Cristóbal Colón por los suelos en la isla de Madeira, donde estuvo en 1478 con el encargo de comprar 2.400 arrobas de azúcar. Cuenta la web de reclamo turístico del lugar que "quizá fue allí donde el descubridor se inspiró para sus viajes posteriores". Quien visite ahora su capital, Funchal, encontrará la estatua del navegante derribada.

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Así ha ocurrido en otros tantos sitios del mundo en las últimas semanas a raíz del asesinato de George Floyd en Estados Unidos a manos de un policía, que desembocó en revancha contra figuras que los autores de este vandalismo consideran que simbolizan el racismo o esclavismo.

Se ubica en el céntrico parque de Santa Catarina, uno de los lugares más visitados de la ciudad, y los operarios no logran recolocar la escultura, que presenta daños, en su pedestal. Realizada en bronce e inaugurada en 1968, es obra del portugués Henrique Moreira.

El alcalde de Funchal, Miguel Silva Gouveia, molesto, ha condenado abiertamente este acto: "Esta es una ciudad cosmopolita y multicultural, que siempre cultivó la tolerancia y recibe con hospitalidad a quien la visita, que siempre luchó por la igualdad, por la justicia, que siempre abrazó su identidad con orgullo. Hoy no será diferente".

Para el regidor, el ataque, "sea fruto de los excesos nocturnos o para reivindicar cualquier posición ideológica, no está justificado". Por el momento no se ha dado con los responsables, que llevaron a cabo el derribo la madrugada del domingo. Hay una investigación en curso.