Berlín

- ¿Estás casada?

- Sí, estoy casada.

- Una pena. Estoy buscando una mujer. Ésta es mi manera de buscar una mujer en Berlín. ¿Conoces a otras mujeres solteras en Berlín?

- No. Me voy a tener que marchar...

Esa conversación, Julie no la tuvo en un bar a deshora, ni en un club de la capital alemana. Tampoco es que esta francesa de 29 años se mensajeara así con alguien en Tinder u otra aplicación para ligar. Julie se topó con esas inquisitivas preguntas al ver al que hoy podría ser su casero en un apartamento berlinés que estaba en alquiler.

"El tipo me dijo que era alguien difícil a la hora de elegir a la gente que metía en el apartamento. Me dijo: 'Cuando vi tu foto de perfil de WhatsApp, te seleccioné'. Me estaba dando a entender que me seleccionó porque le parecía guapa”, cuenta Julie a EL ESPAÑOL. "A mí aquello me pareció chungo, pero en este tipo de momentos, una trata de mantenerse correcta. Porque, en esa situación, el tipo decide si tienes el apartamento o no. No quieres hacerte un enemigo”, añade.

Julie, que no está casada pero que mantiene una relación estable con su novio, un español de 26 años, terminaría desechando la oferta de aquel propietario casamentero. “Me escribió después dos o tres veces. Me dijo que el apartamento era para mí. Pero la situación era horrible”, señala. El apartamento era de 30 metros cuadrados y costaba 900 euros al mes.

"Quería cosas extrañas"

“Era una estafa, un apartamento insalubre, compuesto por una habitación pequeña, con un rincón-cocina y un baño minúsculo. Lo valoré, aunque luego decidimos con mi novio que no lo alquilaríamos. El tipo que alquilaba quería cosas extrañas”, dice Julie, investigadora del Instituto para la Investigación en Zoología y Vida Silvestre de Berlín. Ella y su novio llegaron a Berlín en enero. Pasaron tres meses buscando piso. Acabaron encontrando un apartamento mucho mejor que el que ofrecía el casero deseoso de contraer matrimonio. Ambos describen la experiencia como “traumática”.

Sin duda, peor aún lo fue para las decenas de mujeres que conoce la australiana Rebekah Ison a través de un grupo que ha creado en Internet bajo el título “Women accompanying women” o “mujeres acompañando a mujeres”. Ison creó hace poco más de un mes ese grupo Facebook en Berlín para que las mujeres que busquen piso puedan ir en grupo a visitas de apartamentos en alquiler y evitar así situaciones como la que vivió Julie, o peores. Porque las hay mucho peores.

Rebekah Ison, creadora del grupo: “Women accompanying women”. S. M.

“Hay mujeres que escriben interesándose por un piso en alquiler y le responden con cosas como: 'Sí, puedes tener el apartamento pero con un acuerdo de que tienes que darme masajes o, directamente, tenemos que tener relaciones sexuales”, dice Ison a EL ESPAÑOL. “Las hay que van a visitar un apartamento y se ven encerradas en un cuarto, con el tipo al que pertenece el apartamento tratando de besarlas. Otra mujer fue a una visita y el tipo que le ofrecía el piso quiso que se quedara más rato, apagó las luces, sacó vino y trató de acercarse a ella para tener contacto físico”, añade.

Con descuento si hay sexo

Ison cita de memoria casos que le han impactado y a los que ella ha tenido acceso a través de “Women accompanying women”. En él, las mujeres intercambian con otras integrantes sus peores experiencias cuando buscaban piso. Ison también muestra a este periódico numerosos testimonios escritos en mensajes de su grupo de Facebook que dan cuenta de un comportamiento abusivo y con carácter sexual de propietarios o supuestos propietarios de apartamentos.

“Hay anuncios de hombres mayores diciendo que quieren chicas jóvenes con las que vivir. Eso pasa muy a menudo. Son anuncios del tipo: 'Soy un hombre de 50 años. Tengo una habitación para una mujer'. Luego, ellas llegan allí y les explican que hay reglas extra, como que no haya puertas cerradas con llave. O se dice, directamente, este sitio es un sitio con alquiler reducido a cambio de sexo”, explica Ison.

En sólo 24 horas, después de crear su grupo en Facebook, unas 200 mujeres ya se habían unido a la iniciativa de Ison. Ahora son unas 700. El rápido crecimiento de su iniciativa, con la que por el momento organizan de forma espontánea el acompañamiento de una visita por semana, se debe en buena medida a la situación del mercado del alquiler en Berlín.

La ciudad lleva tiempo sometida a una situación acuciante de carestía de vivienda, en la que los precios de arrendamiento y subarrendamiento de pisos y habitaciones van al alza pese a que el Gobierno de la ciudad-estado ha incluso aprobado implementar en febrero de 2020 una ley que pone límite al precio de los alquileres durante los próximos cinco años.

También, para luchar contra el alza de los precios, el Gobierno berlinés está metido en la compra y re-compra de viviendas que estaban en manos privadas para ponerlas en alquiler a “precios razonables”. Ya se cuentan por miles las viviendas adquiridas por el Gobierno regional. Otras medidas, como la ley que pone freno a las subidas al precio de la vivienda en alquiler a través de la indexación del coste de la vivienda, parecen no ser suficientes para acabar con la urgencia habitacional que vive la capital germana.

Precios al alza 

Las nuevas medidas tampoco combaten realmente las urgencias que plantea la evolución de la población y la del mercado inmobiliario. Se estima que la población de la ciudad crece cada año en unas 40.000 personas. Sin embargo, el mercado sólo produce unas 20.000 viviendas nuevas al año. “Todo el mundo está desesperado por encontrar una casa”, dice Ison. “Hay gente que puede verse obligada a ponerse en situaciones de riesgo porque necesitan una casa. Y si hay depredadores sexuales, éstos ven debilidades en mujeres jóvenes y las explotan”, señala.

El fenómeno que ella denuncia parece mayormente circunscrito a anuncios de vivienda en Internet. Por ejemplo Julie, la investigadora del Instituto para la Investigación en Zoología y Vida Silvestre de Berlín, se vio ante el propietario interesado en contraer matrimonio con su inquilina después de responder a un anuncio en Facebook. “Vi el anuncio, que no tenía foto, en un grupo de Facebook. Estaba tan desesperada que me dije: 'Venga, voy a ver qué es'”, recuerda Julie.

Ison reconoce que situaciones como la que vivió la joven francesa “puede ser algo más habitual que le ocurra a mujeres extranjeras porque ellas pueden responder a este tipo de anuncios, que se hacen públicos a través de redes en lugar de utilizar los servicios de una agencia”. “Si eres alemán o conoces bien la lengua, conoces también el sistema oficial para encontrar piso. El problema, por ejemplo en Facebook, es que cualquiera puede poner un anuncio”, dice esta joven australiana de 28 años.

Ella ha participado ya en dos visitas, acompañando a personas que desconfiaban de la interacción con los hombres responsables de los apartamentos. Actualmente está organizando a las integrantes de su grupo para que haya representantes de “Women accompanying women” en el mayor número posible de distritos de la capital. A partir de enero de 2020, Julie dice que se presentará a apoyar en las visitas de otras mujeres a apartamentos en alquiler. “Entre mujeres, tenemos que ser solidarias”, concluye.