.
Durante un año, la tranquilidad dominó el sentir de esta familia judía. Sin embargo, los estragos de la Francia colaboracionista con los nazis de Philippe Pétain, jefe del Estado francés durante la Segunda Guerra Mundial, adoptando leyes antisemitas, facilitando deportaciones y capturando judíos, fueron demoledores.
En París, en sólo un día, 15.000 judíos fueron encerrados durante la Redada del Velódromo de Invierno. Fue la redada más importante realizada en Francia contra la población judía. A muchos los deportaron a los campos de exterminio nazis. Otros, como la familia Papo, huyeron antes de tiempo.
Sin embargo, ni aquel remoto pueblo francés se libró de la cacería nazi. "Un compañero de la fábrica donde trabajaba mi padre lo denunció por judío", cuenta Denise. Días después, su padre fue encerrado en Vernet d'Ariège, un campo de internamiento situado en los Pirineos franceses.
Su madre se quedó sola al cuidado de sus dos hijas de cuatro años. "Fue muy duro para mi madre ver cómo se llevaban a mi padre. Por entonces, ya se intuía que cientos de miles de judíos estaban desapareciendo en Europa. Aunque aún no teníamos constancia plena del Holocausto", comenta Denise.
Lavis —el nombre de su padre— permaneció durante un año en aquel campo. Las condiciones eran terribles. "Pasó mucho frío, mucha hambre, y sólo pensaba en volver a vernos a nosotras".
Allí, su padre conoció a un médico catalán republicano, quien iba a ser liberado —los judíos no gozaban de ese derecho— y le recomendó que debía tratar de escapar del campo, cruzar los Pirineos y reunirse con él en España. "Mi padre pidió un permiso para ver a su familia y aprovechar para nunca volver al campo. No sabía si allí encerrado lo acabarían matando", cuenta Denise.
Denise Papo, superviviente del Holocausto.
El exilio a España: cruzar los Pirineos para sobrevivir
Una especie de "guía", al cual conoció durante el internamiento, le ayudaría a seguir la senda por la que llegar a España, evitando los caminos peligrosos y libres de patrullas alemanas. "En un principio, mi padre pensó en que nos fuéramos los cuatro, pero era imposible atravesar las montañas, en invierno, con dos niñas tan pequeñas".
Así, una mañana, sin saber si era la última en la que la familia Papo permanecería unida, el cabeza de familia inició su periplo a través de aquellos indómitos picos helados. "Era muy peligroso porque, además de hacer frente al clima y al cansancio extremo, se sabía que muchos guías asesinaban o entregaban a los huidos a los nazis para conseguir algún tipo de recompensa", señala Denise.
Por suerte, y tras una larga y extenuante travesía que duró varios días, su padre consiguió llegar a la frontera franco-española. Sin embargo, allí lo detuvo la Guardia Civil. "Vieron que no tenía papeles, ya que su documentación se la confiscaron en el campo de internamiento, así que lo arrestaron en Manresa. De ahí lo trasladan al campo de internamiento de Miranda de Ebro", relata Denise.
En aquel campo permaneció durante un año, donde sobrevivió junto a refugiados republicanos, en su mayoría. "Pasó mucha hambre, mucha falta de higiene… las penurias más grandes". Hasta que, gracias al American Jewish Joint Distribution Committee (JOINT), una de las organizaciones clave que operó en Barcelona para brindar ayuda a los judíos, Lavis fue liberado de aquel campo.
Se estima que, durante la Segunda Guerra Mundial, entre 20.000 y 35.000 judíos lograron cruzar a España, principalmente como vía de escape hacia América o el norte de África. El dictador Franco permitía el tránsito pero bajo condiciones estrictas: no podían establecerse permanentemente y debían poseer visados para un tercer país.
A medida que la balanza de la guerra se inclinaba a favor de los Aliados (hacia 1943), el régimen suavizó las expulsiones y permitió una mayor flexibilidad en la frontera para evitar la hostilidad internacional.
Una vez en libertad, el padre de Denise encontró trabajo en una fábrica de encurtidos de Badalona, el que siempre había sido su oficio.
Denise Papo, superviviente del Holocausto.
Sobrevivir ocultas de los nazis: "Amenazaron con torturar a mi madre"
Durante aquellos años en los que el cabeza de familia se encontraba fugitivo en España, Denise, su hermana y su madre sobrevivieron a la implacable amenaza nazi y al miedo incesante a ser descubiertas. "La Gestapo le insistía a mi madre para que contara dónde estaba su marido. Incluso la amenazaron con torturarla. Mi madre, a pesar del miedo, siempre decía que no lo sabía, que él huyó y le perdimos el rastro", cuenta Denise.
Cuando los nazis hacían redadas, las dos niñas y la madre se refugiaban en casa de una vecina. "El marido de esta señora era policía francés, y nos advertía de cuándo iban a hacer una redada para capturar a judíos o miembros de la Resistencia. Eran unas bellísimas personas", dice.
El sonido metálico de las botas de acero de los soldados alemanes quedó clavado en la memoria de Denise, como un réquiem que insiste en no callar. "Nos moríamos de miedo. Cada noche mi madre nos acostaba vestidas; en cualquier momento teníamos que salir huyendo", cuenta Denise.
Cada mañana, la pequeña Denise observaba desde su ventana aquel bosque frondoso que daba la casa. Apenas tenías cinco años y ya sabía que aquella maraña de árboles podría ocultarlas del horror y la barbarie. "Sabíamos que podían venir a por nosotras y tendríamos que huir atravesando aquel bosque. Esa sería nuestra única posibilidad de sobrevivir".
Un día, mientras intentaban conseguir provisiones, el rugido de los aviones aliados rasgó el aire. "Los oímos pasar justo encima de nosotras y nos arrojamos al suelo, sintiendo el aliento de las bombas a escasos metros", recuerda. Entre el polvo y el estruendo, Denise preserva un pensamiento que aún hoy la acompaña: "Habría sido trágicamente irónico que, al final, nos matasen los americanos", confiesa la superviviente.
Denise Papo, superviviente del Holocausto, junto con sus hijas.
La valentía para sobrevivir: "Mi madre conseguía que fuéramos felices"
Denise hace una pausa en su relato, levanta la mirada, como si la figura de su madre se hiciera presente. Desea que la conozcamos: "Era una mujer extraordinariamente valiente. Se ocupó de que sus dos hijas no quedaran traumatizadas. Siempre nos sonreía para que no tuviéramos miedo. Nos hacía vestidos con tela de cortinas. Conseguía que fuéramos felices, a pesar de todo", describe.
La escasez de alimentos también era una amenaza. Para alimentar a sus hijas, trabó amistad con los campesinos de la zona. "Era muy audaz. Intercambiaba ropa que ella tejía por comida, y así sobrevivimos al hambre".
Algunos días su madre frecuentaba las casas de las vecinas del lugar para escuchar la radio, donde sonaban noticias desde el otro lado de la frontera. Con la guerra tocando a su fin, las esperanzas llegaban a través de aquellas ondas. "Radio Londres era la única emisora que informaba de verdad. La escuchábamos de forma clandestina. Te podían fusilar si te pillaban", apunta Denise.
Y la derrota alemana llegó.
En la memoria de Denise siempre quedará aquel desfile de tropas francesas, con sus imponentes tanques, anunciando la liberación. "Por fin éramos libres. Aquellos soldados empezaron a repartir chicles y chocolates a los niños. Toda la gente corría a abrazarlos como héroes". Aún hoy, casi 80 años después, a Denise le brillan los ojos al recordarlo.
Durante casi cuatro años, las tres supervivientes no tuvieron noticias de Lavis. La duda de que pudiera haber muerto en la travesía o fuera ejecutado se cernía sobre ellas.
Pero un día, no mucho antes de la liberación, recibieron una carta firmada por una tal María, proveniente de España. "Tu pequeño Laivis está bien de salud y os manda recuerdos", rezaba la misiva. María era dueña de una pensión en Barcelona y, en clave, hacía referencia al nombre de su hijo ficticio.
Denise Papo, superviviente del Holocausto.
El reencuentro: "Apenas conocíamos a mi padre"
Ahora, era el momento de reencontrarse con su padre. Pero el destino quiso que ese reencuentro sucediera un año más tarde, en 1946. La frontera con España estaba cerrada para los franceses. "Nos costó mucho poder entrar. Pero lo conseguimos gracias a que mi madre, polaca y con apellidos polacos, nos hizo pasar por polacas también a mi hermana y a mí".
Atravesaron la frontera, subieron a un tren y el viaje las condujo, al fin, hasta él, quien las esperaba en la estación. Las dos niñas apenas lo recordaban. Sólo tenían cuatro años cuando se despidieron de su padre. "Sabíamos que era mi padre porque mi madre nos había hablado tanto de él que daba igual que no lo conociéramos apenas… Ahí empezó una vida feliz todos juntos", cuenta.
Aquella nueva vida se abrió paso en una España oscura de posguerra, áspera y silenciosa, aunque, por suerte para la familia Papo, nada comparable con el terror que habían dejado atrás. "Mi padre tenía una buena posición económica trabajando en aquella fábrica. Luego abrió la suya propia. Nunca nos faltó de nada".
Denise Papo, superviviente del Holocausto, junto con sus hijas.
El eterno legado
Denise fija la mirada en su hija Sonia, sentada a su derecha, quien atiende con esmero y repara en cada detalle del testimonio de su madre. Lo ha escuchado ya infinidad de veces, pero lo hace una vez más porque es consciente de que sobre ella recae un legado que nunca deberá caer en el olvido. La esperanza en la humanidad está en juego.
"Me preocupa ver cómo los jóvenes ven el Holocausto como algo muy lejano. Es como si les hablas de la Inquisición. Por eso es muy importante que haya testimonios… Yo cuento mi humilde historia para evitar que se vuelva a repetir", concluye Denise.
