Bruselas

¿Qué fue del plan de la Unión Europea para abolir definitivamente el cambio de hora estacional desde 2019? En septiembre del año pasado, el presidente saliente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, lo presentó como la última iniciativa estrella de su mandato. Se trataba de hacer ver que Bruselas escucha las preocupaciones reales de los ciudadanos: el 84% de los participantes en una consulta pública en verano de 2018 (en la que se recibió un número récord de 4,6 millones de respuestas) pidieron poner fin al ritual de ajustar los relojes cada seis meses. Ya no sirve para su propósito original de ahorrar energía y sólo provoca molestias y desajustes en la salud.

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Según el plan inicial de Juncker, cada Estado miembro tendría plena libertad para optar de manera permanente por la hora de verano o por la de invierno. La elección del huso horario es competencia nacional. Por ello, la Comisión propuso que el último cambio obligatorio a la hora de verano fuera el 31 de marzo de 2019. Los países que prefirieran quedarse para siempre en el horario de invierno tendrían la oportunidad de introducir un último cambio el domingo 27 de octubre de 2019.

Pero ha llegado este domingo 27 de octubre de 2019 y todo sigue igual. El ritual se mantiene: a las 3:00 de la madrugada se retrasarán los relojes y volverán a ser las 2:00. Como cada año, el cambio a la hora de invierno se produce en toda la UE el último domingo de octubre, impuesto por la directiva comunitaria que armoniza el régimen horario. El intento de Juncker de derogar esta norma ha fracasado estrepitosamente. Los Gobiernos de los Veintisiete no se ponen de acuerdo sobre si la medida tiene sentido y han aparcado sigilosamente y de forma indefinida el fin del cambio de hora.

¿Qué ha salido mal? ¿Por qué una iniciativa que parecía fácil y contaba con tanto apoyo ha naufragado? Tanto las capitales como la Eurocámara -colegislador en este expediente- culpan en primer lugar al propio presidente de la Comisión. Se quejan de que Juncker actuó de forma precipitada y sin evaluar detalladamente sus consecuencias. Censuran que planteó su plan como una iniciativa puramente electoralista. Un intento desesperado de impulsar la participación en las elecciones europeas del pasado 26 de mayo. Estaba claro desde el principio que el calendario era imposible de cumplir, aducen.

El Parlamento Europeo fue el primero en pedir tiempo muerto. Los eurodiputados aprobaron el pasado marzo retrasar al menos dos años -hasta 2021- la abolición del cambio de hora estacional. El objetivo de esta prórroga sería que los Estados miembros dispongan de más tiempo para hacer análisis de impacto, escoger si se quedan de forma permanente en el horario de invierno o en el de verano y coordinarse con sus vecinos.

Y es que el principal temor en la Eurocámara y también entre los Estados miembros es que el plan de Juncker acabe degenerando en un caos de husos horarios en Europa, en el que países vecinos tengan horas distintas y hasta contradictorias. Hay que tener en cuenta que ahora mismo los Estados miembros de la UE ya se extienden por tres husos horarios distintos: 3 están en la hora de Europa Occidental (Irlanda, Portugal y Reino Unido), otros 17 en la hora de Europa Central (entre ellos España), y los 8 restantes en la hora de Europa Oriental (Bulgaria, Chipre, Estonia, Finlandia, Grecia, Letonia, Lituania y Rumanía).

Juego de culpas 

El resultado de todas estas dudas es un bloqueo total en las discusiones entre los Estados miembros, sin que se atisbe ningún horizonte de resolución. No hay plazos para tomar una decisión, ni siquiera un calendario para seguir debatiendo. La anterior presidencia austriaca ya propuso también a finales del año pasado aplazar el fin del cambio de hora hasta 2021, pero tampoco eso ha servido para desatascar el diálogo. Todos los Estados miembros mantienen reservas sobre la propuesta, aunque por motivos distintos.

Incluso los países más entusiastas de abolir el cambio de hora (Alemania, Lituania, Finlandia, Estonia, Letonia o Croacia) piden más tiempo para decidir sobre el huso horario y coordinarse con sus vecinos. Otros Estados miembros aún no tienen una posición oficial y sí muchas dudas. Es el caso de España: el grupo de expertos creado por el Gobierno de Pedro Sánchez no ha sido capaz de llegar a ninguna conclusión y recomienda mantener el statu quo. Finalmente, países como Portugal, Grecia o Reino Unido se oponen a abolir el cambio de hora. Aducen que el actual sistema funciona y les conviene.

Por si fuera poco, los servicios jurídicos del Consejo (el órgano que reúne a los Estados miembros) han elaborado un dictamen que desmonta la propuesta inicial de la Comisión. Su conclusión es que el texto legislativo no está suficientemente motivado. Además, algunas de sus disposiciones, como la obligación impuesta a los Estados miembros de elegir la hora oficial permanente, tampoco respetan los principios de proporcionalidad y subsidiariedad.

"Los Estados miembros siguen sin tener una posición definitiva sobre la propuesta de la Comisión. Además, han manifestado su preocupación por el hecho de que el plan no cuente con una evaluación de impacto", explican a EL ESPAÑOL fuentes de la presidencia finlandesa de la UE. La presidencia sigue estando a la espera de que el Ejecutivo comunitario indique sus intenciones sobre este expediente. Y la mayor parte de países continúa reclamando a Bruselas una evaluación de impacto para conocer las consecuencias detalladas del fin del cambio de hora sobre la economía o la salud.

La Comisión Juncker replica a todo esto que la culpa del actual callejón sin salida la tienen los Gobiernos. "La propuesta ha sido aprobada por el Parlamento Europeo y ahora la pelota está sobre el tejado de los Estados miembros", ha dicho el portavoz de Transportes, Enrico Brivio. "Nuestra propuesta es excelente. La pusimos sobre la mesa basándonos en una consulta que tuvo una gran participación ciudadana y a petición de los Estados miembros. Los mismos Estados miembros que ahora se están tomando algún tiempo para encontrar una posición común", ha agregado.

El Ejecutivo comunitario se niega a elaborar el estudio de impacto que le piden las capitales. Considera que las pruebas disponibles ya son "suficientes" para justificar una actuación legislativa que ponga fin al cambio de hora en toda la UE. "Tanto los ciudadanos como las empresas se beneficiarán porque los cambios estacionales han sido fuente de confusión y provocan costes para la industria. Es más, el motivo original del cambio de hora, el ahorro energético, ha demostrado ser marginal", explica a este periódico un portavoz.

A juicio de la Comisión, son los Estados miembros los que deben hacer su propio análisis de impacto ya que les corresponde a ellos elegir en qué hora se quedan de forma permanente y por ello están mejor posicionados para hacerlo. Cada país debería evaluar qué horario le conviene dependiendo de su zona geográfica, de los posibles efectos, del resultado de consultas públicas a nivel nacional y de las negociaciones con países vecinos, sostiene Bruselas.

Las posiciones están tan alejadas y el cruce de reproches ha alcanzado cotas tan altas que la presidencia finlandesa ha renunciado a incluir la abolición del cambio de hora en la agenda de la próxima reunión de ministros de Transportes de la UE, que se celebrará el 2 de diciembre. "En estos momentos, no está previsto", explican las fuentes consultadas. La última iniciativa estrella de Juncker está en el congelador: los relojes seguirán teniendo que ajustarse cada seis meses. Por ahora, de forma indefinida.